domingo, 12 de abril de 2015
Era una tragavenados Héctor Corro I
16- ERA UNA TRAGA VENADOS
Yo estudie en Calabozo desde tercero hasta sexto grado. En esa época el horario semanal escolar comenzaba el lunes a las 8 de la mañana, y terminaba el sabado a las 6 de la tarde,con un receso de dos horas, al medio dia para almorzar. Yo llegue a Calabozo un 17 de setiembre de 1937.
Cuando comence el 4o grado, nos cambiaron el horario semanal.
Se introdujo lo que llamaron "el sabado ingles" y el horario de clases terminaba al medio dia del sabado. Se recomendaba que esa tarde libre de los sábados se utilizara para la practica deportiva.
En Calabozo, como entoda la Venezuela profunda, los deportes existentes eran, para adultos, las peleas de gallos y los toros coleados; para los niños, los juegos de metras o los trompos.
En el Semisario, los curas inventaron los paseos vespertinos de los sabados. Asi que todos los sabados salíamos de Calabozo, de la ciudad y nos dirigíamos, caminando, unas veces a La Misión de Arriba, como a unos 10 kilometrs de Calabozo; otras hacia la La Misión de Abajo, mas o menos, 10 kilometros de caminata; y otras hacia las Lagunas: la de Los Patos, mas lejana, o la del Vicario que quedaba mas cerca.
Allá, tan lejos como marzo de 1723, los Frailes Capuchinos andaluces, Salomé de San Miguel y Salvador de Cádiz, reunieron a casi medio millar de indígenas de distintas tribus y fundaron dos pueblos:
la Santísima Trinidad de Calabozo ( Misión de Abajo ), y Nuestra Señora de los Ángeles ( Misión de Arriba ); equidistante de los dos poblados de indígenas, se fundo una para los españoles que se llamo
Villa de todos los Santos de Calabozo. Por cierto que mucha gente se pregunta, y ¿porque el nombre de Calabozo? La respuesta nos la dio
Monseñor Eduardo Antonio González, nuestro profesor de Historia de Venezuela: resulta que el Río Guarico, antes de la construcción de la Represa, tenia como una vuelta alrededor de la ciudad que se parecía a un instrumento de labranza de hoja muy afilada que en ese entonces utilizaban para cortar arboles, llamado CALABOZO.
A nosotros, en nuestros paseos sabatinos, en tiempo de invierno, preferíamos la Misión de Arriba; allí habia muchos mangos y mereyes que hasta se perdían. En verano preferíamos la Misión de Abajo porque allí habia un pozo totalmente natural pero que era una maravilla; no era muy profundo y sus aguas eran cristalinas; a el se llegaba por unas escaleras de cemento, y en tiempo de verano, era una delicia darse un chapuzón en ese pozo. Los vecinos de Calabozo preferían bañarse en el Río Guarico. Allí, sin tener que salir de la ciudad, habia dos especie de rústicos
Balnearios, uno frente ala placita Lazo Martí, y el otro hacia la salida para San Fernando de Apure, cerca del atracadero de los bongos.
En verano tambien visitábamos la Laguna del Vicario. Esa pequeña laguna hoy no existe; fue rellenada y en esos terrenos se construyeron unas pequeñas urbanizaciones, Vicario I y Vicario II.
En aquel entonces esa laguna se llenaba y en verano se convertía en un pequeño charco. A ella, en verano concurrían muchos animales a beber agua: ganado, bestias, venados y hasta chiguires; a nosotro nos gustaba mucho, en verano, ir allí porque al pequeño charco de la laguna concurrían millares de palomas montañeras. Nosotros teníamos unas trampas, rústicas hechas por nosotros mismos y cazábamos muchas palomas. Por cierto que en uno de esas caminatas al Vicario, nos acompaño el entonces Padre, recién ordenado, y que despues fue Monseñor Loreto. Mientras nosotros armábamos las trampas alrededor de la laguna, el Padre Loreto se sentó sobre un tronco y se puso a rezar en su Breviario. De pronto nos dimos cuenta que el Padre se caía del tronco. Cuando nos acercamos estaba como dormido. Uno de los compañeros atino a ver una enorme tragavenados que se acercaba a donde estaba el Padre. Éramos unos niños de trece y catorce años; pero nos dimos cuenta del peligro que corría el Padre; de manera que entre todos, arrastrando lo sacamos lejos de la laguna; no tuvimos que ver con las trampas y en
cuanto el Padre se despertó, nos fuimos para Calabozo. El Padre, había sido "bajiado" por la enorme serpiente.
