martes, 16 de junio de 2015
¿Que espera y que hará el Gobierno? Angel Oropeza
MARTES, 16 DE JUNIO DE 2015
¿QUÉ ESPERA Y QUE HARÁ EL GOBIERNO?
ANGEL OROPEZA
Todavía alguna gente desinformada, poco observadora o refractaria a la realidad, sigue afirmando que en Venezuela nada está pasando. Al gobierno le encantaría que eso fuese verdad. Pero, afortunadamente para el país aunque angustiante para nuestros explotadores de turno, pasa y mucho.
El gobierno siente ya el insoportable peso del sol a sus espaldas. El malestar en la calle no hace sino crecer, alimentado por el insulto a la dignidad que significan las colas para conseguir alimentos, la frustración porque la plata no alcanza, y el azote permanente de la delincuencia. A lo interno del oficialismo, las fracturas son cada vez más inocultables. La corrupción se ha disparado ante la anticipación de muchos que la fiesta está pronto a acabarse. Las encuestas arrojan una ventaja notoria de la oposición en cuanto a intención de voto, y el deslave de lealtades en el mundo oficialista corre a paso de vencedores. Para colmo, los indecisos de hace 3 meses en las encuestas se están yendo a la oposición en una proporción de 5 a 1, lo que sigue ampliando la brecha a favor de ésta última.
Frente a este cuadro, y buscando desesperadamente aferrarse al poder, el gobierno adelanta una agenda que contiene algunas cosas que esperan que pase y otras que planea hacer. Comencemos con la primera, y esas cosas que el gobierno espera se refieren fundamentalmente a equivocaciones de la oposición, como por ejemplo:
1. Arriesgarse a ir divididos a las elecciones. Ello simplemente evapora cualquier posibilidad de triunfo.
2 Que se imponga la matriz de opinión que no vale la pena votar porque “todo está arreglado” y no existen “condiciones democráticas”.
3. Que se caiga en el juego de la polarización política entre “oficialistas” y “opositores”, y se abandone la estrategia de repolarización en torno a lo social que ha adelantado la oposición.
4. Que se pise el peine de la provocación y reaparezca la impaciencia radical, esa que “no puede esperar”.
5. Que las candidaturas de “oposición anti-MUD” logren dividir en algunos circuitos la votación contraria al gobierno, y permitan que éste triunfe en algunas circunscripciones claves.
6. Que se imponga en la oposición un ambiente de triunfalismo, que haga creer que el “mandado ya está hecho” y que es inevitable (no importa lo que pase, y así no se haga el trabajo), que el gobierno pierda la AN.
Mientras tanto, y a la espera de estas equivocaciones, el gobierno también tiene su agenda se acciones para las próximas semanas, que es bueno darlas a conocer de antemano para que no generen ni sorpresa ni desesperanza. Entre ellas están:
1. Aumentar la represión y la confrontación. El gobierno sabe que es la única herramienta de control social que le queda, y a ella va a apostar.
2. Intentar hacer creíble la tesis de la “guerra económica”, haciendo aparecer nombres de “responsables” empresariales y políticos, y así evitar que la población le cargue la factura de las colas, la escasez y la inflación.
3. Tratar de centrar la agenda nacional en una discusión politiquera sobre la defensa de la patria soberana amenazada por la agresión imperial y sus “cómplices internos”.
4. Buscar por todos los medios desestimular el voto opositor extremando las irregularidades, los desequilibrios y la corrupción electorales.
Si las estrategias anteriores no dan el resultado deseado, lo cual es muy temprano de averiguar, y el gobierno percibe que camina rumbo a una derrota “cantada”, pues intentará otras salidas más riesgosas y extremas, como “hacer aparecer” una excusa para postergar las elecciones. El problema es que tal jugada sería no sólo una clara muestra de debilidad a los ojos de la opinión pública, sino que abriría un escenario riesgoso, que es el de alguien débil intentando mantenerse en el poder huyendo del veredicto popular.
