domingo, 18 de diciembre de 2016

Chávez,...Fernando Londoño

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HAVEZ, DIECIOCHO AÑOS 

Por Fernando Londoño Hoyos 

Se cumplieron este 6 de diciembre dieciocho años desde el día en que el pueblo venezolano eligió al Coronel Hugo Chávez Frías como Presidente de la República. 

La aventura populista que Chávez representa no se emprendió por casualidad. La Venezolana era una democracia cansada, aburrida, ineficaz y corrupta. Los dos grandes partidos, Acción Democrática y Copei se repartían el poder y lo ejercían sin ideas, sin norte, sin gracia. El petróleo les daba para alimentar una inmensa burocracia incompetente, que se limitaba, con el apoyo de todos los congresos, a vivir de fiado sobre su inmensa riqueza. 

El pueblo venezolano estaba acostumbrado a esperar poco, a trabajar poco y a exigir poco. Era tanta su abundancia, que engrosaba sus filas una copiosa legión de colombianos, que ávidos de aprovechar las oportunidades que el país les ofrecía, se instalaron en los puestos y empresas productivas, luchando con humildad por los bolívares que los alimentaban y sobraban para sus familias lejanas. La inmigración era grande y fecunda para el país. Desde la segunda guerra mundial se instalaron en Venezuela, además de las colombianas, trabajadoras y de sencillo perfil, muchas familias europeas que trajeron una cultura superior, espíritu de lucha y capacidad de emprendimiento. La gran masa de los venezolanos no aspiraba a mucho, pero tampoco le ofrecieron mucho. 

El terreno estaba propicio para la demagogia que se le vino encima. Chávez ocupó los baldíos que dejaba ese cuadro de corruptelas enormes, el llamado RECADI fue una de las mayores que se recuerden en Latinoamérica, de pobreza resignada, de expectativas casi inexistentes, de desigualdades formidables. 

Y ganó las elecciones. Sus antecedentes se limitaban a una carrera militar mediocre, a cuatro ideas socialistas mal digeridas y a una motricidad verbal notable. Lo acompañaba el recuerdo fresco de un Golpe de Estado fallido, de una prisión condescendiente y de un indulto suicida para el establecimiento. No debe ser casualidad que Castro, después de Moncada y Chávez, después del fallido asalto al Gobierno de Carlos Andrés, provengan de perdones cobardes. Así es la Historia.

Para que no faltara nada a la experiencia chavista, sobrevino la bonanza petrolera más impresionante de la Historia. La fortuna que manejó Chávez excede en mucho toda la que sumada tuvieron sus antecesores caudillistas y democráticos. La suerte le regaló todo, para que no pudiera quejarse de nada.

Y a Chávez lo acabó de enloquecer la mina de oro que le entregó el destino. La oportunidad socialista era plato servido en su mesa.

Y NO HUBO VENEZOLANO QUE LO ENFRENTARA.

No se le ocurrió, como a ningún socialista, la idea de que debiera conservarse y multiplicar la riqueza para repartirla luego. En absoluto. Del Rey Midas nunca se supo que construyera empresas con su oro. De los populistas tampoco. Por eso se dedicó a repartir el petróleo de más de cien dólares, a través de sus “misiones” inagotables. Y a predicar odio contra cuantos habían amasado una fortuna, fundado una fábrica, cultivado la tierra, administrado un banco o una compañía de seguros. El capital es maldito y debe estar en manos del Estado, que en esos regímenes se confunde con el pueblo. 

Le sobraron recursos para regalar por los países del continente, más a Cuba que a todos los otros, con la única condición de que se le parecieran en su credo marxista, cuando menos populista. Ese nuevo Papá Noel se paseó por el caribe, por Centroamérica, por la Argentina, por Bolivia y el Ecuador, regalando petróleo o tomando bonos basura. Varios de sus colegas tuvieron suerte parecida, como Correa, Evo, Cristina, Lula, que creyeron que la “alteración de los términos de intercambio” sería eterna. Y a redimir al pueblo se dijo. América Latina, después de la locura de los petrodólares de los 80, repitió la hazaña con aquellas ventajas gigantescas y efímeras. 