Ya en Calabozo, se avisó al Coronel Troconiz, jefe de la policía, por cierto abuelo del Dr. Octavio Viana Troconiz, muy querido en Calabozo de donde fuera Alcalde y fallecido cuando siendo aún muy joven se esperaba mucho de el.
El Coronel Troconiz mando a unos policías quienes mataron la serpiente........era una enorme TRAGAVENADOS.
Caracas, 4/E de 2014.
Héctor Corro I.
Serie : RECUERDOSl
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jueves, 9 de abril de 2015
Es reversible esta muerte? Luis Ugalde S.J.
¿ES REVERSIBLE ESTA MUERTE?
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Luis Ugalde sj
Pocos- aun entre los chavistas – dudan de la muerte de esta “revolución”. Todavía tienen poder, pero murió la esperanza. Los soldados armados custodian un sepulcro vacío y la esperanza ya no está ahí. Pero los pueblos no mueren ni renuncian a sus sueños de vida libre y digna.
Ningún año de nuestra historia es tan terrible ni tan de muerte como 1814. “Vuestros hermanos y no los españoles han desgarrado nuestro seno, derramado nuestra sangre, incendiado nuestros hogares y os han condenado a la expatriación”. Así escribía Bolívar en Carúpano a punto de escaparse al exilio. Pero en medio de esa noche espantosa y en vísperas del envío español del ejército mayor y mejor entrenado, Bolívar afirma la esperanza contra toda esperanza: “No habrá potestad humana que detenga el curso que me he propuesto, seguir hasta volver a libertaros” (Manifiesto de Carúpano, 1814).
En diciembre de 1957, el amañado plebiscito ratificaba la invencibilidad de la dictadura con un pueblo resignado. Pero un mes después la esperanza y conducción decidida de unos cuantos trajo la huída del dictador y la explosión democrática del 23 de enero; luego la democracia concretó programas de esperanza y creatividad constructiva.
En 1998 el bipartididismo democrático- acostumbrado a contar con 80% de los votos- agonizaba por su corrupción, su falta de iniciativa renovadora y su desconexión con las necesidades de la gente. Sucumbió ante la esperanza ilusionada, conectada con las penurias del pueblo, que encarnaba Chávez.
Los partidos y los gobiernos mueren, pero los pueblos continúan con quienes encarnen la confianza de vida y de cambio. Hoy, muerto un modelo que ha agravado la enfermedad con su corrupción e ineptitud y con una propuesta política insensata e inviable, la gente está urgida de líderes que conecten con su confianza apagada y la enciendan como hoguera contagiosa.
Cuando nos va mal como ahora, algunos solo ven cenizas de desolación y concluyen con aire de sabiduría autosuficiente que nuestro pueblo es inferior a sus retos, que aquí no hay remedio y lo mejor es irse del país. En su miopía no aprecian que debajo de las cenizas hay brasas en espera de un soplo inspirador que las convierta en fuego indetenible. En ambos lados de la triste Venezuela dividida están las frustradas brasas y restos del optimismo; unidos y sólo unidos, y avivados con nuevo soplo de creencia en políticas razonables, podemos salir de esta muerte y desolación.
