martes, 3 de mayo de 2016

¿Por qué Fidel no. . Thays Peñalver

¿Por qué Fidel no suelta a Venezuela?

Mensajepor el carpintero » 03 May 2016, 07:16 
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Por Thays Peñalver



Pocos conocen la historia de que uno de los primeros expulsados de Venezuela por ordenes de Fidel Castro, fue Norberto Ceresole, quien aunque pasó a la historia como un neonazi de la ultraderecha, en realidad era un ultra comunista y operador latinoamericano de la KGB en tiempos de la extinta Unión Soviética. Ceresole, trató de convencer nada menos que a Chávez de que debía dejar de lado a la Isla y buscar como centro de poder a Rusia porque Cuba no le daría “Poder (a Chávez) sino que se lo chuparía, porque Cuba era un vampiro que te chupa el poder, lo poco que tú tienes. Te lo chupa para sobrevivir”. Porque “Fidel es Drácula”.

Para entender esto es necesario viajar en el tiempo cuando la ayuda soviética tanto en subvenciones como en ayuda directa, sin contar la ayuda militar en 1971, solo para Cuba, anualmente fue de 4.133 millones de dólares, una cifra promedio que por su cuantía, cualquier lector desprevenido pudiera encontrar como similar a la proporcionada por Hugo Chávez a la Isla. Pero cuatro mil millones de 1971 son equivalentes a 24.197 millones de hoy, que es una cifra fantástica para la época. Es una cifra tan formidable, que Venezuela en 1971 recibía por petróleo una cantidad de dinero similar (4.053 millones de dólares) para atender dos millones de almas más que en Cuba, siendo entonces considerada Venezuela una nación rica y próspera.


A ese gigantesco financiamiento, hay que añadir lo que la C.I.A. consideraba como “ayuda incuantificable” como el caso de los miles de doctores rusos que fueron a “ayudar a compensar el déficit de doctores” que Castro asumía como problema, las gigantescas campañas sanitarias y de vacunación o los miles de entrenadores deportivos que pasaron por la Isla, sin contar claro está con los cientos de ingenieros y expertos rusos, alemanes, búlgaros, húngaros que hicieron la mayor realización hollywoodense y que cautivó a los incautos revolucionarios del Trópico de Cáncer hacia abajo.

Y si a esto añadimos las declaraciones de los más eminentes científicos deportivos rusos, encabezados por el bioquímico y vicepresidente del Instituto de Medicina Deportiva de la época, Michael Kalinski quien proporcionó las evidencias del mayor programa de uso de esteroides masivo y patrocinado por el Estado Soviético a partir de 1970 o el caso de los 190 ex atletas olímpicos de Alemania del Este, en su mayoría ganadores de medallas de oro olímpicas, que están demandando a la empresa farmacéutica Jenapharm, como la culpable de haber suministrado los esteroides desde 1960 para que sus entrenadores los obligaran a consumirlas, solo “para demostrar la superioridad del comunismo”, nos encontraríamos con una isla tan sobredimensionada por la propaganda -solo para demostrar la “superioridad comunista”- que Cuba terminó convertida en el Walt Disney World Revolucionario, en el mundo Maravilloso de Fidel, en una Isla de la Fantasía pero regentada por enanitos.

Por eso cuando Nicolás Maduro llegó a estudiar a la isla, así como los cientos de incautos revolucionarios venezolanos que hoy creen que Venezuela será la Cuba de la fantasía soviética, podía percibir escuadrones enteros de aviones de combate de última generación, mientras en Venezuela habían retazos de aviones, excedentes de la segunda guerra mundial y otras reliquias de las primeras generaciones de aviones subsónicos de reacción y en buena parte de América Latina aun se encontraban operando aviones de hélice. Por eso era impresionante la visual de los visitantes cuando además de aquel poderío de aviones de combate eran vistos en los desfiles junto a cientos de tanques, por mucho los mejores en toda Latinoamérica, integrados en escuadrones de combate así como artillería que harían palidecer a cualquier ejercito suramericano. Acto seguido, los maravillados idiotas latinoamericanos abordaban las limosinas blindadas de Fidel Castro, algunas veces incluso con él adentro, hasta llegar al gigantesco Palacio de la Revolución y escuchar un discurso de Fidel sobre las 30 medallas ganadas en las olimpiadas.

