domingo, 17 de enero de 2016

De lo que nos podemos .....Luis V. Leon


De lo que nos podemos sentir orgullosos

Caminar con la Pastora me llena de alegría y de esperanza

LUIS VICENTE LEÓN |  EL UNIVERSAL
domingo 17 de enero de 2016  12:00 AM
Con ese título, obviamente no voy a escribir ni de la política ni de la economía venezolana, que generan en la mayoría de nosotros exactamente el sentimiento contrario. Quiero volver a contarles mi experiencia personal en la procesión de la Divina Pastora. Como todos los años, vine desde Caracas a Barquisimeto el 14 de enero a esta manifestación maravillosa, de fe y de pueblo, que todavía logra emocionarnos como la primera vez, a mí, a mi esposa (que es de aquí) y a mis hijos que han venido a rendir homenaje a la Virgen 11 veces en sus 11 años.  

En esta manifestación de fe, que es la tercera devoción mariana más importante en el mundo después de la Guadalupe y la Virgen de Fátima, pero la procesión más grande del mundo (considerando que a la Fátima le hacen peregrinación y a la Guadalupe romería), los asistentes tenemos un encuentro con una combinación espec- tacular de tradiciones eclesiásticas y de la cultura popular como quedan pocas en Venezuela. Es la posibilidad de asistir a la integración de una sociedad completa, sin distingo de clases ni preferencias políticas, que toma la calle.

La calle, ese espacio infinito de la ciudad que hemos perdido de nuestro día a día debido a la inseguridad y a la desidia, pero donde todavía somos capaces de tomar y coincidir cuando un tema potente nos une y nos emociona. En este caso hablo del milagro de caminar alegres y emocionados al lado de cientos de miles de personas que quizás no hemos visto nunca antes, pero que se vuelven comunes y cercanas porque están convocadas por la misma emoción y que dicen presentes con el mismo objetivo que tú, rendir homenaje a la Virgen, pero también a la ciudad, a su gente y a la vida.

La procesión de la Divina Pastora es un encuentro con el país que queremos. Ese que logra ponerse de acuerdo y coordinar para proteger a su gente, donde uno cuida del otro dándole agua, frutas, bebidas energéticas. Ese que se llena de música para honrar a la patrona, pero también a sus visitantes. Ese donde los edificios se adornan para mostrar lo mejor de cada quien. Ese país llega e inunda cada espacio cuando la Pastora pasa y no importa si eres o no un fiel comprometido: sientes la fuerza de esa Virgen que logra lo que ni los políticos ni los partidos ni los gobernantes ni los líderes políticos han aprendido a hacer: emocionar al pueblo entero y hacerlo sentir lleno de esperanza, optimismo y fe.

A lo mejor a un porcentaje muy alto de quienes están ahí les cuesta mucho ir a misa, pero el contacto con el otro que se tiene en este recorrido nunca pasa desapercibido en las vidas de quienes lo hayan experimentado. Las calles de Barquisimeto se vuelven propias. A más de uno le pasará como a mí, que siendo hijo de la Virgen de Regla, en mi pueblito tovareño y de la Virgen del Valle, al lado de quien nació mi papá, nunca dejo de sentirme este día como el más guaro de los caminantes que van desde Santa Rosa a la Catedral.

Ojalá hubiese miles de Pastoras que lograran que cada una de sus ovejas de todos los colores entendieran lo importante del rebaño, la fuerza que tienen las manadas. Aunque a veces tengan que darle su bastonazo a las que se descarríen.

Al final, cuando todo termina, también emociona ver cómo los gobiernos regionales son capaces de limpiar la ciudad, cuidar a sus ciudadanos y celebrar con el pueblo todo el hecho de que, más allá de nuestras diferencias y preferencias diversas, todos tenemos más cosas en común que asuntos que nos separan.

Caminar con la Pastora me llena de alegría y de esperanza, porque me recuerda que no importa lo que estemos pasando, juntos, con un objetivo común y con la fuerza del corazón... claro que sí se puede. 