En estos días santos oímos al ángel que sorprende a las mujeres que, tras la noche oscura del Calvario, fueron a amanecer en el sepulcro de Jesús: “No tengan miedo. Ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado. No está aquí, ha resucitado” (Mateo 16,6). La muerte de Jesús fue una derrota espantosa para sus discípulos y con ella murió la esperanza y de sus corazones se apoderaron el miedo, la desolación y la dispersión sin sentido. Días después, salidos de su escondite, empezaron a proclamar en plaza pública: A este hombre justo que pasó haciendo el bien, ustedes lo crucificaron y le dieron muerte por medio de gente sin ley. Pero Dios lo resucitó “porque la muerte no podía retenerlo” (Hechos 2,24). Al encontrarse con el Resucitado la derrota se transforma en esperanza de los discípulos, el miedo desaparece y empiezan a entender lo que en vida de Jesús no habían comprendido: que dar la vida es el camino para hallarla, pues el amor es más fuerte que la muerte. La Resurrección de Jesús es para nosotros: “Dios resucitó a su siervo y lo envió primero a ustedes, para bendecirlos y transformarlos” (Hechos 3,26).
Las autoridades prohibieron y encarcelaron a aquellos discípulos del Crucificado, emborrachados de Espíritu, que a la amenaza respondieron: “Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído” (Hechos 4,20). Mientras los soldados seguían cuidando el sepulcro vacío y el poder reprimía, la comunidad cristiana crecía alimentada del Espíritu de Jesús, que por dar su vida fue resucitado por el Padre y puesto como Salvador.
Nuestra primera necesidad es saber convertir la esperanza del Resucitado con la convicción de que quien da la vida por otro no la pierde, sino que la encuentra. Para que haya vida en Venezuela hay que transformar en vida y esperanza esta economía y poder de muerte, sus persecuciones, injusticias, anarquías y corrupciones. Es nuestro reto de hoy y el logro de mañana con una Venezuela unida en lo fundamental.
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Miseria del Patrioterismo Trino Marquez
MISERIA DEL PATRIOTERISMO
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TRINO MARQUEZ
Nicolás Maduro ha utilizado la sanción ejecutiva de Barak Obama para ocultar los graves problemas nacionales, la violación de los derechos humanos, los abusos contra los presos políticos, y para tratar de elevar su alicaída imagen nacional e internacional. Hemos visto el patrioterismo y la paranoia gubernamental en sus versiones más grotescas. La proximidad de la Cumbre de las Américas fue el escenario ideal para que el mandatario criollo creara una tormenta en un vaso de agua. La comparsa de socios latinoamericanos comprada con petróleo, subsidios y créditos blandos, le sirvió de caja de resonancia. Los vivos de Correa, Morales y Ortega practican el doble juego. Se solidarizan con el despistado Maduro, por un lado, mientras por el otro, cuidan y estimulan las relaciones con los Estados Unidos. Saben que es un cliente seguro y confiable, que gratifica a los empresarios exitosos. Quien se establece en el norte tiene el futuro asegurado. Solo se le exige constancia.
Las gestiones diplomáticas del gobierno de Panamá para evitar que el impasse entre Caracas y Washington se convirtiera en el eje de la reunión, le quitara protagonismo al país anfitrión y relegara la agenda del encuentro –desarrollo y equidad- a un segundo plano, dieron resultados positivos. La Casa Blanca dio un giro de última hora. Se acercó a Maduro, a través de Thomas Shannon -consejero del Departamento de Estado- para limar asperezas. Esta aproximación de ningún modo puede interpretarse como un triunfo del gobierno rojo, una reafirmación de la soberanía nacional mancillada por el imperio, o el éxito de la jerigonza chauvinista del régimen –que, de paso, en medio de las penurias que viven los venezolanos, costó una inmensa fortuna, útil solo para alimentar el ego insaciable del gobernante venezolano-. Lo que hay de parte de EE.UU. es un cálculo frío. Dejar sin bombona de aire a Maduro. Le quita las anacrónicas banderas de la lucha antiimperialista y lo devuelve a su sitio. Por añadidura, se arrima a las islas del Caribe de las cuales se había distanciado durante un largo período, dejándoles a Hugo Chávez y a su heredero el campo abierto para que ejercieran el subimperialismo petrolero en esos territorios insulares.