Ese costo es tan alto y peligroso que haría pensable esa decisión sólo en caso de extrema necesidad. Por ello espera y confía que, antes de eso, funcione su estrategia de pobre poderoso desesperado.
@angeloropeza182
PUBLICADO POR EL BLOG DEL GRUPO AVILA EN 7:35
lunes, 15 de junio de 2015
Henrique Capriles: " Venezuela......" Javier Lafuente
HENRIQUE CAPRILES:“Venezuela necesita justicia, no venganza ni revanchismo”
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JAVIER LAFUENTE
EL PAÍS
Henrique Capriles (Caracas, 1972) llega a la sede en Caracas de su partido, Primero Justicia, cargado de bolsas. Su equipo asegura que le encanta ir a los supermercados y mirar cómo oscilan los precios de los productos. “Lo que está pasando con el sistema cambiario en este país es una locura”, asegura Capriles antes de la entrevista con EL PAÍS y la Cadena Ser. Casi dos horas sin freno donde el gobernador del Estado de Miranda, principal líder opositor de Venezuela, que perdió en 2013 las elecciones por una diferencia de 1,5% respecto a Nicolás Maduro, urge por un cambio: “La política en Venezuela vive una situación de emergencia”.
Pregunta. ¿Qué valoración hace de la visita de Felipe González a Venezuela?
Respuesta. Felipe dio una lección de diplomacia a un Gobierno que no entiende, a pesar de que Maduro fue seis años canciller, lo que es la diplomacia, lo que son las libertades. No entró en el terreno de la descalificación al que le quería llevar el Gobierno. No vino a retar al Gobierno, lo que pasa es que el Gobierno necesita enemigos, todos los días se inventa enemigos para tapar el desastre económico y social que vive el país. Pretender malponer a Felipe González en América Latina es perder el tiempo. Tiene las mejores relaciones con todos los líderes, actuales y expresidentes.
P. Usted se reunió con él, ¿de qué hablaron?
R. Fue un contacto personal. Yo mantengo, y no es algo privado, una comunicación permanente con Felipe González. Hemos puesto especial interés en las elecciones a la Asamblea Nacional. Una de las peticiones, que aspiramos que se concrete, es que haya una misión de observación liderada por la Unasur con el acompañamiento de la OEA y de la Unión Europea.
P. ¿Qué ha aprendido desde la derrota de 2013?
R. He madurado. No soy el mismo que cuando inicié mi carrera política. He aprendido que los caminos rápidos a veces pueden terminar siendo largos. No quiero sonar poco modesto pero en estos años de mal llamada revolución he sido la persona que más apoyo ha logrado fuera del Gobierno. No lo logré sobre la base de decirle a la gente que saliese a la calle a matarse, sino de ofrecerle soluciones. Parece que el debate dentro de la oposición es quién es más valiente. Para mí, valiente es el que con la fuerza de sus ideas logra que otro cambie su forma de pensar y sumarlo a su causa. Yo no soy una persona conservadora. No soy de derechas, no tengo ideas de derechas. En Venezuela nunca va a gobernar la derecha, además. Sí puede haber un grupo conservador, que no soy yo. Hay que articular una mayoría policlasista. Venezuela urge un nuevo acuerdo social con los pobres. Me preocupa que haya una oposición que pretende no voltear para ver a los pobres de Venezuela. Puede pasar que la gente, a pesar de su situación de pobreza, al no escuchar que una nueva oferta los incluya, diga: “Bueno, yo prefiero, aunque estoy mal, quedarme aquí porque, según el que me representa, para él soy el actor más importante”.