La herencia maldita de Chávez, la conoce el mundo. Colas interminables en las tiendas para comprar, con una moneda que no vale nada, cosas que no existen. Los niños y los viejos se mueren sin la menor compasión del régimen, víctimas de todas las carencias. 

Es un genocidio monstruoso que el mundo, desde el Vaticano incluido, contempla indiferente. Los campos yermos, las fábricas en ruinas, los comercios vacíos. Y por supuesto, cómo faltaría en un establecimiento así, las riquezas insolentes de la gran Nomenklatura, de los militares que aprovechan, de los cómplices que medran.

No se tenga por la memoria de Chávez la compasión que no merece. Maduro no es un accidente. Ese tipo de regímenes necesita mequetrefes así, para seguir tapando con montañas de basura retórica todas sus miserias y para mantenerse en el poder, lo único que importa, con las cárceles llenas, la sangre que corre por las calles, la mordaza que tapa la protesta. 

Hace dieciocho años empezó esta tragedia. ¡Y saber que nos quieren repetir la dosis! Que 

No vale "Taima". Mackey Areas



No vale “ taima”


Referencial / Agencias
Hay quienes se sorprenden porque, en medio de los procesos de diálogo, se mantengan las amenazas, la arbitrariedad y las posiciones enfrentadas. Pero el asunto es así. Si por el solo hecho de sentarse alrededor de una mesa los problemas cesaran pues ya no habría necesidad de ella. No hay magia en esto sino habilidades y claridad de objetivos. Durante las conversaciones que por décadas sostuvieron los gobiernos colombianos con la guerrilla era, justamente, cuando recrudecían los atentados, secuestros y las voladuras del célebre oleoducto Caño Limón-Cobeñas. Hay innumerables ejemplos de diálogos y acuerdos en la historia que parecían imposibles pero ocurrieron, no sin antes, por supuesto, demostrar igualmente que son procesos complejos, dolorosos y a veces lentos.
Impensable el que los Castro mandaran en Cuba por medio siglo y den un vuelco al país en un par de meses. Como impensable es el haber permitido a un gobierno cargarse la Constitución por casi dos décadas y pretender que un par de sentadas arrojarán resultados.
No obstante, parados donde estamos, hay que definir objetivos y adecuar estrategias. Ante todo, sincerar lo que se busca, si el fin de las penurias para este país o poner el pie en un escalón más alto para ganar ventaja política.
Tal vez lo primero sea encontrar la manera de que la oposición no se parezca más a ese exasperante juego de fútbol americano donde el infeliz del balón no logra avanzar un centímetro porque todos le caen encima para frenarlo.
Tal vez lo segundo sea no poner el acento en lo que no se hizo o se hizo mal y apuntar al próximo paso sin quitar el dedo de ese renglón. Por aquello de que es más importante perder la guerra que una batalla. Más de una vez hemos tenido que retomar la ruta que, entre berrinches y pataletas, hemos abandonado. En criollo se llama "tanto nadar para morir en la orilla". Aunque esto no es una guerra en toda regla, más bien una irresponsable reyerta entre cúpulas.
Cuando se cuestiona a la MUD su exceso de diatriba intestina, el argumento es que disentir entre ellos no es malo porque es signo de pluralidad y marca diferencia con el gobierno hegemónico. Cuando se cuestiona a los que cuestionan a la MUD, el argumento es que tienen derecho a la crítica, a menos de que la MUD se haya contagiado del silencio que quiere imponer el régimen. Pues cierto es también que quienes difieren de unos y de otros -la mayoría del país no alineada- tengan espacio para terciar y sean escuchados, no satanizados y atropellados. No en balde el Cardenal Porras, desde el Táchira, alertó sobre una oposición que se coloca "de espaldas a lo que el país desea". Pedir al Papa y al mundo que nos arreglen los entuertos sin siquiera presentar una cara coherente es, por lo menos, confuso.
Tal vez lo tercero sea pensar que estamos ante una de las fases más peligrosas que hayamos vivido como sociedad y que, mientras tengamos espacio para la civilidad, más nos vale aprovecharlo. Tenemos una presencia que no despreciaron muchos países en situaciones de conflicto: la Santa Sede. La historia enseña que tras las refriegas, si queda gente viva, se sientan en una mesa. Y eso es la sinrazón y el descrédito de todos los enfrentamientos. En un cuadro de violencia múltiple como el que vivimos en Venezuela, desdeñar sin más otros entarimados es dar luz verde a la anarquía. El liderazgo luce sobrepasado y eso es de alto riesgo.
Se proclama que el diálogo fracasó sin siquiera haber calentado asientos. Se ofrecen cifras sobre la pérdida de puntos de la oposición, como si de reseñar una victoria se tratara. Se grita a los cuatros vientos que el gobierno fue el más hábil. No se parece eso peligrosamente a lo que llaman “colaboracionismo”?