Cuando las aguas retornen a su nivel, se pondrán en evidencia toda la desmesura y manipulación que hubo con la campaña orquestada por el poderoso aparato comunicacional del oficialismo. La maquinaria con la cual construyeron la hegemonía comunicacional. Durante varias semanas el gobierno habrá logrado desplazar el centro de atención informativo de los venezolanos desde la inflación, la escasez, el desabastecimiento y la inseguridad personal, hacia el quimérico peligro de una acción armada de los yanquis. Esta farsa está próxima a esfumarse. La vocinglería nacionalista ya no servirá como cortina de humo. Maduro tendrá que explicar por qué en sus dos años de gobierno el bolívar se licuó en los bolsillos de los trabajadores, por qué en mercados hay cada vez menos productos y en las farmacias menos medicinas. Tendrá que revelar el misterio por el cual el dólar paralelo en vez de acercarse al del SIMAD, es éste el que se aproxima al paralelo. Estará obligado a mostrar por qué el dólar del SICAD y el de CENCOEX desaparecieron, y con ellos los productos de los anaqueles.
El patrioterismo le habrá servido para tomar un breve respiro, pero, como ocurre con estos ardides de baja estofa: no será suficiente para mantener engañado ni siquiera a sus propios seguidores, quienes han demostrado mucho desgano ante los discursos retóricos de su "líder" y están siendo golpeados con furia por la crisis económica nacional. Los sectores populares verán como un triunfo de Maduro el día que puedan comprar lo que les provoque, tengan la posibilidad de optar entre muchas marcas, el dinero les alcance para comer, resguardar la salud y divertirse, y vuelvan a ser dueños de la calle.
Mientras esas victorias no se obtengan, la lucha antiimperialista y el patrioterismo serán vistos como un ejercicio demagógico que solo sirve para mantener a la gente en la miseria y engañada.
@trinomar
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sábado, 4 de abril de 2015
Por que no firmar Trino Marquez
opinión
Trino Márquez
Trino Márquez
ND
¿Por qué no firmar?
2 Abril, 2015
Denunciar la “agresión” imperialista del presidente Barack Obama se ha convertido en la nueva obsesión del gobierno de Nicolás Maduro. Con ella busca obtener algunos laureles nacionales e internacionales. Aspira a llegar a la Cumbre de Panamá como el nuevo Fidel Castro montado sobre un legajo de firmas recogidas con amenazas y chantajes de los organismos del Estado.
opinan los foristas
No se trata de una obsesión espontánea, desde luego, sino de una apuesta fríamente calculada. No es el ánimo patriota que animaba a los próceres de la Independencia lo que está detrás de la alharaca patriotera, sino el deseo de darle al alicaído mandatario un barniz de grandeza y dignidad del cual carece. Su lucha antiimperialista representa una tabla de salvación para rescatarlo de la tormenta en la que metió al país producto de su proverbial ineptitud. Firmar el reclamo contra Obama significa pasar a integrar el combo que teje la cortina para que el gobernante venezolano esconda su incapacidad.
La gestión de Maduro es deslucida. Carece del encanto que tuvo su predecesor y “padre”. Hay que construirle una leyenda y asignarle un objetivo que le dé trascendencia a tanta mediocridad. El objetivo lo encontró: rescatar la soberanía nacional y reafirmar la independencia nacional frente a los intentos de vasallaje imperial. ¿Es esto verdad? Para nada. Maduro ha aumentado la dependencia comercial con respecto a los Estados Unidos. El único producto importante que el país exporta y el único que genera divisas es el petróleo. El crudo que se vende va en su inmensa mayoría para la nación del norte. Algo más de 900.000 barriles salen diariamente para EEUU. Maduro se cuida de decir esta verdad. Sus piruetas antinorteamericanas son florales. Firmar contribuye a alimentar el fariseísmo de unos señores que pretenden ganar popularidad interna e internacional cuando en realidad saben que sin los Estados Unidos no pueden mantenerse en el poder, y que ellos necesitan mucho más a los gringos, que estos a los rojos.