¿Qué como terminó todo? Cualquier revolucionario podría ver que Cuba hoy no es un ejemplo para nadie, vive hoy desvergonzadamente de las remesas de los cubanos en el imperio, es decir de la “escoria” de los “traidores” que de acuerdo con el Gobierno Estadounidense se encuentra cercano a los 6 millardos (2 millardos de dólares, sumado a los bienes y artefactos que envían a la Isla por 3,5 millardos mas). Vive del turismo capitalista que le proporciona otros 2 millardos, y para vergüenza mundial, vive como el ultimo esclavista, de exportar mano de obra esclava que le supone otro millardo mientras que el resto, el 43% del intercambio comercial, proviene de Venezuela. Así de mal terminó el experimento cubano, que depende de los cubanos emigrados, de la mano de obra esclava, del imperialismo y en más del 40% de Venezuela, a la que chupa como un vampiro.

Fidel Castro chupó, ajustados a inflación, 43 mil millones de dólares de Venezuela solo en petróleo, cada médico o empleado cubano costó más de un millón de dólares y como bien lo explican sus anuarios, recibió otros 17 millardos en exportaciones de bienes, para un total de 60 millardos que se conozcan. Pero lo cumbre del caso, es que esos dólares que recibió, los tiró a la basura, los utilizó únicamente para sostener su rumbo nefasto a la catástrofe. Porque incapaz de cambiar, incapaz de rectificar condeno a los cubanos por otros 20 años, para ocultar su vergüenza. Los anuarios estadísticos cubanos dan cuenta de que del millón de hectáreas sembradas de azúcar desde que se unieron las revoluciones, apenas quedan 400 mil produciendo y de su industria manufacturera se ha perdido el 25% de su capacidad, con un 22% menos de empleos en el sector, mientras que la Isla tendrá para 2025 menos habitantes que en 1989 a la caída del comunismo en el mundo.

Por eso al intuir que Venezuela se secaba cuando cayeron estrepitosamente los precios del petróleo, perdimos toda la gracia y los isleños se aprestaron a lo mejor que saben hacer, chupar sangre de otra parte, aunque sea desvergonzadamente del mismísimo Imperio. ¿Cuándo soltará Castro a Venezuela? Aunque esto no lo crean muchos, En Cuba nadie cree en Maduro, el saludo inicial de Castro con Obama fue la sentencia de que Maduro no se sostiene por mucho tiempo, la apertura de la embajada y el fraternal abrazo de Raúl Castro son el mejor ejemplo de que la revolución bolivariana huele a formol, parafraseando a mi buen amigo Ezequiel Zamora. Pero aun los mil millones de dólares pesan tanto como la vergüenza del ancianato isleño de admitir que fueron un gigantesco fraude, el peor error de la historia cubana. Lo que sí es cierto, es que Maduro, ya fue traicionado por los Castro, aunque él sea el último en enterarse.

http://www.elblogdemontaner.com/por-que-fidel-no-suelta-a-venezuela/d




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Las huidas de la cúpula Simón García