Cuando se instala una mesa, en medio de grandes desconfianzas y lógicas reservas, se piden mutuas muestras de buena voluntad. No ir a Miraflores era una de ellas y, gracias a que cumplió, la oposición es la que ha quedado mejor posicionada en esta volada y hoy puede decir que no vuelve hasta que el otro no cumpla. Ante cualquier ojo, es el gobierno el que dinamita el diálogo lo cual puede facilitar opciones que ni siquiera imaginamos y que, es posible sospechar, se están incubando lejos de este plató.
Pero la paradoja, lo inconcebible, es que son los propios factores de oposición los que cantan ganador a Maduro y al gobierno. Disparate suicida. Maduro lo que hace es intervenir descaradamente en un evento del cual no forma parte. Y no hay quien le ponga el cascabel a ese gato. En este país presidencialista eso adquiere dimensiones de siniestro saboteo. El diálogo no puede, como previno el periodista Manuel Felipe Sierra, convertirse en una especie de stand-up comedy. Una extravagancia de puede costar muy cara.
Otro melindre es pretender que se ha ordenado abandonar la calle. No ir a Miraflores no significa dejar la calle. Hay que mantenerla tanto como el gobierno mantiene sus abusos contra la gente e ignora sus compromisos. Es el pulseo que acompaña estos desarrollos terminales. Lo que pasa es que la calle plantea retos definitivos y hay quienes la temen pues no sabrían qué hacer con ella. Lo otro es calistenia y de eso ya tuvimos bastante. De nuevo allí el dilema de un objetivo claro. Hay quienes espolean la calle pero que otro monte al potro, que otro sea el que caiga al asfalto; hay quienes la evitaron cuando podían convocarla; y hay quienes prefieren no dar protagonismo a la sociedad sino mantener la atención sobre los devaneos de políticos de mucho foco y pocas luces.
El momento reclama algo más que una élite política que a ratos parece no haber entendido nada, que permanece inmadura y que vive enganchada en sus propias contradicciones. Esto configura un escenario potencialmente catastrófico tanto para el gobierno como para la oposición. Podría avecinarse un trazado parecido al que han padecido las sociedades previo a las grandes rupturas, hostilidades y hasta guerras: un país político completamente alejado del país nacional.
Historiadores y politólogos han recomendado, como tarea urgente para la oposición, recuperar la confianza. La Unidad Democrática debe reestructurarse y superar lo electoral. Pero es más cómodo culpar al Papa, al abuelito o a Serafín de nuestros errores, de que el gobierno se burle y nos haga la vida de cuadritos. Hay analistas y hasta periodistas veteranos que mantienen la proa contra El Vaticano lanzando acusaciones y estimulando suspicacias que bien podrían dirigir contra el verdadero adversario. No cabe duda de que esta coyuntura ha dejado ver los pies de barro de mucho caudillo mediático, de mucho gurú en red que solo ha resultado corifeo fanático.
El gobierno está en una apremiante encrucijada que, en nuestra jerga, se resume así: o corre o se encarama. Hoy se le ofrece una tercera posibilidad, negociar. Pronto no tendrá otra opción. Considerarla es lo más cuerdo, habida cuenta de que, como poder, es la parte que más debe aportar a este procedimiento. Sectores claves del oficialismo temen que la terquedad de los radicales se los lleve por delante. Se saben rehenes del extremismo más temerario. Lo conversan y lo rumian. En cualquier momento implosionan y el antecedente está en el consejo más prudente de nuestra historia reciente: “General, vámonos que el pescuezo no retoña”.
El gobierno no va a cumplir si una acción concertada,  consistente y permanente del otro lado no se pone en marcha, paralela a cualquier disposición de diálogo o negociación. Eso está claro. Siempre lo estuvo. Los motivos por los cuales no se actúa en esa dirección deben reptar por los recovecos de la política minúscula.
La culpa no la tiene el Vaticano, ni la gente que disciplinadamente ha salido cuando se la ha convocado, que ha votado cuando ha sido menester, que ha puesto muertos y que ha llevado la peor parte. Una enciclopedia podríamos escribir con las lecciones que esta sociedad ha ofrecido. Ni siquiera los negociadores más cuestionados son los culpables. Eso también lo tiene claro el ciudadano que mucho ha aprendido a lo largo de estos duros años. Por eso no coge calle sino cuando huele a filas cerradas entre la oposición, como el 9S. Llegará el momento en que cobrará por tanta pugna intestina y estéril. "Distinguir para unir", escribió el gran intelectual francés Jacques Maritain. No distinguir para liquidar. Por eso el gobierno apuesta a la división. Ese es el juego. Le tiene pánico a la calle. Y no puede haber taima ni distracción hasta que se logre el objetivo que tantas veces la Iglesia venezolana ha dibujado con nitidez: desmontar un proyecto moralmente inaceptable y volver a la reinstitucionalización del país. Puede ser en breve tiempo o resistir varias paradas y sentadas. Y esa balanza sí que la puede inclinar decisivamente la oposición. Lo otro es soltar a los demonios.
La mesa dará lo que tenga que dar. La sugerencia es ir preparando lo que sigue…-