El decreto de Obama se dirige específicamente contra unos funcionarios que violaron los derechos humanos durante las protestas de 2014. Esos excesos fueron públicos y notorios. Los medios de comunicación nacionales e internacionales mostraron en numerosas oportunidades cómo los agentes de la Guardia Nacional, de la Policía Nacional y del Sebin se ensañaban contra jóvenes desarmados, y cómo la Fiscalía justificaba el encarnizamiento. Este aspecto esencial del decreto de Obama ha sido soslayado por el gobierno de Maduro. Ninguno de sus seguidores, incluida la Fiscal General y el Defensor del Pueblo, se han referido a la nuez del asunto. Para ellos, obviamente, no hubo violación de los derechos humanos el año pasado. Todo transcurrió en total normalidad. Algunos de los responsables directos de que los actos de barbarie cometidos ni siquiera deben ser señalados. Sin embargo, los alcaldes Daniel Ceballos y Enzo Scarano fueron destituidos de forma arbitraria y encarcelados, a pesar de que sus esfuerzos se encaminaron a evitar que la violencia se desbordara. Firmar la carta antiimperialista contribuye a ocultar la violación de los derechos humanos por parte del gobierno, darles un voto de confianza a esos funcionarios que aparecen mencionados y justificar los atropellos contra Ceballos y Scarano.
Los problemas reales del país –inflación, desabastecimiento, escasez, inseguridad, deterioro de los servicios públicos, corrupción- no han sido provocados por los Estados Unidos. Todo lo contrario. El mercado seguro que representa este país para nuestro principal producto de exportación ha contribuido a evitar que la abrupta caída de los precios del crudo durante el último año tenga consecuencias aún más negativas para los venezolanos. Imaginemos por un momento que EEUU se comportara como República Dominicana u otros países de Petrocaribe, que no pagan la factura petrolera, o lo hacen tardíamente y con enormes descuentos (para no mencionar a Cuba, que es un caso excepcional de zanganería). Venezuela estaría hundida en la peor de las miserias. Las colas que vemos no serían sino pequeños contratiempos frente al desastre que sufriría el país. Firmar la carta antiimperialista es lo mismo que morder la mano de quien nos da de comer y darle artificios a Maduro para que enmascare los problemas que ha creado, amortiguando las consecuencias de sus graves errores, entre ellos haber destruido a Pdvsa.
Piense en Venezuela. Sea un verdadero patriota. ¡No firme!
@trinomarquezc
Etiquetas: Trino Márquez
Canal Noticiero Digital
Sección: opinión
Mares de Felicidad Enrique Krauze
MARES DE INFELICIDAD
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ENRIQUE KRAUZE
Nunca dejará de sorprender el daño que el poder absoluto, concentrado en una persona, puede causar en la vida de los pueblos. Pero aún más misteriosa es la incapacidad de muchos pueblos para ver de frente el fenómeno, comprenderlo y evitarlo. Es el triste caso de un sector del pueblo venezolano, ciego al desmantelamiento de su propio país perpetrado por Hugo Chávez y su Gobierno en beneficio del régimen dictatorial más longevo del mundo actual: el de los hermanos Castro.
En su trato con Venezuela, la lógica de Fidel siempre fue económica y geopolítica. El petróleo venezolano estuvo en su mira desde el triunfo de la Revolución. El 24 de enero de 1959, en un ríspido encuentro en Caracas, Rómulo Betancourt se negó a regalárselo. Como respuesta, a mediados de los sesenta Venezuela recibió las primeras incursiones guerrilleras de América Latina: planeadas, instrumentadas y vigiladas personalmente por Castro. Tras el fracaso de esas expediciones, Castro tardó en rehacer sus relaciones diplomáticas con Venezuela. Y de pronto —tras el derrumbe de la URSS— la providencia le otorgó un anacrónico y fervoroso admirador: Hugo Chávez.
