viernes, 16 de diciembre de 2016

Una buena noticia Eduardo Fernandezez


Una Buena Noticia
En medio de tanta oscuridad y de tanta confusión, hoy tenemos una magnífica noticia, una luz en medio de las tinieblas, el niño Dios nacerá dentro de nueve días.


 Eduardo Fernandez



Para algunos es un cuento, para otros, una historia. En caso de ser un cuento, tenemos que reconocer que se trata del más formidable que pueda haberse imaginado. Ni William Shakespeare, que según Harold Bloom inventó lo humano; ni Miguel de Cervantes, que con El Quijote y Sancho describió la naturaleza de nuestra especie; ni Jorge Luis Borges, el más fantástico narrador del siglo XX, ni Gabriel García Márquez, máxima expresión del realismo mágico, pudieron inventar algo tan maravilloso como la historia de un Dios que se hace hombre en un humilde pesebre, hijo de una madre campesina y adoptado por un padre carpintero.

Para quienes pensamos que no es cuento sino historia, se trata de una historia maravillosa. Dios ha querido encarnarse en un niño, y ese niño representa todo aquello que nosotros, cada uno de nosotros y el conjunto de nosotros, necesita para ser feliz.

La buena noticia es que podemos ser felices. El nacimiento del niño Dios nos da la oportunidad de ser felices. Dios es amor y si en lugar del odio practicamos el amor, seremos felices. El mensaje de ese niño que está por nacer, es un mensaje que representa todos los valores que los venezolanos de este tiempo requerimos para ser felices: amor, paz, alegría, esperanza, justicia, solidaridad, fraternidad, tolerancia, misericordia, bondad y verdad.

Que distinto sería el mundo y que distinta sería Venezuela, si en lugar del odio prevaleciera el amor: Si en lugar del conflicto, la paz. Si en lugar de la tristeza, la alegría. Si en lugar de la desesperanza, la esperanza. Si en lugar de la injusticia, la justicia. Si en lugar de la explotación, la solidaridad. Si en lugar de la rivalidad, la fraternidad. Si en lugar de la intolerancia, la tolerancia. Si en lugar de la crueldad, la misericordia. Si en lugar de la maldad, la bondad. Si en lugar de la mentira, la verdad.

“Yo soy el camino, la verdad y la vida”, nos dice el maestro.

Las noticias que le llegan a Juan sobre Jesús están relacionadas con la vida y la misericordia, nada de venganza y de revancha: Por eso, la pregunta de los emisarios de Juan: “Eres tú al que ha de venir o tenemos que esperar a otro”. Y la respuesta de Jesús no puede ser más elocuente y más convincente: “Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el evangelio. Dichoso aquel que no se sienta defraudado por mí”.

Nos llega una buena noticia, una magnífica noticia: Está por nacer, dentro de nueve días, el niño Jesús, “ven, señor, y sálvanos”.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Elecciones en Venezuela Félix Seijas

ELECCIONES EN VENEZUELA: A UN AÑO DE TU SIEMBRA
FELIX SEIJAS R.