P. Las protestas de 2014 desembocaron en la muerte de 43 personas. ¿Dañaron más al chavismo o a la oposición?
R. Ese es un debate que hoy generaría nuevamente una división dentro de la oposición. Ustedes ya conocen mi posición. Considero que fue un error. Hay una clase media profesional muy golpeada, pero no hay cambio en Venezuela que pase exclusivamente por la clase media. La mayoría de los venezolanos vive en los sectores populares. Hay que buscar en la crisis una oportunidad de encuentro. Los cerros no van a bajar. Tienes que subir a buscarlos. Si la protesta en Venezuela no es reivindicativa, social, económica, no va a conectar, no va a tener el respaldo del que vive en cualquier cerro. Yo no voy al valle del Tuy a hablar de la visita de Felipe González. Para ellos, no representa nada.
P. ¿La oposición venezolana está realmente unida?
R. La oposición va a estar unida por un tema de supervivencia. Divididos no hay forma de obtener una victoria electoral. Si usted tiene el 70% y lo divide en 3, el que tiene el 30% va a ganar. La oposición se dio duro el último año viniendo de una unidad perfecta. Este proceso electoral va a marcar políticamente lo que pase en Venezuela en los próximos años. La oposición siento que tiene la madurez y la conciencia de que debe haber unidad. Y la va a haber.
P. ¿Se puede gobernar sin revanchismo?
R. Yo sí, absolutamente. Venezuela necesita justicia, no venganza. Uno de los problemas de la oposición es que hay algunos discursos que aterran a gente que viene del oficialismo. Hay sectores de la oposición que no han entendido que para lograr el cambio en Venezuela y que dure es absolutamente necesario incluir a gente que venga del oficialismo.
P. ¿Quién debe liderar entonces el cambio: usted, Leopoldo López o María Corina Machado?
R. Ese es un debate completamente extemporáneo e irrelevante. Mi aspiración y mi trabajo es liderar Venezuela, no un sector del país.
P. Las colas en los supermercados dan una sensación de urgencia que no corresponde con el calendario electoral. ¿Cómo se le dice a la gente que espere seis meses más?
R. Eso mismo se decía el año pasado. La respuesta no puede ser una solución anárquica. No quitemos valor a la Asamblea Nacional. Es la que aprueba el presupuesto de la República, la que puede decir que aquí no se va a gastar un dólar más para comprar aviones militares a China o tanques de guerra a Rusia. La Asamblea es la que hace las leyes. Es la que puede reformar la Constitución, para recortar el periodo de Nicolás Maduro, por ejemplo. Eso vendrá después, es un debate que hay que ir masticando. El Gobierno va a hacer un desplazamiento del abastecimiento, va a darle a su elector, o donde ha sido fuerte, todos los productos. Uno de los graves problemas del pasado es que la oposición se organiza un mes antes de las elecciones mientras que el Gobierno está en un proceso de reorganización de su propia gente. Esa elección ahora mismo está ganada, pero hay que hacer muchas cosas para cobrarla. ¿Estamos listos? No, hay que alistarse y alistarse quiere decir que en las próximas horas la oposición tiene que decir quiénes son sus candidatos, quiénes son los líderes que van a competir para ganar. Los procesos de consenso tardan, pero es la política en Venezuela está en una situación de emergencia.
P. Hay una corriente de opinión que cree que usted es un instrumento del chavismo para acallar a la oposición más reaccionaria.
R. Eso es una campaña que también está dentro de un sector de la oposición, que la tengo claramente identificada y que lo que busca es debilitar mi liderazgo. Parecía que se habían puesto de acuerdo. Porque al final los extremos se entienden, se ponen de acuerdo, se necesitan. El objetivo de 2014 era liquidarme a mí políticamente.
P. ¿Qué le parece la decisión de Leopoldo López o Daniel Ceballos de iniciar una huelga de hambre?
R. Es una decisión muy personal, personalísima. Han sido atropellados. Sin embargo, este gobierno ha dado señales una y otra vez de que no le importa absolutamente nada, incluyendo la vida de los venezolanos. No le importa para nada que colapsen [Daniel] Ceballos [que ya ha concluido la huelga de hambre], Leopoldo López o [Antonio] Ledezma. Tienen que considerar eso. Hay muchas razones para que protesten. Pero hay que ver ante quien lo está haciendo. Yo aspiro a que formen parte en la construcción de este país…. Los necesitamos vivos.