Las huidas de la cúpula



K
La mayor preocupación actual del Presidente es permanecer en el poder. No le importa que su patético aferramiento al coroto comprometa el futuro del PSUV ni que acelere el hundimiento del país en el mar de las calamidades.
A pesar de la agresividad de sus desconocimientos a la Asamblea Nacional, todas las recientes acciones de Maduro muestran a un individuo perturbado por la posibilidad de ser revocado y dándose golpes contra la pared de una firme mayoría social y electoral. Es un individuo atemorizado, débil y a punto de pegar un brinco cada vez que se mueve una mata.
Un Presidente en esas condiciones es un riesgo. Primero, porque su negativa a rectificar equivale a querer apagar el incendio de las crisis echándole más gasolina. Segundo, porque aúpa, por vía de los hechos, la anulación de la Asamblea Nacional. Tercero, porque agudiza la contradicción entre su gobierno y la mayoría del país. Cuarto porque aumenta la ingobernabilidad al cerrar los caminos constitucionales que pudieran resolverla.
La cúpula ya no puede mantener el equilibrio entre la conveniencia formal de proyectarse hacia la comunidad internacional como una democracia y la necesidad real de violar la Constitución para contener las demandas internas de cambio y evadir las funciones de investigación parlamentaria sobre un gobierno rodeado por todas partes de ineficacia y corrupción.
Maduro y Cabello encabezan la huida de la cúpula hacia una pataleta totalitaria. Declararon su aceptación a los resultados del 6D, pero actúan para disolver a la Asamblea Nacional, el único poder que puede hacer contrapeso al Ejecutivo y el único que tiene una clara legitimidad de origen y desempeño, entre los dos que son expresión del parecer popular.
El plan que está poniendo en práctica la cúpula roja a través de la Corte Suprema de Justicia, el Consejo Supremo Electoral y todas las instituciones bajo su control constituyen piezas específicas de un golpe para anular la independencia, la autonomía y la eficacia legislativa que es privativa del parlamento en todas partes del mundo. Un golpe de Estado contra uno de los poderes del Estado, contra la Constitución Nacional y la democracia.
Las jugadas irresponsables contra la Constitución a quien primero debilitan es al gobierno porque corroen la conciencia institucional en todos los órganos, ramas y niveles del Estado y porque pierde legitimidad.  No sólo le abren puertas a una intervención militar o al sacudón de un pueblo maltratado deliberadamente por las políticas gubernamentales, sino que extienden la involución del régimen y ahogan la posibilidad de una transición compartida por el PSUV.
¿Cómo responder a estas violentas huidas de la cúpula hacia la ilegalidad y la perturbación de la paz? Le corresponde a la MUD defender la institucionalidad democrática, luchar con todo por la vigencia plena de la Constitución Nacional, crear la legislación para superar la crisis económica y política y cumplir, en lo inmediato, con la protección a los sectores socialmente más vulnerables y económicamente más débiles.
Y hay que recordar una de las reglas más antiguas de la política: mano segura no se tranca. Hay que seguir ganando, con firmeza y sin ceder a las provocaciones.ú




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lunes, 2 de mayo de 2016

Llego el momento. ...Fernando Mires - Alonso Moleiro

Fernando Mires: "Llegó el momento de movilizarse para cambiar a Venezuela"



El escritor e intelectual chileno, profundo conocedor de la realidad nacional, considera que están dadas "las condiciones objetivas y las subjetivas" para llevar adelante un proceso político consultivo exitoso, que produzca un cambio definitivo en el actual estado de cosas en el país. Mires coincide en que el riesgo del fracaso existe: "si la gente no actúa claro que no sucederá nada". Pide, por último, no tomarse a la ligera la importancia de los segundos que corren: "se los dice uno que ha sido radicalmente moderado"