@luisvicenteleon

Luisvleon@gmail.com


La emergencia económica Jesus (Chuo)Torrealba

La emergencia económica, los zamuros cuidando carne
 
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                      Jesús Chúo Torrealba
 
Primero lo primero: como la inmensa mayoría de los venezolanos no somos abogados ni economistas, cuando uno escucha la expresión “Decreto de Emergencia Económica” se tiene la sensación de algo, en principio, “positivo”. Pareciera que por fin el gobierno reconoció la existencia de la crisis que hasta hace poco negaba, diciendo que era una “campaña mediática”, una “operación de guerra psicológica” o que era una “situación inducida”, y que además piensa tomar alguna medida al respecto, después de tres años desperdiciados en aquello de “anunciar que anunciarán unos anuncios”…
La crisis no se resuelve “empoderando” a sus responsables
Pero resulta que no es asi. El Decreto de Emergencia Económica no tiene que ver con la resolución de la crisis, sino con la intención de darle numerosos y peligrosos poderes… ¡a los causantes de la crisis! En efecto, el texto del Decreto faculta al Ejecutivo para muchísimas cosas: desde, sin orden judicial alguna, “requerir de las personas naturales o jurídicas, propietarias o poseedoras, los medios de transporte, canales de distribución, centros de acopio, beneficiadoras, y demás establecimientos, bienes inmuebles y demás mercancías”, hasta crear corralitos financieros al “establecer límites máximos de ingresos y egresos de la moneda venezolana de curso legal en efectivo, así como restricciones a determinadas operaciones y transacciones comerciales o financieras. Restringir dichas operaciones al uso de medios electrónicos debidamente autorizados”, pasando por “oficializar” el seguirse saltando los escasos y débiles mecanismos de control de la corrupción al “dispensar de las modalidades y requisitos propios del régimen de contrataciones públicas a los órganos y entes contratantes…”.
Un antecedente “electrizante”…
Pese a lo aberrante, esta situación no es novedosa: ya en febrero de 2010, hace seis años, vivimos una situación muy similar, con resultados desastrosos, de los que el país debe aprender. En ese entonces el ciudadano Presidente de la República emitió el Decreto Nº 7.228, mediante el cual se declaró el “estado de emergencia sobre la Prestación del Servicio Eléctrico Nacional y sus Instalaciones y Bienes Asociados, por un lapso de sesenta (60) días, prorrogables, en virtud de lo cual se autoriza al Ministro del Poder Popular para la Energía Eléctrica, para dictar por vía de excepción las medidas especialísimas que estime pertinentes, a fin de garantizar a la población el suministro de energía eléctrica…”
También en ese momento hubo venezolanos que confundieron la gimnasia con la magnesia, y llegaron a decir “¡qué bueno, por fin el gobierno reconoció la existencia de la emergencia eléctrica!” Hasta dirigentes políticos y periodistas “formadores de opinión” incurrieron en esa ligereza inexcusable. La realidad fue contundente, catastróficamente contundente: seis años después todos los venezolanos podemos ver y evaluar para qué sirvió el “Decreto de Emergencia Eléctrica”: los apagones siguen, las fallas endémicas en el servicio siguen, la excusas increíbles e irrespetuosas de los burócratas que controlan el sector siguen, exactamente iguales o peores en su cinismo… pero la gran diferencia está en el robo. Al amparo del “Decreto de Emergencia Eléctrica” desapareció un inmenso carnaval de dinero que no mejoró el servicio, pero si hizo inmensas fortunas.
Para que tengan una idea, referiremos un dato que tiene como fuente el Colegio de Ingenieros de Venezuela: para construir todo el sistema eléctrico venezolano (todo, desde las represas hasta los bombillos) la Venezuela Democrática invirtió durante cuarenta años unos 40 mil millones de dólares. En cambio, los gobiernos de Chávez y Maduro (supuestamente para “mejorar” la prestación del servicio eléctrico) gastaron tres veces esa cantidad, unos 120 mil millones de dólares, que sencillamente no están, desaparecieron, se transformaron en yates, mansiones, aviones, cuentas en Andorra y otros paraísos para el dinero mal habido… Y lamentablemente el país hoy no puede hacer nada, nada, ni exigir rendición de cuentas, ni pedir una sola factura… ¿Saben por qué? ¡Pues porque buena parte de toda esa desmesura se perpetró al amparo de una “Ley de Emergencia Eléctrica”, que dio a los perpetradores no solo el poder de hacerlo sino además la impunidad de que nadie jamás les pediría cuentas!
La crisis se resuelve empoderando la venezuela que produce
Ahora, seis años después, Maduro le pide a la Asamblea Nacional con mayoría democrática que le apruebe un “Decreto de Emergencia” similar, con una inmensa diferencia: que está referido no a un sector del país, sino a toda la economía. Estemos claros: la “Emergencia Económica” no es un simple conjunto de medidas para atender una situación puntual, es en realidad una de las modalidades previstas en la Ley de Estados de Excepción, es una figura que da licencia al Ejecutivo para limitar o desconocer garantías constitucionales básicas y que consagra, como ya hemos visto, un amplio margen de impunidad para los abusos y hasta delitos que se perpetren bajo el manto de la “emergencia”, real o supuesta. Todo esto, estamos seguros, será ponderado con serena agudeza por la dirección política de la Mesa de la Unidad Democrática, y en función de ello se girarán las instrucciones del caso a la Fracción Parlamentaria de la Unidad, que actuará conforme al compromiso contraído el seis de diciembre: colocar a la Asamblea Nacional al servicio del país, no del Gobierno.
Al margen de todo el debate sobre el “Decreto de Emergencia” como trampa leguleya del Ejecutivo para obtener amplios poderes sin solicitar una Ley Habilitante, lo cierto es que sí existe en el país una emergencia económica terrible, que se expresa hoy en la escasez, las colas, la humillación y la violencia a la que se ve expuesto nuestro pueblo para adquirir bienes esenciales, como alimentos y medicinas. También es verdad que hay medidas inaplazables que se deben y se pueden tomar, ya, tanto para enfrentar el hambre urgente que como para recuperar la capacidad del país para producir los bienes y servicios que necesitamos. Todo eso se puede y se debe hacer, y en Venezuela hay el talento y los mecanismos necesarios para hacerlo. Pero eso no pasa por darle mas poder e impunidad a los que, con su corrupción e ineficiencia, generaron la crisis. Por el contrario, resolver la emergencia económica pasa por relevar a los que la ocasionaron.
Y eso está claro: en este país, cuyo gobierno en doce años recibió un millón de millones de dólares por los altos precios del petróleo, la causa real de la emergencia económica es el saqueo de esa inmensa riqueza. La solución, obviamente, no consiste en darle todo el poder a los saqueadores, sino en lograr que la Venezuela que trabaja y produce se empodere y tome decisiones claras que no sean convertidas en nuevos negocios para beneficio de los corruptos de siempre. De eso se trata. ¡Pa’lante!
Jesús Chúo Torrealba / RADAR DE LOS BARRIOS