Durante su estancia en Cuba, Chávez quedó seducido por Castro: “Las generaciones se han acostumbrado a que Fidel lo hace todo —dijo en una entrevista—. Sin Fidel no pareciera que hubiese rumbo. Es como el todo”. Chávez también querría ser “como el todo”. Y para demostrarlo, cuando llegó al poder hizo realidad el sueño de Fidel: le regaló el petróleo venezolano, y mucho más.
La lógica de Chávez obedecía a una combinación de poder y delirio: quería ser el heredero histórico de Castro. A cualquier coste. Y quería demostrarle al mundo (aun al propio Fidel) que el socialismo cubano, el original, el fidelista, sí podía funcionar. “Fidel es para mí un padre, un compañero, un maestro de la estrategia perfecta”, declaró Chávez. Pero necesitaba más, necesitaba que Castro lo ungiera como sucesor. Quizá iba en camino de serlo, pero se le atravesó la muerte.
En términos simbólicos, el pacto se selló en una conferencia en la Universidad de La Habana en 1999 cuando Hugo Chávez fustigó a quienes venían “a pedirle a Cuba el camino de la falsa democracia” y profetizó: “Venezuela va hacia el mismo mar hacia donde va el pueblo cubano, mar de felicidad, de verdadera justicia social, de paz”. Quince años después, puede afirmarse que la emulación ha sido exitosa: Venezuela se parece cada vez más a Cuba.
El Gobierno insiste en que se trata de una “guerra económica de la derecha”
Emular a Cuba políticamente fue una decisión imperdonable, que Chávez instrumentó cuidadosamente. Para apartar a Venezuela de la “falsa democracia” supeditó, de manera personal y patrimonial, a todos los poderes formales: legislativo, judicial, fiscal, electoral. Paralelamente, confiscó buena parte de la televisión, la radio y la prensa. El Gobierno de Maduro siguió la pauta con mayor crudeza: confiscó el resto de la televisión, bloqueó la venta de papel a los pocos diarios independientes que quedaban, reprimió manifestaciones de oposición, acosó y apresó a líderes y mató estudiantes. Hace unas semanas, habilitó al Ejército a disparar contra manifestantes. Y en estos días, en un acto abiertamente dictatorial, ha arrestado al valeroso alcalde de Caracas, Antonio Ledezma.
La emulación social de Cuba partió de un consejo de Fidel a su obediente pupilo: a partir de 2003 Chávez instituyó las misiones de atención médica, educativa, alimentación, vivienda, que por un tiempo, con personal cubano, aportaron una mejora social en la vida de muchos venezolanos. Para Cuba el acuerdo fue casi milagroso: anualmente Venezuela le ha aportado el doble que la URSS en tiempos de la Guerra Fría (arriba de 10.000 millones de dólares). Pero para Venezuela el costo político y económico ha sido inadmisible, absolutamente irracional.
El acuerdo ha constado de tres partes, todas beneficiosas para el régimen de Cuba. La primera es la exportación de servicios (40.000 personas, médicos sobre todo, también maestros, instructores deportivos y otras profesiones). Del monto anual recibido de 5.600 millones de dólares, el Estado se queda con más del 95% y canaliza el resto al personal “exportado”. El segundo componente (que en 2010 llegó a 2.700 millones de dólares) es la exportación subsidiada de petróleo: más de 100.000 barriles diarios a precios y condiciones preferenciales (gracias a las cuales Cuba refina parte del petróleo y hasta lo reexporta). El tercer elemento ha sido la inversión directa de Venezuela en 76 proyectos, alrededor de 1.300 millones de dólares.