- Uno de los aspectos más notorios de la situación en Venezuela es la renuencia a salir a la calle manifestarse. Luego de 17 años pesa el agotamiento.
- Sí. Hay que hacer el esfuerzo. Lo que pasa es que es el momento. Si los políticos no salen a la calle, no se defienden, los van a acusar de no haber hecho nada. A la gente le están quitando todo. Es un robo masivo. Yo no conozco una situación igual en ninguna parte del mundo. Estoy convencido de que hay que extremar las reservas que los partidos políticos de la MUD, cada uno de ellos, pueda tener en este instante. No es por razones belicistas que expreso esto: es que de verdad no veo otra alternativa.
- ¿Puede suceder eso que ciertos escépticos ontológicos tanto predican? ¿Que las cosas se seguirán deteriorando a una alta velocidad, y no que finalmente, no sucederá nada? 
- Si no se hace nada, si los partidos políticos no hacen nada, naturalmente que no sucederá nada. Se puede extender. Todo depende de cómo se hagan las cosas. No creo que se trata de decir nada más "a la calle". Hay que salir a defender, entre otras cosas, el fuero de la Asamblea Nacional. Debe ser "nuestra" Asamblea, la de la ciudadanía, no algo que le pertenezca a la MUD. Todos los venezolanos pierden con esta situación. Los chavistas también. La defensa de la Asamblea Nacional debe ir enmarcada en la convocatoria a la Elección Revocatoria. A Maduro le gusta presentar toda la gestión del Revocatorio como un intento de golpe. Es necesario insistir en la idea de la Elección
- ¿Qué piensa usted que pueda pasar en Venezuela si esas elecciones no son este año?
- No me atrevo a decirlo. Hay un abanico de suposiciones, ninguna se materializa. Estoy creyendo mucho en el poder de la contingencia. Siempre suceden cosas, la realidad nunca se queda quieta. Pueden suceder imponderables que desencadenen cosas, nuevos escándalos, revelaciones, hechos.
- Alguna movida brusca de poder.
- Exactamente. Hasta eso.
- ¿Cómo explicarse la conducta del chavismo en este momento? Parecen decididos a provocar una crisis aún más grave de la que existe. 
- Me pongo en el lugar de ellos. Es difícil, pero lo hago. Pienso que, después de todo, lo que han hecho lo han hecho bien. Comprendieron que la Asamblea tiene un mandato poderoso, derivado del hecho electoral, tan importante como el que puede tener el Ejecutivo, y decidieron mover todas las piezas que tienen para neutralizarla. El CNE, el Ejército, el TSJ. Un búnker hecho para proteger al Gobierno. Han estado tan ocupados en blindarse a sí mismos, en mantenerse en el poder y en pelear con la Oposición, que ya no gobiernan. Puede ser un boomerang en contra de ellos.
- El estado vigente en Venezuela es el de la anomia. El hombre como lobo del hombre.
- Hay un desmantelamiento institucional notorio. No hay instituciones en Venezuela; hay masas. Pero en esas masas hay un sentimiento. No debemos minimizar eso, sería un grave error. He podido palparlo personalmente. La gente tiene un diagnóstico, sabe por qué suceden las cosas, sabe que la están robando, que otros se benefician. Hay conciencia.
-¿Cual será el papel de Capriles Radonski en este trance? 
- Se la ha jugado por el Revocatorio desde el comienzo, como la medida más radical, porque implica participación popular. Está lanzado adelante. Vamos a ver si puede movilizar.
- Las posibilidades de fracaso en todo este intento son objetivas.
- Es una apuesta. Pero toda alternativa política lo es. En todo se puede perder. Esto no sería una "segunda salida". Es otra cosa. Se parte del principio de que somos mayoría clara. Hubo un momento para acumular fuerzas en la Oposición; ya no, yo pienso que las fuerzas ya están acumuladas. Hay que apostar por la movilización.
- ¿No descarta usted que se produzcan, entonces, movilizaciones nacionales en el corto plazo?
- Pienso que se van a producir muchas en el cortísimo plazo. De acuerdo a lo que palpo, a lo que he conversado, es una realidad a punto de desarrollarse. No soy de los que piensa que no va a pasar nada. Al contrario. Pasarán muchas cosas, y serán las más duras en toda la historia que comprende el chavismo.
- ¿Por qué habrá perdido el chavismo, Maduro en particular, tantas ocasiones para rectificar? 
- Aquí hay un conflicto asimétrico. El Gobierno no piensa políticamente, piensa militarmente. Está obligado a hacerlo ya. Agotaron sus reservas políticas. Se están aislando, incluso, internacionalmente. Como dirían los marxistas-leninistas, las condiciones objetivas para un cambio democrático están dadas. Y, de acuerdo a lo que escucho en las calles en esta visita, las subjetivas también. Me cuentan que el interior esté peor.
- ¿Qué hay de una respuesta militar? ¿De una situación de facto, de la violencia?
- Esas son posibilidades. La otra es un golpe bonapartista: que un gobierno militar ejerza el control del país y el arbitraje a una eventual transición. Es una entre 100 posibilidades. Pero me llama la atención que haya sido descartada cuando es una de las que puede materializarse. El ejército purga sus tensiones y se erige como factor de orden, como árbitro. Con ello las Fuerzas Armadas obtendrían un respaldo popular muy superior al que tiene Maduro, que incluya incluso a sectores de la Oposición.
- Es probable que en las instancias administrativas de los poderes públicos que domina el chavismo ­TSJ, CNE, Fiscalía, Defensoría haya mucha gente haciéndose preguntas, pensando en silencio en el fin de esta pesadilla.
- Ayer me decían que el poder en este momento, las decisiones, descansan en cinco personas: Maduro y su esposa Cilia; Diosdado Cabello; Jaua; Jorge Rodríguez y la hermana. Rodilla en tierra, defienden los últimos restos, se instalan en las últimas barricadas y lo hacen, de acuerdo a la visión que tienen de sí mismos, con honor y gloria. Si eso significa que es necesario asesinar a todo un pueblo, pues pueden tenerlo computado.
- ¿Puede aguardar la población la esperanza de que el desenlace de esta crisis sea incruento? ¿O no del todo cruento? 
- Eso dependerá de cómo se desenvuelvan algunas cosas. Hay algunos factores imprevisibles. Uno de ellos es cómo se va a comportar el Ejército, si está dispuesto a jugar ese papel de cordón sanitario. Que se organice una ronda ancha en torno al equipo de gobierno, pero no angosta, como es ahora, sino amplia, y se le obligue a Maduro a corregir el rumbo económico, a tomar decisiones sensatas, que se gobierne para todo el país y que se le conceda a la Asamblea Nacional algo de autonomía.
- ¿Qué piensa que puede suceder si la consulta termina ejecutándose en 2017? ¿El Gobierno colocará a su Vicepresidente, como si nada hubiera pasado, sea Aristóbulo Istúriz o cualquier otro, o el resultado electoral genera una nueva realidad, no tan literal, y termina forzada una negociación con la transición? 
- Ahí yo creo que se abriría un abanico de posibilidades. Ellos se echarían la culpa unos a otros de la derrota, entre otras. No olvidemos algo: los chavistas conservan todavía cierto apoyo popular. Cuidado con eso. No sería una guerra civil, pero sí un choque de trenes no deseable.