El Neo-liberalismo como coartada Fernando Mires

Posted: 16 Jan 2016 08:12 AM PST




No hay palabra que haya sido más usada en la actual política latinoamericana de un modo tan indiscriminado, y sobre todo tan repetitivo, como la palabra neoliberalismo. Tanto que a veces se tiene la inevitable impresión de que sólo es utilizada como medio retórico para descalificar opiniones divergentes. 

Basta que alguien se atreva a criticar a algún representante de las ideologías estatistas, para ser calificado de inmediato como neo-liberal. 

O basta que un gobierno implemente cualquier recorte de presupuesto, cualquiera medida antinflacionaria, cualquiera reduccion de empleos improductivos, cualquier traslado de recursos financieros del área estatal al áea privada, para que reciba de inmediato el calificativo de neoliberal por sus enemigos. Como si el neoliberalismo, en lugar de ser una ideología fuera un estigma. 

En gran medida, los llamados anti-neo-liberales, recurren a la palabra neoliberalismo de un modo muy parecido a los estalinistas cuando recurrían al concepto de burguesía. Todo aquello que discrepaba respecto al último informe de la URSS, era calificado por los comunistas de ayer como una representación de la ideología burguesa.

Lo dicho contrasta con el hecho objetivo de que de los muchos ideólogos que se denominan anti-neo- liberales, ninguno ha hecho jamás una crítica seria al llamado neo liberalismo.

¿Pero qué es el neoliberalismo? En primer lugar, hay que decir que el neoliberalismo no es un cuerpo doctrinario homogéneo, sino un conjunto de diversas teorías económicas, muchas veces divergentes entre sí. Unas, como las de Friedrich Hayek, Ludwig von Mieses, Carl Menger, se refieren fundamentalmente al significado del Estado en la economía. Las escuelas de Fribourg y Münich (Wilhelm Röpke, Alexander Rüstow), ponen el acento en la generación de los precios y de las ganancias, hasta llegar al monetarismo norteamericano de Milton Friedmann, quien ha propuesto controlar el área de la producción mediante el manejo de los mecanismos de la circulación de capital.

Así como las teorías económicas de Ricardo, Smith y Marx son hijas de la máquina a vapor, las llamadas teorías neoliberales de nuestro tiempo son hijas de la  robotización, de la computación, y de la digitalización. 