P. ¿Cree que habrá elecciones este año?
R. Al Gobierno le resultaría más costoso que no haya elecciones a perderlas. Si su gran argumento para defender todo lo que hacen, los atropellos, las barbaridades es que en Venezuela hay elecciones y la oposición participa en las elecciones, si las suspenden, ¿cuál va a ser su discurso?
P. ¿Cómo se debería hacer la transición?
R. La única forma de salir de esto es produciendo en el país. ¿Tenemos los recursos? De todo tenemos en Venezuela. Pero tiene que cambiar el modelo.
P. ¿Cuánto puede tardar en notarse un cambio?
R. En un año Venezuela vería el cambio. ¿Saben cuánto dinero tienen los venezolanos en el exterior? Se calcula que 150.000 millones de dólares. Estamos hablando de cinco veces las reservas internacionales del país. Una señal de cambio, de confianza, cuánta inversión no vendría a Venezuela.
P. ¿Hay alguien dentro del oficialismo con quien tender puentes?
R. En los niveles medios mucha gente es consciente de la situación y que eventualmente tienen una tarea que cumplir con el país.
P. ¿Usted se sentaría a negociar con ellos?
R. Hay que hablar mucho de cómo sería una transición en Venezuela. Leí una entrevista extraordinaria en EL PAÍS de Pepe Mujica. La respuesta la tenemos en la política. Y la política es el arte de entenderse. El chavismo es una realidad política en el país, no puedes desconocerla, no debes atropellarla. Una cosa es el pueblo chavista y otra es Nicolás Maduro. En mi opinión Nicolás Maduro no representa al pueblo chavista, a pesar de que este diga que es su líder. La cúpula del Gobierno… ellos no son políticos, son unos extremistas que se hicieron con el poder. Sabiendo eso, el país no va a saltar al otro extremo.
P. ¿Echa de menos apoyo internacional?
R. Depende de qué país hablemos. Hay países con los que tenemos relaciones cercanas, históricas. Por ejemplo, Colombia. No solo por la cantidad de hermanos colombianos que tenemos en Venezuela, la frontera que compartimos, los nexos históricos… Que Colombia sea a veces tan silenciosa con lo que ocurre en Venezuela no lo puedo entender, duele. Honestamente duele. Brasil, con ese peso en la región, es exageradamente pragmático. Chile… Esta era su casa, quien los acogía cuando eran perseguidos. Ese silencio de la presidenta Bachelet… No buscamos apoyo con la intención de que resuelvan nuestros problemas, pero sí con la de que el Gobierno no les utilice a ellos. El Gobierno trata de buscar una legitimidad sobre la base de su silencio. ¿Solo tenemos que esperar algo del Papa o podemos esperar algo de nuestros hermanos presidentes latinoamericanos? No creo que las relaciones se circunscriben a los lazos económicos, a enviar unos barriles de petróleo.
P. ¿Considera legales las sanciones a altos funcionarios venezolanos por parte de Estados Unidos?
R. Estados Unidos, soberanamente, como Venezuela, puede decidir congelar cuentas de venezolanos en ese país. Ese no es un problema de Venezuela, sino de siete personas. Esas siete personas hicieron una campaña en nuestro país que nos costó una fortuna. ¿Por qué tenemos que pagar eso? ¿No decían que iban a quemar las visas? ¿Dónde están esas fotos? Pero si no hay nada que les guste más que ir a Disneyworld, a Orlando. Ahora, los términos del decreto de Estados Unidos… Venezuela no es un problema para ningún país. Pero a eso se agarró el Gobierno.
P. ¿Cómo ve la situación política en España?
R. Venezuela tiene la escasez más alta del mundo, la inflación más alta del mundo y es uno del los países más violentos del mundo. Dios quiera que ustedes no sigan y no caigan en este modelo fracasado.