El arreglo con Cuba ha sido solo un renglón de los muchos que constituyen el dispendio del régimen chavista, quizá el mayor de la historia petrolera del mundo. Pero en 2008, con el precio del barril a 145 dólares (y expectativas de alcanzar los 250), el apoyo a Cuba parecía una gota en el mar de la felicidad. En esos mismos años, en un acto de machismo revolucionario y mediático, Chávez aceleró su política de expropiaciones y estatizaciones. Curiosamente, nunca lo perturbó el hecho de que Raúl Castro comenzara a introducir reformas económicas inversas al modelo que Chávez imponía a su país. Y nunca vio que los caprichos de su política económica (y la corrupción asociada a ella) minarían directamente la justicia social que se proponía instituir.
El petróleo no llegó a 250 dólares el barril sino que bajó de 50. Ahora abastecerse de alimentos es la principal angustia del venezolano. La escasez de comida, medicinas y equipo médico es alarmante. Las colas en los supermercados son largas y tortuosas. El Ejército apresa a quien se atreve a sustraer un pollo. El Gobierno insiste en que se trata de una “guerra económica de la derecha”, por tanto mantiene firme su política de control cambiario que propicia el mercado negro, donde una nueva casta de vendedores ambulantes (con información privilegiada) compran productos regulados a precios insignificantes y los revenden a capricho.
Tras su gira continental en busca de apoyos, Nicolás Maduro declaró: “Dios proveerá”
Por su “verdadera democracia”, por la crisis económica de sus servicios sociales, por la estatización de su economía y su mercado negro, Venezuela se parece cada vez más a Cuba. Con una diferencia mayor: Nicolás Maduro no tiene una Venezuela alternativa a quien pedir un subsidio.
Hace unas semanas, tras su gira continental en busca de apoyos económicos, Maduro declaró: “Dios proveerá”. A lo cual “Dios” (por la pluma del genial humorista Laureano Márquez) en una carta pública dirigida a Mi pequeña y hermosa criatura, respondió diciéndole: “Yo ya proveí’: tierras fértiles, llanos ganaderos, selvas para cultivar cacao y café, ríos caudalosos y navegables, playas turísticas y mucho más:
En el subsuelo les puse las reservas petroleras más grandes del planeta. Tienen también, oro, aluminio, bauxita, diamantes. Como si lo anterior fuese poco, les acabo de enviar 15 años de la bonanza petrolera más grande que ha conocido la historia de la humanidad. Multiplica, bebé: dos millones y medio de barriles diarios x 100 dólares x 30 días x 12 meses x 15 años”.
Al propio “Dios” omnisciente le parecía incomprensible que los chavistas hubiesen convertido a Venezuela en una ruina. Por eso rubricó su carta de modo terminante: “Lo siento, hijo, tengo que decirte que tu petición a las finanzas celestiales también ha fracasado”.
“El mar de la felicidad”, aquella imagen lírica de Chávez, suena más cruel confrontada con el atropello a los derechos humanos, el encarcelamiento bárbaro de Leopoldo López, el arbitrario arresto de Ledezma, el acoso a María Corina Machado, la polarización ideológica y la pesadumbre general de la vida en Venezuela. Pero están a la vista las elecciones parlamentarias. Ojalá la mayoría del bravo pueblo venezolano vea de frente el daño que el poder personal absoluto de Hugo Chávez y su obediente séquito ha hecho a su país. Ojalá comprenda el costo exorbitante del acuerdo con Cuba. Ojalá vote con tal claridad que el cambio comience a ser irreversible.
Pero la protesta ante los atropellos no puede esperar. Mario Vargas Llosa ha señalado la dolorosa condición histórica de Venezuela: el país que liberó a buena parte de la América hispana sufre ahora el abandono de sus “países hermanos”. Tiene razón. Mientras Maduro ahoga la libertad, la OEA duerme la siesta. Si no despierta ahora, no despertará jamás.
Enrique Krauze es escritor y director de la revista Letras Libres.
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