En gran medida se trata de teorías macroeconómicas reactivas, es decir, de teorías que han surgido como respuesta teórica frente a transformaciones que han tenido lugar en los procesos de producción contemporáneos. Procesos que han incorporado una tecnología extremadamente ahorrativa de fuerza de trabajo, hasta el punto que ha tenido lugar -voy a utilizar por un momento la propia terminología marxista- una alteración de las relaciones entre capital variable y constante donde el factor trabajo propiamente tal se ha convertido en un agregado secundario y no esencial, como ocurría durante el periodo basado en la producción industrial clásica. O para seguir expresándome en jerga marxista: En virtud del desarrollo  (cualitativo más que cuantitativo) de las fuerzas productivas han tenido lugar modificaciones radicales al interior de la composición orgánica del capital. 

Ahora bien, el uso y abuso indebido del concepto de neoliberalismo, que tanto caracteriza a las elites “izquierdistas” latinoamericanas -pensamiento que trabaja todavía con las categorías propias a la era de la máquina a vapor- no concuerda en modo alguno con la presencia real de los llamados neoliberales en la gestión económica de los diversos gobiernos. 

Quien no me crea, pido que se tome la molestia de analizar el currículum de los ministros de finanzas y economía del continente. No hay casi ninguno, quizás ninguno, que pueda ser calificado como neo-liberal. Véanse también los nombres de los principales profesores de economía en las universidades latinoamericanas. Los así llamados neoliberales, en el sentido verdadero y no ideológico del término, constituyen una minoría absoluta. Analícense las publicaciones de instituciones académicas, económicas y sociológicas. Casi lo único que es posible encontrar en ellas son enconados ataques al neoliberalismo pero, cosa muy curiosa y sintomática, sin nombrar jamás a un solo neoliberal, como si el neo neoliberalismo no fuesen los neoliberales sino un espíritu maligno que recorre el mundo y que de pronto se apodera de los seres humanos.

En sentido estricto, la contrapartida del liberalismo o del neoliberalismo es el keynesianismo. Los ideólogos del anti-neoliberalismo no se declaran, sin embargo, keynesianos. Ellos se declaran socialistas, y socialistas para ellos significa lo que siempre ha significado para todas las doctrinas antidemocráticas de todos los tiempos: el estatismo.

El socialismo ha sido y es una ideología del estatismo político. Si bien no todo estatismo es socialismo, todo socialismo es estatista. Por eso no ha de sorprender que donde más uso y abuso obtiene la palabra neoliberalismo es en aquellas naciones en donde desde los respectivos gobiernos se incuban proyectos autocráticos e incluso dictatoriales. 

La verdad es que la contradicción entre neo liberalismo y socialismo no existe. Es una simple invención del estatismo antidemocrático de nuestro tiempo cuyo objetivo no es otro si no la apropiación del Estado a través de la alianza entre determinadas elites para-estatales y el populismo de masas. 

El neoliberalismo, independientemente a su existencia real, cumple la función de operar como el polo ideológico negativo que requiere el estatismo para afirmarse a sí mismo. La verdadera contradicción, si elevamos el tema al plano político, es la contradicción de siempre, la misma que ha recorrido a las naciones latinoamericanas desde los momentos de su propia fundación hasta ahora.


Esa es la contradicción entre democracia y dictadura.