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La importancia del juicio.....Trino Márquez

LA IMPORTANCIA DEL JUICIO POLÍTICO

Trino Márquez


El gobierno de Nicolás Maduro es enemigo del bienestar económico, del diálogo, el entendimiento y la paz. Actúa como provocador permanente que abusa del poder con el fin de desquiciar la tranquilidad e irritar la paciencia de los venezolanos. 

En plena fecha navideña, cuando los billetes de cien bolívares  -que en cantidades industriales el gobierno mandó imprimir para pagar aguinaldos y utilidades- giran por todo el territorio nacional, ordena su retiro Las justificaciones, todas absurdas, no logran ocultar la agresión contra la gente más humilde, aterrorizada ante la posibilidad de perder el escaso efectivo en sus manos. ¿Había necesidad de semejante atropello? Desde luego que no. Solamente a un personaje que no puede seguir el ritmo del país, ni de la salsa,  podía ocurrírsele semejante disparate. La salida de circulación de esos billetes no desbarata las mafias que se pretende combatir, y mucho menos reduce la inflación galopante desatada durante los últimos meses. Los únicos perjudicados por esta medida atrabiliaria han sido los venezolanos. El abuso  está pagándolo caro. Su popularidad perforó el subsuelo. Es el mandatario más rechazado en la historia patria.