- Lo que sucede en Argentina y Brasil puede inclinar las cosas a favor de la Oposición muy pronto. Y con fuerza. El rostro de espacios como Mercosur, e incluso Unasur, podrían cambiar con Maduro.
- Definitivamente. Podría incluir a los uruguayos también.
- ¿Considera usted decisivo, y además viable, que se pueda invocar la Carta Democrática de la OEA? 
- Es bueno que exista, pero no es determinante. Estamos en el momento de la "guerra" de movimientos, no de posiciones. Imagino un escenario en el cual haya manifestaciones en todo el país, que pueda canalizarse, pacíficamente. He conversado largo, largo, con la dirigencia venezolana. Hay claridad en los objetivos. Claro, hay mucha indignación, como la que tiene la gente en las calles, a veces hay que pararlos, conversarles. Es normal. Lo importante acá es no abandonar ni un segundo la ruta electoral.
- ¿Siente usted que vale la pena enarbolarle responsablemente a los venezolanos la bandera de la esperanza? Mucha gente piensa que acá no queda nada que hacer ya.
- Bueno, claro, si no pasa nada la esperanza se va a perder. La anomia, no ya social, sino política: eso sí que es grave. El "que se vayan todos", los escenarios de Grecia o Argentina. Lo importante es que hay que saber reconocer el momento. El juego sigue abierto. "La Salida" no estaba en su momento; las condiciones no estaban dadas. Ahora sí, sin ninguna duda. Llego el momento . Las condiciones para el cambio han madurado. Se lo estoy diciendo yo, que he sido radicalmente moderado. Si no es ahora, no es nunca.
- Por último. ¿Qué le hace estar tan pendiente de Venezuela? Un intelectual tan fecundo podría tener, también, otros frentes, otros intereses. Usted se ha aproximado a lo que nos pasa, cosa que acá todos le agradecen, con la pasión de un venezolano.
- He venido mucho; tengo una enorme cantidad de amistades y relaciones en Venezuela. Son ligamentos que se tejen; correspondencias, cartas. Se lo atribuiría a la poderosa importancia de las relaciones privadas en lo político. Por eso no las quiero aludir por completo. Son privadas. Hay un segundo motivo: siento que estoy cumpliendo con Venezuela aquello que dejé abierto en Chile, en mi juventud. De joven era de extrema izquierda, estaba metido en una lucha feroz en la Unidad Popular, y el golpe de Pinochet se lo llevó todo.