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Felipe Gonzalez.........Mario Vargas Llosa
FELIPE GONZALEZ EN VENEZUELA
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MARIO VARGAS LLOSA
Se equivocan quienes dicen que la visita del expresidente español Felipe González a Venezuela ha sido un fracaso. Yo diría que, más bien, ha constituido todo un éxito y que en los escasos dos días que permaneció en Caracas prestó un gran servicio a la causa de la libertad.
Es verdad que no consiguió visitar al líder opositor Leopoldo López, preso en la cárcel militar de Ramo Verde, ni tampoco asistir a la vista de su juicio ni a la audiencia en que se iba a decidir si se abría proceso al alcalde de Caracas, Antonio Ledezma (preso desde febrero), pues ambas convocatorias fueron aplazadas por los jueces precisamente para impedir que González asistiera a ellas. Pero esto ha servido para mostrar, de manera flagrante, la nula independencia de que goza la justicia en Venezuela, cuyos tribunales y magistrados son meros instrumentos de Maduro, al que sirven y obedecen como perritos falderos.
De otro lado, lo que sí resultó un absoluto fracaso fueron los intentos del Gobierno y jerarcas del régimen de movilizar a la opinión pública contra González. En un acto tan ridículo como ilegal, el Parlamento que preside Diosdado Cabello —acusado por prófugos del chavismo a Estados Unidos de dirigir la mafia del narcotráfico en Venezuela— declaró al líder socialista persona non grata, pero todas las manifestaciones callejeras convocadas contra él fueron minúsculas, conformadas sólo por grupos de esbirros del Gobierno, en tanto que, en todos los lugares públicos donde González se mostró, fue objeto de aplausos entusiastas y una calurosa bienvenida de un público que agradecía el apoyo que significaba su presencia para quienes luchan por salvar a Venezuela de la dictadura.
Su comportamiento, en ese par de días, fue impecable, exento de toda demagogia o provocación. Se reunió con la Mesa de la Unidad Democrática, que agrupa a las principales fuerzas de la oposición, y las exhortó a olvidar sus pequeñas rencillas y diferencias y mantenerse unidas ante el gran objetivo común de ganar las próximas elecciones y resucitar la democracia venezolana, a la que el chavismo ha ido triturando sistemáticamente hasta reducirla a escombros. Aunque todas las encuestas dicen ahora que el apoyo a Maduro no sobrepasa un 20% de la población y que el 80% restante está en contra del régimen, el triunfo de la oposición no está garantizado en absoluto, debido a las posibilidades de fraude y a que, en su desesperación por aferrarse al poder, Maduro y los suyos puedan recurrir al baño de sangre colectivo, del que ha habido ya bastantes anticipos desde la matanza de estudiantes el año pasado. Por eso es indispensable, como dijo González, que todas las fuerzas de la oposición se enfrenten solidarias en la próxima confrontación electoral que el régimen, debido a la presión popular, ha prometido para antes de fin de año.
Pero, quizás, el efecto más importante de la visita de Felipe González a Venezuela, aparte del coraje personal que significó ir allí a solidarizarse con la oposición democrática sabiendo que sería injuriado por la prensa y los gacetilleros del régimen, es el ejemplo que ha dado a la izquierda latinoamericana y europea. Porque hay entre ella, todavía, y no sólo entre los grupos y grupúsculos más radicales y antisistema, sectores que, pese a todo lo que ha ocurrido en los años de chavismo que padece la tierra de Bolívar, alientan todavía simpatías por este régimen y se resisten a criticarlo y a reconocer lo que es: una creciente dictadura cuya política económica y corrupción generalizada ha empobrecido terriblemente al país, que tiene hoy día la inflación más alta del mundo, índices tenebrosos de criminalidad e inseguridad callejera, y donde prácticamente ha desaparecido la libertad de expresión y los atropellos contra los derechos humanos se multiplican cada día.