EL NACIONAL

El 6 de diciembre se cumplió un año de las elecciones parlamentarias cuyo resultado sorprendió a la nación. El asombro no fue en sí el triunfo de la oposición; eso lo presentía la mayoría. La verdadera sorpresa radicó en la magnitud de la victoria. Esas elecciones demostraron dos cosas: la existencia de una oposición mayoritaria y motivada electoralmente y el desánimo del voto oficialista que prefirió quedarse en sus casas. Ahora bien, algo que hoy sabemos es que el desenlace de aquel día sepultó cualquier posibilidad de que el gobierno accediera de nuevo a realizar algún tipo de comicios en el país -al menos no este año, y con toda seguridad jamás, si las circunstancias se lo permiten.
Y aquí estamos entonces, pensando en cuál es el balance de los 365 días transcurridos desde aquel 6-D. Para algunos el análisis resulta devastador para la causa opositora. Para ellos, durante este año, el gobierno hizo lo que quiso con la AN, acabó de manera contundente con las aspiraciones de un RR en 2016, y sentó a la MUD en una mesa de diálogo donde lo único que ha hecho es burlarse de ellos. En fin, el resultado del balance para quienes piensan de esta manera es un gobierno fortalecido y una oposición disminuida al punto de estar a nada de desaparecer.
Sin embargo, la historia tiene una lectura alternativa. Pensemos en qué le conviene a un gobierno de corte hegemónico. ¿No quisiera estar al mando sin ningún tipo de fastidio que incomode su accionar? ¿No es deseable para aquel que con alma autoritaria poder mostrar al mundo una fachada democrática que lo blinde contra cualquier crítica o molestia internacional? ¿No es conveniente ganar elecciones sistemáticamente, bien sea por las dádivas que arriman hacia ti el voto popular, o por las fallas o incompetencias de tu rival?
Toda autocracia evita en lo posible dar pasos que develen su verdadero carácter. El gobierno, poco más de un año atrás, venía de ganar elecciones presidenciales y controlaba la AN con el voto popular; en realidad, los obstáculos en su camino no eran muchos. Pues en cuestión de meses la oposición le armó una campaña que logró capitalizar en las urnas de votación la molestia de la gente por la situación económica -resultando en una victoria aplastante, de magnitudes que fueron más allá de lo jamás logrado por uno de los más grandes fenómenos electorales de nuestra historia: Hugo Chávez-. Luego, desde la AN, lo llenó de leyes obligándolo a tomar acciones al margen de la Constitución, al mismo tiempo que le lanzaba una cruzada por el RR llevándolo a transgredir una delicadísima línea: negar un mecanismo electoral contemplado en la carta magna. Finalmente, las circunstancias forzaron al gobierno a sentarse en una mesa en la cual, tarde o temprano, tendrá que incumplirle a la comunidad internacional y al Vaticano. Estas no son cosas menores.
Es cierto que las grandes expectativas que se generaron a partir del resultado del 6-D, y muchas otras que sobredimensionaban las posibilidades opositoras -al dibujar escenarios simplistas e irreales donde tienen cabida soluciones mágicas-, unidas a otras decisiones cuestionables de la coalición opositora, propiciaron un clima de desconcierto que impacta de manera negativa la confianza del electorado y, que a su vez, le baja el costo político al gobierno al desviar la atención del verdadero meollo del asunto. Aspectos como el abandonar la presión de calle y las inconsistencias comunicacionales de la Unidad -reflejo de los problemas en la dinámica interna de la MUD- han pesado sin duda en la distorsión del balance que muchos hacen sobre el tema político durante el último año. 
La eficiencia en las acciones es algo que siempre les será exigido a quienes lideran la oposición. La urgencia de una población que sufre merece seriedad de parte de sus líderes, y esto es algo que no consiguen del lado de quienes gobiernan. Esperemos entonces que la alternativa democrática no les falle.

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Frbaternidad o muerte Luis Ugalde S.J.