Cuando él hambre .....Ernesto García M. G.

Verdades dolorosas                                                         Ernesto García Mac Gregor

CUANDO EL HAMBRE APRIETA

La obsesión de Chávez, Maduro y su pandilla era y sigue siendo, transformar a Venezuela en una Cuba y lo están logrando al arruinar al país y destruir toda su infraestructura. En un acto de traición a la patria, Maduro firmó recientemente el “plan 2016 de cooperación con Cuba” por mil 428 millones de dólares, mientras nuestro pueblo se muere de hambre. Se trata del modelo fidelista que se viene  aplicando y que busca forzar la salida de muchos, callar a la fuerza a otros y humillar al resto.
Sin embargo, Venezuela cuenta con una clase media y trabajadora progresista muy arraigada y con una larga tradición democrática, la cual, a pesar del lavado de cerebro comunista incesante, el reparto populista, el uso del hambre como instrumento político, y la corrupción contagiosa, ha decidido que no quiere convertirse en la isla de la felicidad”.
El ensayo que el venezolano ha tenido que sufrir forzosamente y en carne propia con las colas, cortes de agua y electricidad, escasez de comida, medicinas y todo lo que represente objetos de primera necesidad, además de la inseguridad, pobreza e inflación galopante, le ha hecho ver que Cuba no es la salida. Por eso una mayoría apabullante votó por el cambio radical el 6D, por eso la semana pasada, la recolección de firmas para el revocatorio rebasó los cálculos más optimistas. 
Sin embargo, el obtuso gobierno insiste en no reconocer la debacle incuestionable, y por el contrario, tranca el juego democrático a través de un CNE y un TSJ vocero del chavismo, que bloquean de antemano todas las nuevas leyes de la Asamblea que eligió el pueblo. Este bochornoso tribunal lleva el récord increíble de 11 sentencias emitidas contra la AN en apenas tres meses. 
Todos saben que no existe la tal guerra económica y que la situación del gobierno es catastrófica y las encuestas lo confirmanNo obstante, Maduro tiene el sarcasmo de anunciar los cortes de electricidad la la reducción de la semana laboral como un gran logro del gobierno para evitará que el Guri se convierta en un desierto, cuando es evidente  que la represa no la secó El Niño sino la ineptitud roja rojita.Paralelamente, la miseria, hambre y desesperación de la gente avanzan y exigen cambios de fondo y de inmediato. Que oiga quien tiene oídos