El diálogo fracasó por la tozudez de Maduro. No cumplió con ninguno de los compromisos contraídos en la Mesa de Negociación. Los presos políticos siguen encarcelados, las medicinas no han llegado porque el gobierno se niega a autorizar su ingreso y la Asamblea Nacional sigue siendo ignorada y agredida. El diálogo, en el cual mucha gente vio un mecanismo para resolver, o al menos atenuar, los graves conflictos existentes, fue dinamitado por Maduro y su gente. Si en el país se desencadena un estallido social de enormes proporciones, el único responsable será el gobernante. En sus manos estuvo la posibilidad de atenuar el conflicto y lograr un entendimiento con la MUD que permitiera resolver en paz las tensiones. El clima de inestabilidad se mantendrá. De nuevo en Venezuela fracasó el socialismo, la máquina más eficiente de generación de miseria y destrucción de la libertad. Maduro y sus adláteres no muestran ningún signo de cambio. Todo indica que persistirán en acentuar el modelo. La confrontación resultará inevitable. 

Las fricciones entre el Ejecutivo y la Asamblea entraron en  la zona de colisión. El bufete de Maduro, el TSJ, se convirtió en el ariete para demoler las paredes del Parlamento. Fue una provocación irresponsable ratificar a Socorro Hernández y a Tania Damelio en el CNE, luego que la AN había cumplido con todos los trámites legales para el nombramiento de los nuevos rectores y que esta designación formaba parte de los acuerdos iniciales de la Mesa. 

Se trata, desde luego, de la respuesta del régimen frente a la decisión de la bancada opositora de reiniciar el juicio político contra Nicolás Maduro. La validez del juicio resulta incuestionable. La iniciativa se congeló al iniciarse el diálogo. Al este interrumpirse por la impudicia del régimen, lo más lógico era que el proceso se reiniciase. Maduro es el primer y principal funcionario público del país y es susceptible de que se le aplique lo establecido en el Artículo 222 de la Constitución. Su responsabilidad política en el caos que impera en la nación y en la miseria que vive la mayoría de los venezolanos resulta inocultable e intransferible. En él recae la culpa principal de lo que sucede. Tiene que ser enjuiciado por el órgano que representa la soberanía popular y posee la legitimidad para hacerlo. La AN está comprometida a reafirmar su autoridad ante un mandatario que la acorrala y atropella de forma continua. No hacerlo sería incumplir con sus obligaciones. El pueblo votó por los diputados opositores para que controlaran, balancearan, el inmenso poder acumulado por el Presidente. Esa fue su forma de expresar el descontento frente al régimen. Si se hubiese sentido complacido con el desempeño del Ejecutivo, habría sufragado por sus candidatos, quienes, de paso, recibieron todo el apoyo de los organismos oficiales. 

Maduro y su gobierno son enemigos jurados de Venezuela. Para enfrentarlos y vencerlos la MUD debe realizar los ajustes que permitan corregir los entuertos. 2017 será un año difícil. Hay que conseguir una victoria electoral categórica. La próxima meta será triunfar en las elecciones para gobernadores o adelantar las elecciones presidenciales. Para alcanzar cualquiera de las dos metas se requiere la unidad plena. Sólo con ella se vence a los enemigos poderosos.

@trinomarquezc

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Un camino para Venezuela Rafael Pinto


