martes, 24 de febrero de 2015

Hay que hacer algo Angel Orpeza

ÁNGEL OROPEZA Hay que hacer algo autro image 24 DE FEBRERO 2015 - 00:01 25 Enviar por mail Imprimir Rectificar Frente a la crisis económica que azota a casi todos los venezolanos, hay para el gobierno sólo 3 opciones posibles. Una, negarla. Otra, reconocerla y buscar la forma de superarla. Y la tercera, inventar otra crisis que le compita. La primera opción ya la intentó, pero el tamaño de las penurias de la gente sobrepasó cualquier pretensión de desconocerlas. La segunda es imposible, pues requeriría que el gobierno haga cosas que simplemente no sabe hacer. Dada su mentalidad primitiva, había que optar por la tercera. Así, la única forma de atenuar los impactos y el descontento por la crisis económica y social, era generando una crisis política que compitiera con aquella. Y nada mejor que jugar a proscribir a la Oposición democrática, encarcelando y amenazando a varios de sus principales dirigentes, no sólo para darle algo de credibilidad al fabricado cuento del golpe de estado, sino para buscar que la política se juegue en el único terreno donde el gobierno no es hoy débil: el de la confrontación violenta. Porque esto hay que repetirlo: el oficialismo pierde hoy en votos y en pueblo, pero no en fuerza bruta. Por eso su insistencia en provocar que la Oposición abandone el camino de la organización popular para que caiga en el único espacio –el de la violencia- donde se concentra su fortaleza. Caer en ese juego no es sólo poco inteligente, sino criminal. Sin embargo, la legítima indignación clama por “hacer algo”. Por supuesto, esta exigencia por “algo” encubre el desconocimiento, la mayoría de las veces involuntario, sobre las cosas que se hacen todos los días en los barrios, pueblos y caseríos del país en términos de organización popular y acompañamiento ciudadano. Aquí, el bloqueo informativo que ha impuesto el gobierno a la mayoría de los medios de comunicación ha cumplido con creces su objetivo. Pero, reconozcámoslo, lo que falta por hacer supera en mucho lo que se ha hecho. Ciertamente entonces, hay que hacer algo más. Y la respuesta a ese “hay que hacer algo” está en que todos, sin excepción, tomemos la calle. Ahora bien, ¿eso qué significa en la práctica? La calle no es sólo una porción de metros cuadrados de asfalto. Ni tampoco el combate de calle se reduce a la presencia física masiva –necesaria, legítima y conveniente por lo demás- en labores de protesta o movilización. Esta última es apenas una parte importante de la tarea, pero no toda ella. Por eso hemos insistido desde hace tiempo en complementar, reforzar y migrar de esta concepción restringida, a una noción de “calle” entendida como “actitud política”, que se traduce en “politizar la cotidianidad”. La “calle”, en sentido amplio, es asumir que en cualquier actividad que desarrollemos y donde quiera que estemos, nuestro deber es convencer y seducir a quien piensa distinto, solidarizándonos con su problema pero ayudándole a entender qué y quienes están detrás de su desdicha. La “calle” es una actitud de apostolado permanente, que consiste en nunca dejar de hablar, de denunciar, de convencer, de conquistar gente para nuestra causa. Por distintas razones, no todos pueden estar en las siempre necesarias actividades políticas de movilización física. Pero si todos asumimos “actitud de calle” –en el sitio de trabajo, en el mercado, en las colas, en la universidad, dentro de las empresas, en el autobús o al interior de las organizaciones populares- nos convertiremos en un poder social indetenible y poderoso. El gran reto de la “calle”, entendida como actitud de politizar nuestra cotidianidad, es ayudar a transformar el enorme descontento social en fuerza política. Pero ello pasa por que la mayoría entienda la asociación de sus problemas con el gobierno y su fracasado modelo. Y pasa también por ayudar a desmontar la polarización artificial entre venezolanos y a procurar, en nuestro entorno inmediato, el acercamiento de todos los afectados por esta tragedia devenida en gobierno, no importa sus creencias o la orientación de sus simpatías. Eso es la calle, y eso es hacer algo. TE PUEDE INTERESAR Gobierno pagó entierro de dos jóvenes asesinados en Catia Gobierno pagó entierro de dos jóvenes asesinados en Catia Equipo virtual: 5 claves para que funcione Patrocinado Equipo virtual: 5 claves para que funcione (NubeloBlog) E-commerce ¿Qué perfiles necesito? Patrocinado E-commerce ¿Qué perfiles necesito? (NubeloBlog) ¿Cómo luce ahora Emma, la hija de Rachel y Ross en Friends? ¿Cómo luce ahora Emma, la hija de Rachel y Ross en Friends? Contratación freelance ¿Necesito un acuerdo de confidencialidad? Patrocinado Contratación freelance ¿Necesito un acuerdo de confidencialidad? (NubeloBlog) Trabajo 3.0: qué es, cómo funciona y cómo iniciarte Patrocinado Trabajo 3.0: qué es, cómo funciona y cómo iniciarte (NubeloBlog) recomendado por

lunes, 23 de febrero de 2015

Antonio Estevez con la batuta Hector Corro I.