18.05.2015

viernes, 15 de enero de 2016

Inevitable implosion Jose D. Blanco

Inevitable implosión

15 Enero, 2016
Retomo la escritura, luego del receso navideño; pero, hoy quiero hacerlo compartiendo con ustedes lo que, a mi juicio, son las múltiples causas que están provocando el derrumbe del régimen chavista. Porque, aunque a algunos les parezca precipitado calificar la derrota del chavismo el 6D de esa manera, lo que ocurrió el día de las elecciones, no fue más que el principio de un desenlace anunciado: este régimen se desmorona gracias, entre otras cosas, al vacío moral de los sectores dirigentes del país durante estos 17 años.
Este resquebrajamiento tenía que producirse, porque en los ciudadanos también se produjo el resquebrajamiento de algo que siempre lo ha definido: la voluntad de justicia. Este régimen, que llegó al poder ofreciendo justicia social, igualdad de condiciones y la inclusión de los olvidados, falló en sus promesas para satisfacer sus ambiciones y compensar su propia sed de revancha. Cuando se habla de Estado, sociedad, libertad, no se puede dejar de lado la voluntad de justicia. Y eso, a mi modo de ver, es una de las causas del derrumbe de este modelo fracasado. Y ese ciudadano, incluso el que alguna vez apoyó al chavismo, decidió no seguir acompañándolo más.
Cuando se hace caso omiso a las exigencias éticas y espirituales, la dirigencia que ostenta el poder tiende a disociarse porque se pone de espalda a la moral de la política. Maduro y la patota de locos -como lo calificó una vez uno de los “próceres” de este desgobierno- prácticamente redujeron los estamentos democráticos a términos esencialmente instrumentales. Sólo una fachada. Lo que debería considerarse siempre como un aspecto principista de toda democracia moderna, que es como el estandarte de la vida pública nacional, terminó convertido en un relajo; relajando, en consecuencia, la conciencia moral y política de toda la sociedad. Los grupetes dirigentes chavistas corrompieron todo resquicio de libertad, y el ciudadano común, ¡por fin! comenzó a darse cuenta de que esos dirigentes de pacotilla no tenían el más mínimo ápice de autoridad política y moral. Y eso, en corto tiempo -aun cuando para otros pareciera una eternidad- es lo que propició lo que se está evidenciando ahora: el patético derrumbe del modelo chavista en la conciencia ciudadana. Por eso la derrota del chavismo en las elecciones del 6D.
¿Habremos aprendido la lección? A veces percibo que, con los recientes sucesos -después del 6D hasta la fecha- pareciera que los actores principales de los partidos políticos, todos en general, siguen confundiendo el poder con la necesidad de justicia. Es evidente, y un ejemplo de ello es la anterior Asamblea: el chavismo “burdelizó” su forma de organización. Se vició de trabajar sin virtudes. Allí lo que había era una gran mezcolanza y confusión entre escasas leyes hipócritas al servicio de los intereses dominantes y gobierneros.
Definitivamente, estamos en presencia del inicio de la desintegración del modelo chavista. Una ideología sin bases ni fundamentos, que la misma población pudiera catalogar como el más grave accidente político en la historia nacional. Chávez, como actor principal, logró la sumisión intelectual y moral que condujo a lo que presenciamos hoy: toda una pléyade de mediocres, que han entregado su conciencia política a los más bajos intereses.
El modelo chavista tenía que aterrizar aquí, en el punto donde se encuentra en este momento, por su improvisación, por su relajo, por su desprecio a lo legal, por su corrupción, por la impunidad con la que favorece al que delinque, por la manera como se apropia del dinero de la cosa pública y por sus relaciones perversas con personajes repugnantes e infames de la política internacional… Y, muy probablemente, me falte enumerar muchas razones más por las que el ciudadano común decidió decirle ¡hasta aquí! a este régimen.
Soy de los que piensa que este quiebre, ese desmoronamiento, el derrumbe del chavismo parte de su propia fundación, porque este modelo se erigió de la implosión de lo que significa el orden de los derechos humanos. Nada bueno podía salir de allí. Sin embargo, tengo que reconocer que el chavismo no fue un hecho fortuito, producto del azar. Quizá, accidental; pero, surgió por el quiebre moral de quienes le precedieron. Chávez, sin embargo, repitió la historia, con su propio aporte: magnificó y multiplicó todos los defectos y errores cometidos en los gobiernos de sus antecesores. Es el artífice que potenció el desastre y la corrupción que había ofrecido acabar.
A esto sumémosle el pobre intelecto de Maduro, que lo hace incapaz de continuar a la perfección el aspecto degradante, la malignidad, la violencia, el permanente estilo conspirativo, insurreccional que muy hábilmente manejaba Chávez. Entonces, se hace obvio: este ciclo tiene que cerrarse. Hay hechos que comienzan a evidenciar que vamos en esa dirección porque ya hay demasiada impotencia moral y política en el Psuv y sus cómplices. Ya no pueden avanzar más con tanta degeneración espiritual y moral. Y la misma sociedad hoy es consciente de algo que es clave en democracia: la responsabilidad ética se debe restaurar. No vendiendo la Patria como se ha pretendido hasta ahora. No destruyendo lo bueno y productivo que tenía el país, sino con cambio de gobierno y de modelo, con reformas administrativas, con verdaderas propuestas legales, saliéndole al paso, constitucionalmente, a posibles golpes de Estado, violencia y desordenes civiles que, en su momento, fueron el caldo de cultivo que dio origen al chavismo.
Estos daños actuales solo se podrán subsanar con ese cambio de consciencia que ya comenzó. Con la transformación de todo lo ético, que trate de resucitar la voluntad de justicia del colectivo; pero, muy especialmente, la de nuestros estamentos superiores de la nueva dirigencia nacional que tiene que surgir, eso sí, con modernización y gerencia.