Es verdad que algunos de los defensores del régimen de Maduro, como los presidentes Rafael Correa, de Ecuador, Evo Morales, de Bolivia, el comandante Ortega, de Nicaragua, Cristina Kirchner, de Argentina, y Dilma Rousseff, de Brasil, lo hacen con hipocresía y duplicidad, elogiándolo en discursos demagógicos, defendiéndolo en los organismos internacionales, pero evitando sistemáticamente imitarlo en sus propias políticas económicas y sociales, muy conscientes de que éstas últimas, si siguieran el modelo chavista, precipitarían a sus países en una catástrofe semejante a la que padece Venezuela.
Aunque en Europa el socialismo ha ido convirtiéndose cada vez más en una social democracia, haciendo suyos los valores liberales tradicionales de tolerancia, coexistencia en la diversidad, respeto a la libertad de opinión y de crítica, elecciones libres, una justicia independiente, y comprendiendo que las nacionalizaciones y el dirigismo económico son incompatibles con el desarrollo y el progreso —véase los esfuerzos que hace la Francia socialista de Hollande y Valls para impulsar el mercado libre, estimular la empresa privada y abrir cada vez más su economía—, todavía en América Latina persisten los mitos colectivistas y estatistas. Lo que Hayek llamaba “el constructivismo”, la idea de que una planificación racionalmente formulada podía ser impuesta a una sociedad para imponer una justicia y un progreso material que tendría en el Estado su instrumento central, pese a que la historia reciente muestra en los casos del desplome de la URSS y la conversión de China Popular en un país capitalista (autoritario) el fracaso de ese modelo, todavía en América Latina sigue siendo la ideología de muchas fuerzas de izquierda, uno de los obstáculos mayores para que el continente, en su conjunto, prospere y se modernice como ha ocurrido, por ejemplo, en el continente asiático.
Felipe González prestó un enorme servicio a España contribuyendo a la modernización del socialismo español, que, antes de él y su equipo, estaba todavía impregnado de marxismo, de “constructivismo” económico y no había asumido resueltamente la cultura democrática. Curiosamente, su adversario de siempre, José María Aznar, hizo algo parecido con la derecha española, a la que impulsó a democratizarse y a modernizarse. Gracias a esa convergencia de ambas fuerzas hacia el centro, España, a una velocidad que nadie hubiera imaginado, pasó, de una dictadura anacrónica, a ser una democracia moderna y funcional y un país cuya prosperidad, no hace muchos años, el mundo entero veía con asombro. Conviene recordarlo ahora cuando, debido a la crisis, ha cundido ese parricidio cívico que pretende achacar todo lo que anda mal en el país a aquella transición gracias a la cual España se salvó de vivir el horror que está viviendo Venezuela.
Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2015.
© Mario Vargas Llosa, 2015
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No hay razones tecnicas,......Eduardo semtei
EDUARDO SEMTEI
No hay razones técnicas, ni científicas ni administrativas
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15 DE JUNIO 2015 - 00:01
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Para no anunciar las elecciones, la fecha de las elecciones parlamentarias, el cronograma electoral. No las hay; ni científicas ni técnicas, pues el propio CNE en comparsa con la Presidencia de la República y los monigotes y títeres que presiden los poderes públicos repiten incansablemente, como una letanía de moribundo, que tenemos el mejor, el más mejor, el súper más mejor, el papá de los helados, la última Pepsicola del desierto, el inviolable, el insuperable, el más avanzado de todos los avanzados sistemas electrónicos de votación. Unos equipos que fueron probados una y otra vez en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), el acelerador de partículas elementales y votos al por mayor más potente de la historia de la humanidad. Smartmatic le lleva una morena de ventaja a la NASA.
Eso lo dicen y lo dicen y lo dicen. Cada vez que hay elecciones una conocidísima dama, baja, con mirada altiva, con unos papeles en la mano, pelambre de peluquería, zapatos Luis XVI, seguida de unos cuantos escoltas aburridos, por la rampa de la mezzanina del edificio sede del CNE y con fuerza en sus palabras, seguridad en el tono, exclama: “La tendencia es irreversible”. La vaina terminó, las máquinas se la comieron nuevamente, el sistema funcionó.