FRATERNIDAD O MUERTE

LUIS UGALDE sj
El Nacional

En los tiempos de la Revolución Francesa "Fraternité ou la Mort" se incorporó tarde a “Liberté, Egalité”, cuando estos ya llevaban un tiempo agitando las calles y los espíritus. Luego se expande la modernidad con leyes que consagran libertades y derriban barreras estamentales que ponían a los de abajo a los pies de los de arriba. Pero las leyes obligantes no saben qué hacer con la “fraternidad”, tan religiosa ella y tan fuera de lugar en una sociedad racionalista y laica. Los derechos humanos de la ONU de 1948 afirman con contundencia que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos” y recomiendan piadosamente “comportarse fraternalmente los unos con los otros”. La fraternidad no se puede imponer por leyes  positivas, sino que brota –como diría san Ignacio– de la “ley interna de la caridad”.
En las sociedades tradicionales el individuo es definido y llevado por lo colectivo y lo social. Con la revolución política liberal se abre cierto espacio a la autodefinición libre y al autodesarrollo. Libertad no como privilegio exclusivo de quienes habitan en la parte alta de la pirámide social, sino atributo reconocido a todos los ciudadanos con iguales derechos políticos. Pero para conseguir la “igualdad” no basta eliminar las trabas estamentales de las sociedades donde la cuna de nacimiento determina la categoría social de la tumba; es imprescindible que la sociedad brinde a los individuos la igualdad de oportunidades sociales. En la pobre aldea tradicional el reconocimiento y el parentesco enlazan, unen y comparten, mientras que en las actuales ciudades cosmopolitas millones de consumidores anónimos, “libres e iguales” poseen más objetos, pero la fraternidad se esconde en semiclandestina supervivencia. La fraternidad no la pueden producir leyes externas igualitarias, ni la libertad de los egos, sino el mutuo reconocimiento, donación y afirmación. La fraternidad revoluciona y forma sujetos en la medida en que se reconocen como tales; reconocimiento que es un don gratuito y no un pago. En mundos donde el reconocimiento escasea, la fraternidad es un horizonte perdido, es la añoranza de un Dios-amor trascendente y gratuito que nos reconoce, se nos entrega y nos transforma en fuente de vida. Sin la revolución espiritual de la fraternidad las sociedades –a pesar de todos sus admirables progresos–, son un mundo entregado a la muerte de la indiferencia, de la negación mutua y de la guerra. Un intelectual español hace poco se definía como hombre de cabeza agnóstica y corazón cristiano; los ilustrados más racionalistas también llevan la fraternidad como paraíso deseado. En el fondo de cada uno hay una última convicción metarracional de que los humanos no somos un chinchorro de ilusiones colgado entre dos nadas: nada antes de nacer y nada después. El mundo humano es algo distinto de un gran mercado.

Navidad en Venezuela.
Navidad cristiana es don y gratuidad, oasis de abrazos y reconocimientos en torno a un Niño que se nos da en este desierto de individualismos posesivos… En la absurda (valga la redundancia) Primera Guerra Mundial en 1914 cientos de miles de hombres se pudrían, obligados a matarse en las trincheras francesas. De pronto, en el silencio de las armas de la tregua navideña irrumpió el divino canto de la “noche de paz, noche de amor” cantado a una en su lengua (Stille Nacht, original austríaco-alemán y Silent Night, inglés) en ambas trincheras momentáneamente hermanadas. La melodía del alma única y corazón común armonizaba sobre las armas enfrentadas. Sin fraternidad somos lobos unos contra los otros, “homo homini lupus”. El progreso sin reconocimiento no construye el “nos-otros” como vida compartida.
En Venezuela no avanzaremos mucho en la conquista de la libertad y de la igualdad efectivas para todos, sin el radical descubrimiento del don de la fraternidad que somos unos para los otros. Somos lobos enfrentados que se destruyen mutuamente, pero al mismo tiempo llevamos dentro lo que al donarlo (donarnos) nos transforma de fieras en hermanos; el mutuo don es el reconocimiento de que en el otro encuentro mi yo divinizado al convertirse en “nos-otros”. San Francisco de Asís transformaba al lobo en hermano. Este es el significado profundo de la Navidad: en el Niño que nace contemplamos a Dios desarmado que se hace nosotros, que nos reconoce y asume nuestra condición para que nosotros nos transformemos por el amor en hermanos divinizados. Religiosa o laica, sobria o extremadamente comercializada, lo siempre nuevo y propio de la Navidad es la gratuidad, el reconocimiento y veneración del niño que no tiene poder; en el don personal se encienden la luz y la alegría del encuentro mutuo. Navidad en Venezuela en plena guerra y miseria, con poca comida y escasos regalos… pero Navidad como la del canto único que salió en 1914 desde el alma común y fraterna de los soldados mandados a matarse, pero convencidos de que el enemigo es el hermano. Verdaderamente ¡fraternidad o muerte! “Sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos” (1 Juan 3,14).
 