Un camino para Venezuela

Rafael Pinto
16 Diciembre, 2016
Venezuela se encuentra atrapada entre dos “tableros”, uno, el régimen, que ha venido secuestrando su dignidad en procura de su sometimiento y el otro, el liderazgo opositor, quien aspira ser la llave que resuelva las penurias. Sin embargo, mientras el régimen aprieta la mano asfixiando las libertades y bienestar ciudadano, la oposición no muestra salidas creíbles, este es el problema.
Todo el liderazgo opositor tiene un objetivo común, salir del régimen por la vía electoral. El trauma se centra en cómo llegar a ella, y ahí está la diferencia. Mientras un sector se muestra acorde con usar la vía del diálogo y en medio de la puja poner al régimen en la situación que se vea forzado a aceptar las elecciones; el otro defiende la tesis de la presión de calle hasta ponerlo contra la pared, para una vez ahí se vea forzado a facilitar la salida electoral.
Como se aprecia, ambos sectores se inclinan por la vía electoral la cual descansa en las manos del CNE, institución sometida al régimen, quien sabe que de llegar a elecciones las perdería, lo cual obliga a salir del poder y con ello entregar privilegios y la protección que ese poder les ha venido dando. Vale decir que públicamente se han hecho señalamientos de corrupción (entre muchos el caso pudreval) y de narcotráfico (como lo es el caso del cartel de los soles) los cuales merecen investigación a objeto de determinar su veracidad y responsabilidades. En todo caso su ocultamiento y el evitar averiguaciones genera la tesis de que algo no se quiere afrontar, por lo que la pérdida del poder, el cual cubre estos y otros señalamientos lleva a concluir que confirmada la hipótesis, esa pérdida del poder expondría a juicios a unos cuantos, tanto del mundo civil como el militar, lo que podría significar pasar de la realidad VIP a una celda, y ello lo van a evitar por todos los medios.
De ser así, la lucha opositora es estéril, por cuanto la vía electoral descansa en la voluntad del régimen quien, en virtud de los que tiene en juego, no está dispuesto a concederla ni siquiera en condiciones desfavorables extremas. En este sentido el régimen tiene ventajas naturales, la oposición obra para evitar un estallido social, algo totalmente razonable, por lo que es de esperar que al estar cerca el país de una realidad como esa, sus líderes se desdoblarán por frustrarlo, lo cual limita su capacidad de maniobra, entonces al llegar al punto del aguante social parará, lo que beneficia el objetivo del régimen. La oposición se encuentra entrampada en su realidad y luce desorientada.
Mientras la mayoría del país sufre una realidad miserable, el régimen toma medidas para empeorar la situación, y ello ha puesto contra la pared al liderazgo opositor que no atina en mostrar una ruta de solución. La ruta electoral está obstruida por las manos de los únicos que tienen la posibilidad de destrabarla y no lo van a hacer, el país gritando a la MUD que muestre estrategias creíbles para superar la crisis, y la pasividad hace que se erosione la confianza que una vez se depositó en ella.
Venezuela necesita una salida pacífica y electoral, que no se dará con el actual CNE. Por eso la oposición tiene que darla al margen del parecer de las instituciones oficiales. Por eso hay que poner la decisión en manos del pueblo, saltando por sobre los candados que le han puesto. De ahí que en esta columna, de la pasada semana, se propuso una que consistía en hacer que la Asamblea Nacional elija los cincos rectores del CNE, que constituirán un órgano electoral no paralelo y si adaptado a la norma constitucional. Es de hacer notar que todos los rectores actuales fueron designados por un órgano no facultado para ello, por lo que su situación es ilegítima o a lo menos accidental, con la designación por parte de la AN recupera el CNE su correcta condición jurídica. Luego ese CNE, disponiendo de recursos que extraordinariamente el ciudadano ponga en sus manos, llame a elecciones. Claro la institucionalidad oficial las desconocerá e identificará como ilegítima mientras que la oposición las señalará como correcta. Entonces que sea el país quien califique.
Ante este escenario, si la población se suma al llamado electoral y participa en él, lo legitima, si por el contrario el país le da la espalda, queda todo en manos de lo que el régimen establezca. Mas que sea el pueblo quien determine.
Ante esta acción la oposición nada pierde, por cuanto ya poco falta al régimen para disolver la actual AN y volver a apoderarse de todo el control. Entonces, dar el paso hoy es sensato. Y si tiene mucho que ganar, por cuanto, como están las cosas, el apoyo popular será masivo, a lo que se podría sumar el escenario internacional al ofrecerle la ruta electoral como la salida.
Este es un camino para Venezuela.