Lo que tenemos como sistema es un “miamor”. Para el lector, supongo, que estos pequeños recuerdos le demostrarán claramente que no existen, pues, razones técnicas ni científicas para no anunciar la fecha de las elecciones. Veamos ahora si existen razones administrativas.
Tanto Chávez como Maduro, Diosdado, Merentes y todo aquel enchufado que tenga algo que ver con presupuesto, créditos adicionales, partidas especiales, gastos de emergencia y billete en general siempre le han dicho a los conjurados del CNE y en especial a las damas, desde que Tiby llegó al CNE “pidan por esa boquita”. Nunca de los jamases le han negado ninguna petición por muy estrafalaria que haya sido. Eso ha sido una billamentazón para el CNE solo comparable a los chorros de agua que intentaban apagar el incendio criminal de las Torres Gemelas. Pida por esa boquita se repite nuevamente en estas elecciones.
Por otro lado, no menos importante, el remoto temor a que el TSJ le dé la razón, sentencie digo yo, pues, a favor opositor alguna de las 15.999 demandas que se han introducido en contra de los desafueros del CNE es simplemente imposible. Soñar no cuesta nada, como solía decir la expresidenta del TSJ, la memorable Morales en sus arrebatos “aplausónicos” cuando coreaba con las palmas de sus manos, usadas como cuero de tambor africano, para celebrar las altisonantes y verborreicas palabras del Eterno, y de su garganta salía un sonoro: “Uh, ah, Chávez no se va” o “así, así, así es que se gobierna”. Entonces, mis amados lectores, tampoco es por temores jurídicos que podría entenderse el diferimiento en fijar la fecha y el cronograma de las parlamentéricas. ¿Qué será? ¿Adivina adivinador? ¿Qué será? Puede haber desde una explicación política hasta una psiquiátrica. Veamos.
Algunos opositores piensan que el CNE es una cueva de pillos, un antro de delincuentes electorales, una penitenciaría de truhanes del voto. Esos opositores sin o con razón de lo que piensan no les gusta mucho la idea de ir a un proceso electoral con un CNE vendido y venal. No aguantan dos pedidas para que se abstengan. Ven en cada acto de los rectores rojos rojitos las pruebas irrefutables de que hay una conexión secreta con los chinos, los rusos y los cubanos para cambiar los resultados electorales a través de un famoso cable blanco que cruza buena parte del Atlántico y del mar Caribe, de donde resulta que mientras más abusador se vea en CNE, mientras más intolerante, más adulante del poder, más reacio contra la oposición, más complaciente con el gobierno, los opositores desconfiados confirmarían sus temores con el CNE y por ende aumentaría la abstención. Esa es una buena teoría. Parecer más antipático, viciado y alienado para aumentar la abstención según una teoría muy apreciada por Maduro y su combo que mientras más aparezca el CNE como desequilibrado, sesgado y vendido más abstención opositora.
Otra explicación que toma cuerpo es que el CNE es sádico. Está formado por personas que le gusta ver sufrir. Les encanta causar dolor. Se regocijan con el llanto ajeno. Se excitan con la desesperación, el miedo y el dolor del prójimo. Cuando humillan a alguien caen al suelo temblando de placer. Quieren que la clase media opositora se suicide masivamente. Que los puentes se llenen de personas tirándose al vacío. Que emigren a bojote limpio. Sadismo del crudo. Cuando todo el mundo espera que se anuncie la fecha exacta, entonces Tiby dice: “Ay, mijito, la cosa es pronto”. Más tarde opina un expresidente del CNE hoy alcalde, carajo: “Las elecciones serán más pronto de lo que nosotros queremos pero más lejos de lo que ustedes aspiran”, Total, que nada de nada.