domingo, 1 de mayo de 2016

¡ A revocar ! Fernando Mires

Posted: 30 Apr 2016 07:59 AM PDT



De pronto parecía que la historia estaba repitiéndose. 
Lo que estaba sucediendo a fines de Abril con la reticencia pertinaz del CNE para entregar las planillas solicitadas por la oposición y así llevar a cabo la realización del revocatorio se parecía como una gota de agua a otra a la situación previa al 6-D cuando, con igual reticencia, Maduro se negaba a fijar fecha para las elecciones parlamentarias. 
Razones de sobra tiene el gobierno para no desear medirse electoralmente. Cada elección que tenga lugar en Venezuela, a partir del 6-D, llevará estampada consigo la crónica de una derrota anunciada. 
Nacido electoralmente, sustentado en elecciones, siempre plebiscitario, confiado en las grandes mayorías que obtenía el gobierno Chávez, fue constituyéndose en Venezuela una muy peculiar formación política en la cual se combinaba un radical electoralismo con estructuras autoritarias e incluso dictatoriales de poder. Hoy, en cambio, el gobierno ha perdido su carácter electoralista. 
No solo pierde y perderá el gobierno las elecciones que tengan lugar de aquí en adelante sino, además, hará todo lo posible para que ellas no tengan lugar. Se quiera o no, el gobierno ya ha perdido su legitimidad electoral. El problema es que tampoco tiene otra. 
El Viernes 28-4 pareció ser un día decisivo en la historia del gobierno de Maduro. O entregaba las planillas o desataba una enorme movilización popular en su contra. Un mínimo de cálculo permitía augurar que si lo último sucedía, en un marco determinado por un gran desastre económico, en un país con crisis alimentaria, atravesado por colas de seres hambrientos dispuestos a enfurecerse a la menor indicación, habría encontrado a Maduro muy mal parado, incluso frente a su propia gente. Quizás Maduro, al entregar las planillas, solo postergó el momento de su inminente retiro. Eso lo sabremos después. 
Pero no solo la lucha por la entrega de las planillas se parecía a la lucha por la fecha de las elecciones del 6-D. En sentido estricto, los acontecimientos de Abril y Mayo del 2016 y los que llevaron al 6-D están vinculados entre sí hasta el punto de que puede afirmarse que entre ellos hay una relación de estrecha continuidad. 
Sin el gran triunfo del 6-D nunca habría aparecido la posibilidad revocatoria. Aún más: la necesidad imperiosa de avanzar hacia el revocatorio obedecía a una opción existencial para la oposición, si es que no aceptaba que le fuera arrancado de las manos el triunfo del 6-D. 
Maduro ha venido llevando a cabo un sistemático proceso de inhabilitación de la AN. Habiendo convertido al TSJ en cerco leguleyo destinado a dejar sin efecto todas las resoluciones parlamentarias, había (Viernes 22 de Abril) decretado la imposibilidad de la AN para legislar al someter cada resolución parlamentaria al veto ejecutivo. Un golpe mortal a la AN. El llamado al revocatorio, desde esa perspectiva, deberá ser considerado como una operación de rescate de la AN destinada a devolver a ella el principio de representación constitucional que emana de la soberanía popular. Es por eso que afirmamos: sin el 6-D el impulso revocatorio habría sido imposible. En ambos casos los demócratas venezolanos se han movilizado en aras de la vía electoral. 
El referéndum, por definición, es una opción electoral, tanto o más que una elección parlamentaria. Así se prueba una vez más lo absurda que era la alternativa calle o elecciones. 
La calle en defensa de las elecciones ha sido la vía tomada por la oposición venezolana. Así continúa el largo, pero cada vez más efectivo camino electoral, pacífico y constitucional, emprendido desde 2007. Unidad que nuevamente se vuelve a mostrar hoy, pero en magnitudes muy superiores.
Ha sido también demostrado que la opción revocatoria para terminar con el régimen es la más decisiva. Tal vez otras alternativas eran más expeditas desde el punto de vista burocrático. El problema es que prescindían de participación popular y esa solo la garantiza un referéndum. Así, Maduro no será revocado mediante un expediente notarial, sino como consecuencia de una formidable y unitaria movilización popular desatada por el revocatorio. 