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Una Tragedia ......Luis Pedro España

UNA TRAGEDIA LLAMADA VENEZUELA

LUIS PEDRO ESPAÑA

EL NACIONAL

Ayer, fin del montaje de diálogo planteado por el gobierno, fue un día de caretas caídas. De su propia boca quedó en evidencia quién no quiere saber nada de diálogo, de transición o de salidas para Venezuela. El radicalismo del gobierno dejó a la luz pública qué tan lejos quisieran estar dispuestos a ir con tal de no enfrentar las consecuencias de sus acciones, basta saber si podrán lograrlo.
Por su parte, la oposición logró unirse nuevamente. Eso de unos sentados recibiendo todo el castigo de asumir compromisos con unos personajes que mientras puedan no cumplir y mentir lo seguirán haciendo, y, por otro lado, los que no se sientan en la mesa pero reclaman y exigen el cumplimiento de acuerdos en los que no participaron, por lo visto se acabó.
Ya todos del mismo lado de la mesa y sin el gobierno enfrente dividiéndolos, podrán reagrupar fuerzas y organizar una nueva estrategia. Una que incorpore la mesura que proviene de las expectativas frustradas tras el triunfo electoral del año pasado e incorpore el realismo manifiesto sobre cuál es la verdadera cara del contendor disfrazado de gobierno y de demócrata.
Resumido de esta forma el tiempo que medió entre el secuestro del revocatorio y el entreacto del diálogo, el próximo año se nos presenta como un nuevo viacrucis de crisis y recesión, que profundizará el descontento del venezolano y seguirá socavando las bases de sustentación del gobierno. Multiplicación de las protestas, conatos de saqueos, escenas de hambre y desconsuelo será parte de la crisis que aún nos falta por recorrer y que la oposición debe aprovechar para alcanzar su verdadera única meta mientras este gobierno lo siga siendo: ¡Elecciones ya!
Las encuestas indican que dos de cada tres venezolanos o no saben o creen que en Venezuela no habrá elecciones presidenciales en el ya no tan lejano 2018. No solo por el “sincericidio” de Maduro confesando lo que todos sabemos (que totalitarismo no va a elecciones sino para ganarlas), sino por la evidencia del secuestro de ese derecho elemental del pueblo de votar, el cual contó con la complicidad manifiesta de unas instituciones de Estado convertidas en dependencias del partido de gobierno.
Ante semejante evidencia la agenda de la Unidad debe ser una sola: recuperar el derecho al voto. Los otros puntos, la crisis humanitaria, los presos políticos, la superación de la pobreza y muchos más, deben seguir siendo planos de una lucha que ahora ha de ser múltiple, pero liderada y comandada por todos actores especializados. Nadie dice que la Unidad se va a desentender de los puntos distintos a la reconquista del voto, pero creo que ha llegado el momento de diversificar a los actores dentro de la Unidad por tipo de objetivo y contenido de lucha. Todos participan en la ejecución de las acciones, pero uno especializado por cada frente de batalla. Ha llegado la hora de compartir la responsabilidad de la lucha.
El protagonista de todas las peleas que hay que dar, para volver a ser dignos como personas y pueblo, debe segmentarse para que las responsabilidades y las fuerzas no se diluyan o se deleguen en un solo actor, llámese MUD, su secretario ejecutivo, o el líder que encabece las encuestas. Necesitamos constituir frentes, unidades responsables de las peleas diarias por la libertad de los presos de conciencia, la atención a las víctimas de la crisis humanitaria y la formulación de políticas públicas para alcanzar el desarrollo.
Sin descartar ninguna agenda, más bien segmentándolas y diversificando a nuestros líderes, al organismo que hoy concentra todas las miradas y se le achacan todas las culpas (la Unidad) se le debe asignar una sola y explícita tarea, que no es otra que la de recuperar la forma como en verdad podemos alcanzar las otras metas. En una palabra, recuperar el voto para poder botar del poder a quienes nos mantienen en esta tragedia llamada Venezuela.