miércoles, 13 de enero de 2016

Las Prioridades Elides J. Rojas

Las prioridades

ELIDES J. ROJAS L. |  EL UNIVERSAL
miércoles 13 de enero de 2016  12:00 AM
Forja Consultores, prestigiosa empresa del área de la optimización del recurso humano y la gerencia, señala en su página Web que "Profesional y personalmente, siempre estamos interesados en incrementar la excelencia en nuestras labores y ser altamente eficientes para estar preparados ante cualquier crisis sin tener que trabajar más de lo necesario.

Para ello es conveniente desarrollar habilidades en el manejo ágil y creativo de las prioridades, de los imprevistos y los contratiempos. Se requiere aprender a tomar el control de nuestro tiempo y de nuestra vida.

Contenidos: Perder el tiempo es perder la vida, el tiempo no se administra. Se usa, los ciclos viciosos que nos atrapan, nociones de pensamiento sistémico, las tácticas en el manejo de las prioridades. De la gerencia por crisis a la gerencia proactiva, lo urgente no siempre es importante, el problema es cómo se maneja el problema, ¿dónde concentrar mis esfuerzos?, cómo delegar con eficiencia. Impacto de la delegación en la efectividad. De paños calientes hacia soluciones de raíz, el centro del blanco: propósito y sentido, la mala comunicación como despilfarrador, cultivando la maestría personal. Estrés y trabajo bajo presión".

Esas líneas generales pueden dar una idea, y es el tema que nos ocupa, de la altísima ineficiencia del gobierno chavista. Nunca en la historia de Venezuela se había visto un equipo gerencial tan perdido, tan alejado del perol. Mucha gente dice que es a propósito, pues el oficialismo bajo la guía de los Castro y del comandante fallecido, no tenía otra idea que destruir lo que encontró para implementar el socialismo a la cubana. Pero es que hasta eso pudieron hacerlo mejor. Han sido tan erráticos y desacertados en todas las fases de cualquier proyecto, incluyendo el principal: el país, que han tenido que inventar excusas y mentiras para mantener a su gente engañada. Pero, por lo que se vio el 6 de diciembre, ya la coba comenzó a desbaratarse. Y, en consecuencia, deberíamos ver intenciones de cambio, proyectos de revisión, nuevas cabezas en lo que queda de revolución. Pues no. Más de lo mismo y hasta peor. Los últimos anuncios y posiciones del oficialismo indican que seguirán en su empeño de destruir todo. Y ya no queda mucho.

Veamos cómo se conduce el gobierno, o los hombres que tienen la responsabilidad de manejar al país, frente a algunos  problemas, la mayoría de ellos creados por los mismos próceres que han controlado todo desde hace 17 años.

Problema: Caracas, la capital del desastre, está sucia, llena de basura, saturada de huecos, invivible. Solución: gastar un dineral en colocar afiches y fotos del comandante muerto en todos los postes de la ciudad.

Problema: Un desastre natural como el deslave de Vargas. Solución: se niega a recibir ayuda de Estados Unidos y otros países expertos en la materia, rechaza proyectos de rescate de infraestructura diseñados por otras naciones y empresas privadas. Se gasta una montaña de dólares y el resultado está a la vista. Pues del Cancún que vendió el comandante muerto en sus discursos encendidos, lo que queda es la misma pobreza del pueblo y del destino. Y el mismo riesgo.

Problema: No hay suficiente producción de alimentos. Solución: invade fincas y haciendas, expropia empresas.

Problema: Los rojos crearon una fuerte recesión en el país. Solución: amenaza a empresarios y aumenta los impuestos.

Problema: el hampa está ganando la batalla desde hace años. Solución: Protege a los pranes, negocia malamente con los malandros. Los saca de la cárcel. Paraliza la justicia penal. Impunidad.

Problema: Hay desabastecimiento y la gente sufre haciendo colas para poder comer. Solución: Más controles, más sanciones, más amenazas al sector productor.

Problema: Hay fuga de divisas por la desconfianza en el gobierno y en la unidad monetaria por sus políticas atrasadas y centralistas. Solución: Un control de cambio eterno lleno de corrupción y manejos políticos.

Resultado: fracaso total. La ruina de todos. Y electoralmente, la merecida escoba para los malosos. Y lo que falta.

Twitter: ejrl
erojas@eluniversal.com