Ya el solo hecho de firmar significa hacer público un nombre, la inscripción del yo privado en una decisión colectiva que tiene lugar “bajo la luz de lo público” (Arendt). Por eso es que cada firma deberá ser considerada como una declaración de amor a la democracia. 
Interesante es destacar que son muy pocos quienes intentan adjudicarse la paternidad sobre el revocatorio. Grandeza mostraron Lilian Tintori y Leopoldo López al reconocer el trabajo arduo de Capriles a favor de la vía revocatoria. Grandeza mostró también Henrique Capriles al afirmar que el creador del revocatorio no es un líder sino el pueblo. Tiene razón. La disposición hacia la opción revocatoria ha sido masiva. La recolección de firmas no solo es un éxito, está a punto de transformarse en un tsunami. Todos los dirigentes, sin excepción, han comprendido que en este momento lo que está en juego no son los liderazgos personales –para eso ya llegará el momento- sino la sobrevivencia de la oposición como fuerza política.
En otras palabras, en Venezuela está teniendo lugar una lucha por la defensa del principio de la soberanía popular. Principio que en su forma roussoniana es una ficción formal pero que en momentos decisivos ha logrado concretizarse materialmente en la historia. ¿No fue reafirmado en Polonia cuando surgió el movimiento de Solidarnosc, representación de todos los trabajadores polacos frente a un gobierno que se decía representante de los obreros? ¿No fue reafirmado en el Chile del plebiscito cuando mediante una decisión soberana el pueblo electoralmente constituido decidió poner fin a la dictadura de Pinochet y a la caterva de generales que lo acompañaban? ¿No fue reafirmado en la Alemania del muro cuando las masas en las calles corearon “nosotros” (nosotros y no ustedes) somos el pueblo”? Todos esos procesos, por lo menos en sus efectos, tuvieron un sentido revocatorio.
Hoy día la ciudadanía venezolana, constituida como pueblo, exige a través del referéndum la devolución de los derechos soberanos que le corresponden. Así ha quedado claro -aunque Maduro, Cilia Flores, Cabello, Jaua, la y el Rodríguez y otros poquísimos se llenen la boca con la palabra pueblo- que la decisión mayoritaria ya ha sido consignada. Esa decisión es revocar.
La palabra pueblo en periodos históricos no marcados por situaciones límites no pasa de ser una simple ficción. El pueblo solo existe como pueblo cuando se constituye políticamente. Antes de su constitución el pueblo existe en la forma ambigua de ciudadanía, de población, e incluso de masa. Solo en periodos electorales o frente a grandes cambios históricos, el pueblo se hace pueblo. Eso es lo que está ocurriendo en la Venezuela de Nicolás Maduro. 
El pueblo venezolano ha comenzado a exigir la rescisión del contrato social que lo ligaba a sus gobernantes. Al actuar estos últimos como enemigos del pueblo y no reconocer a sus representantes, el poder deberá ser devuelto al pueblo. Eso y no otra cosa es el revocatorio. 
El camino no será fácil. Ya Cabello y Maduro anuncian que desconocerán firmas; ya se postergarán nuevas fechas; ya se retrasarán procedimientos formales; ya Diosdado amenaza con el mazo; ya asoman los siniestros grupos de choque destinados a intimidar a los votantes. El atentado a la persona de Chúo Torrealba  (“métele plomo”) es quizás solo un anticipo de lo que viene.
La lucha por el referéndum no ha surgido solo como consecuencia de la mala administración del gobierno, tampoco de la crisis económica, ni de las colas, ni de la propagación de la delincuencia, ni siquiera de la ostensible corrupción del partido de gobierno. El referéndum comenzó a cobrar vida desde el momento en que el ejecutivo decidió desconocer a la mayoría nacional representada en la Asamblea, es decir, desde el momento en que se negó a aceptar el principio de la soberanía popular simbolizado en ese edificio que es la casa de toda la nación, incluyendo la de los propios chavistas. 

Pretender suprimir a la AN es decretar el desconocimiento de la voluntad popular, es la violación del principio más elemental de soberanía nacional. Ese y no otro ha sido el gran crimen político de Nicolás Maduro. Por eso, y no por otra razón, deberá ser revocado.





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