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MUD : La reconexion.....Trino Marquez


MUD: la reconexión con sus bases

Trino Márquez


Luego de un año del espectacular triunfo del 6 de diciembre de 2015 para la elección de los diputados de la Asamblea Nacional, se ha producido, si no un divorcio al menos una separación entre la Mesa de la Unidad Democrática y sus bases sociales de apoyo. Hoy llueven las críticas a la conducción de los líderes opositores, incluso en grupos y analistas que durante los últimos años se han batido a favor de la plataforma unitaria en distintos escenarios: artículos de prensa, foros, programas de opinión en la radio y la televisión. 

El motivo central del cuestionamiento reside en haberse incorporado al diálogo con el gobierno, el Vaticano y los expresidentes, sin haber definido con anterioridad una estrategia coherente, sin mantener una política comunicacional transparente y sin que se encuentren en la Mesa las figuras de mayor relieve opositor. Adicionalmente, se aceptó la desincorporación de los diputados de Amazonas y se abandonó la presión de calle, incluida la anunciada marcha hacia Miraflores, y el juicio político a Nicolás Maduro, el cual, aún sin provocar consecuencias legales como la destitución, constituía un mecanismo de reafirmación de la autoridad de la Asamblea Nacional frente a ese Presidente tan inepto y arbitrario.

        Algunas de esas críticas son acertadas. La relación de la MUD y de sus representantes en las Mesas de Diálogo con el pueblo opositor ha sido errática, la información ha sido insuficiente y a destiempo. Esta falla ha creado la atmósfera para que surjan los rumores arteros y las sospechas malsanas acerca de hipotéticos acuerdos tras bastidores. No participo en esa comparsa. Cuestiono esas visiones conspirativas. No creo que reunirse con personajes siniestros como Jorge Rodríguez para planificar una tratada contra el país y la democracia sea muy estimulante. Sin embargo, no dudo de que los errores tácticos han minado la confianza y el optimismo de la gente. Se evaporó parte del desbordante entusiasmo mostrado en las marchas del  1 de septiembre y el 26 de octubre.

        Ahora se trata de recomponer el piso político de la MUD y lograr cuanto antes la reconstrucción de los canales de apoyo entre el foro unitario y los ciudadanos. No hay espacio ni tiempo para la frustración o el desaliento. La MUD necesita que la gente crea en sus líderes y la gente necesita depositar plenamente su confianza en los dirigentes de la MUD. Este doble vínculo surge de una serie de hecho irrebatibles: la crisis nacional tenderá a agudizarse con el paso del tiempo, ninguno de los indicadores que miden la calidad de vida mejorará, el colapso económico y social puede tomar cualquier cauce, la conflictividad será más intensa porque Nicolás Maduro y la gente que lo rodea y mayor influencia ejerce sobre él están atrapados por la ineficacia y carcomidos por el morbo de la corrupción.

        Ante un panorama tan adverso se necesita de una dirección unida, coherente, confiable y, hasta donde sea posible, homogénea. Por allí han surgido unas voces exigiendo la renuncia de los miembros de la MUD y su sustitución por integrantes más aptos y comprometidos con el pueblo. Estas no pasan de ser quimeras. No hay tiempo ni condiciones para emprender un proceso de renovación drástico de la MUD. Menos, sustituirla por otro organismo. Lo que la situación actual impone es demandarle a la dirigencia opositora consecuencia y claridad estratégica. La rendición de cuentas que se les pide a figuras públicas como el gobernador, el alcalde o los diputados, hay que exigírselas a quienes conducen este durísimo conflicto entre la sociedad y una camarilla arrogante que pretende mantenerse en el poder sobre los escombros económicos y morales de la nación. 

        El replanteamiento del diálogo, para lo cual el Vaticano ha sido un aliado excepcional, constituye una singular oportunidad de curar las contusiones dejadas por los descarrilamientos recientes. 2017 será un año muy duro, peor que 2016. Los demócratas y nuestros numerosos aliados en el exterior necesitamos un liderazgo fuerte capaz de ser interlocutor de la gente que reclama el cambio democrático dentro del país y de quienes  a diario nos respaldan en el resto del mundo.

        Larga vida a la MUD autocrítica y en permanente revisión de sus obligaciones con sus bases sociales.

        @trinomarquezc

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