Finalmente creo que hay una tesis que defiende el atraso como un asunto de negocios. Si queda muy poco tiempo entre el anuncio de la fecha definitiva y el acto electoral no se podrán cumplir con los tiempos establecidos para las licitaciones públicas y, por lo tanto, todo se tendrá que contratar por la vía rápida, en emergencia, sin ningún protocolo, por excepción. Compras “y que” motivadas. Y en esos casos los amigos son de mucha utilidad, y si recordamos el inicio de este artículo en cuanto se refiere a “pida por esa boquita” todo el asunto queda asaz explicado. Y en todo caso, 100 millones de dólares en contrataciones es una cifra suficientemente importante como para quedarse impávido, tranquilo y sin nervios, hecho el musiú, mientras reciben gritos y críticas pero también mientras se firman los respectivos contratos. Así que escoja usted la teoría que más le guste. Una de ellas. Algunas de ellas. Todas ellas.
@eduardo_semtei
miércoles, 10 de junio de 2015
El Sisrema Laboral Perfecto Juan C. Varela
El sistema laboral perfecto
JUAN CARLOS VARELA | EL UNIVERSAL
miércoles 10 de junio de 2015 12:00 AM
Llevo veintitrés años ejerciendo mi profesión de abogado en el área laboral y he visto cómo los derechos de los trabajadores se incrementaban exponencialmente en Venezuela en proporción directa a la forma como se desmejoraban los derechos de los empresarios y dueños de empresas.
No soy economista pero pareciera que mientras más se quiere proteger a los trabajadores mediante la imposición de mayores obligaciones a los empresarios, en definitiva quien sale perjudicado son los propios trabajadores a los que se trata de beneficiar.
Estoy de acuerdo con que el Estado debe establecer condiciones mínimas que un empresario debe cumplir para prevenir el trabajo esclavo, el abuso y la explotación del hombre por el hombre. Sin embargo, creo que en Venezuela el legislador se ha excedido en las regulaciones, haciendo que el débil jurídico que había sido tradicionalmente el trabajador pase a ser el sujeto dominante en la relación de trabajo.
Adicionalmente, las supuestas protecciones a los trabajadores han estado siempre relacionadas con la restricción del empleador de despedir a su personal, sin enfocarse en los dos problemas fundamentales que agobian a la clase trabajadora en Venezuela que son: el desempleo y la justa remuneración.
En efecto, nada se logra con obligar a una empresa a mantener su personal, si todos ellos devengan un salario mínimo que no alcanza ni para pagar la mitad de la cesta básica. Asimismo, nada logramos como sociedad enfocando todos nuestros esfuerzos en mantener un mínimo de personas ocupadas, cuando la gran mayoría no puede, ni tiene opciones para conseguir un empleo digno.
Tenemos que entender de una vez por todas que las políticas del Estado deben estar destinadas a fomentar la creación de empleos en el país, y que esos empleos sean de tal calidad que por lo tanto generen una alta remuneración para quien los detente. Los empleos deben generar riqueza para quien los desarrolla y para la sociedad.
En Venezuela debemos capacitar a nuestra gente para los empleos del futuro. Tenemos que pensar cómo será el mundo en 15 o 20 años, para adelantarnos a las necesidades del país y del planeta.
Por ejemplo, sería desde ya muy importante que en Venezuela se redujeran las carreras humanísticas para destinar nuestros esfuerzos y recursos al desarrollo de carreras científicas y hasta técnicas. Para nadie es un secreto que el mundo que tendremos en 15 o 20 años será altamente sofisticado y con un marcado uso de nuevas tecnologías como la robótica.
Debemos desterrar el debate entre inamovilidad y salario mínimo y empezar a discutir la reforma educativa para adaptarla a las nuevas tecnologías. El mundo ha cambiado para siempre, Venezuela y su legislación laboral no están a la altura de esos cambios.
JCVarela@littler.com
@J3CV
www.actualidadlaboral.com.ve
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