viernes, 16 de diciembre de 2016

El sepelio prematuro....Jean Maninat

EL SEPELIO PREMATURO DE LA MUD



                JEAN MANINAT

Las corrientes adversas a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), han hecho su agosto en diciembre: diagnosticaron -una vez más- la caducidad de la plataforma unitaria, han exigido sepultarla de acuerdo al culto que cada quien profesa, incinerarla aun si respira y se mueve. Primero aniquilamos a la MUD, luego vemos qué hacemos con el gobierno, parece ser su leitmotiv.
(Sea dicho de paso, quien tenga críticas fundadas a la mesa por su comportamiento reciente y las haya hecho públicas, como es su derecho, no se sienta concernido, no es con usted. Nos referimos a los “Mudrricidas”, a quienes dedican parte sustancial de su quehacer opositor a infamar, enlodar, minar, a la organización opositora que más logros ha tenido en la lucha por la recuperación democrática en los últimos años).
Estos días deberían ser propicios -a pesar de lo estrepitoso que se anuncian- para que la MUD realice un ejercicio de contrición, o de reflexión, laicamente dicho; una pausa para retomar el pulso político y la iniciativa que se tuvo hasta llegar triunfante al 6D de 2015. Ya no basta con hacer votos unitarios, hay que concretarlos con obras, que son amores; fijar reglas de juego claras y acorralar un discurso común que vuelva a entusiasmar a la gente, en medio de muchas  discrepancias, algunas de peso, pero no irreconciliables.
Es evidente que en la oposición, que se reconoce en el esfuerzo unitario, hay una contienda por el liderazgo. No podría ser de otra manera, y es pueril intentar negarlo. Es consustancial a su condición democrática y es una diferencia que la debería distinguir de la opacidad represiva del neochavismo gobernante. Los nombres trotan, se vocean públicamente, las encuestas reflejan los centímetros que cada uno ha ganado en el esfuerzo; cada quien carga su preferencia en el monedero junto al último billete de a cien; o en la cartera, entre llaves, bolígrafos, la foto de los muchachos y la estampa de la Virgen que los guarda de todo mal. No hay que negarlo, menos hurtarse tras el rimbombante: “mi prioridad es el país, no quiero mando, sólo un puesto de lucha”.
Buena parte de los últimos desencuentros entre la oposición democrática tienen que ver con esa falta de claridad, de esa ausencia de ánimo para adelantar lo que es una aspiración natural, para propiciar un proceso que necesita de una voz que congregue, de un programa común que aglutine, de un envión unitario en el que se reconozca el país inconforme.
La MUD ha sido un esfuerzo, en medio de circunstancias extremadamente adversas, que merece nuestro apoyo. Sus falencias, no abruman sus méritos. Encontrará de nuevo su tempo, será exigida por las circunstancias, se equivocará y acertará  como le suele pasar a toda organización regida por humanos. Como sucede con los equipos deportivos, en los éxitos todos saldrán a retratarse en la tarima, en los tropiezos, los aprovechados de siempre se pondrán otra camiseta para abuchearla desde la acera de enfrente. Eso sí, siempre a nombre de la Unidad.
Ya veremos cómo regresa del desazonado asueto que se anuncia. Será un enero diferente al que dio inició a este año, qué duda cabe, pero encajadas las lecciones, lamidas la heridas, y elaborados los sinsabores, quienes dirigen a la oposición unitaria están obligados a regresar con una política común, seriamente asumida, que aglutine a la diversidad y le ofrezca al país mayoritariamente descontento una opción de nuevo triunfadora. No tienen escapatoria.
De ser así, los sepultureros de la MUD, de lado y lado, se quedarán con el velorio hecho.
(Gracias por la lectura y la paciencia. Todo lo mejor y nos reencontramos en enero).
@jeanmaninat





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