11 - Antonio Estevez con la batuta Fue un 17 de septiembre de 1937 . En Santa Cruz de Aragua , hacia 8 dias había fallecido, de un derrame cerebral, mi papa. Mi papa murió el 8 de septiembre,dia de la Patrona de Santa Cruz, La Virgen de Monserrat. Serian las 7 de la mañana cuando se apareció el Padre Francisco Javier Peña para llevarme a estudiar a Calabozo. El chofer del carro se llamaba Antonio Tablante. Pasamos por San Juan de los Morros recogiendo otros pasajeros. La carretera, entonces de tierra, pasaba por El sombrero, Palenque, La Misión de Arriba, y como a las 10 de la noche llegamos a Calabozo. Era la época de lluvias y cada rato el carro se pegaba y los pasajeros nos teníamos que bajar para empujar. Calabozo tenía el aspecto de una ciudad colonial, vieja, tradicional y de edificaciones muy hermosas. Hasta 1934 había sido la Capital del Edo. Guarico. En ese año la Capital fue trasladada a San Juan de los Morros, un sencillo pueblo que había pertenecido al Edo. Aragua y que el General Gómez lo había transferido al Edo. Guarico, a cambio de los pueblos de Barbacoas y Camatagua que eran de Guarico y en lo sucesivo serian de Aragua. Y, ¿a que se debía esa decisión? La gente decía que era una venganza de Gómez. Años atrás el guerrillero, Emilio Arévalo Cedeño, con la colaboración de la juventud de Calabozo, había tomado la ciudad y hecho preso al Gobernador. Gómez envió tropas a Calabozo y recupero la ciudad. Se comentaba que Gómez había dicho: la culpa no es de los jóvenes, la culpa es de toda la ciudad; por eso les voy a dar un castigo que les va a doler mucho mas que si pusiera presos a esos jóvenes que han colaborado con Arévalo Cedeño. Asi que Calabozo no fue mas la Capital del Edo. Guarico; lo fue y sigue siendo San Juan de los Morros. Calabozo, a pesar de su abolengo y aspecto señoral, era una ciudad triste. Por las noches se medio alumbraba con una planta movida por carbon que se prendía a las 6 de la tarde y se apagaba a las 10 de la noche. La gente decía que por las calles, de noche, salía la sayona y se oía rebuznar a los burros y relinchar a los caballos. Sin embargo, la educación era, para su época y nivel, muy buena. Existían varias escuelas oficiales y dos colegios privados: el San Vicente de Paul, para varones, patrocinado por el Sr. Obispo de la Diócesis de Calabozo, Monseñor Arturo Celestino Alvarez y dirigido por los Padres Paules; el otro para hembras, el Colegio Las Mercedes, patrocinado por Monseñor Enrique Rodríguez Alvarez, sobrino de Monseñor Alvarez y dirigido por las Hermanas Dominicas. Al llegar a Calabozo me hicieron un examen y me inscribieron en tercer grado. Los dias felices de mi infaincia en mi sierra del Guarico habían terminado. Ahora tenía un gran compromiso : estudiar, estudiar, estudiar...... Entre el Colegio de las Mercedes dirigido por las Hermanas Dominicas y el Colegio San Vivente de Paul, dirigido por los PP Paules, se había creado una sana competencia : quien era el mejor. Recuerdo que cuando yo me iba a graduar de sexto grado, hubo un debate publico con un jurado calificador. Por el Colegio Las Mercedes se presento Amanda Ramos, y por el Colegio San Vicente estuve yo. El veredicto del Jurado fue de empate. Entonces yo pedi al Jurado que le dieran el premio a Amanda Ramos, y asi se hizo. En el Colegio Las Mercedes estudiaba La Nena Estevez, hermana de Antonio Estevez, quien siempre actuaba en todas las actividades teatrales que presentaba el Colegio. Allí estudiaban las hermanas Troconiz hijas del Coronel Troconiz, Director de la Policía de Calabozo. Por cierto, que una de ellas, Carmen Belén se caso con Octavio Viana González y entre otros hijos fueron los padres del Dr. Octavio Viana Troconiz, muy querido y respetado en Calabozo, muerto a temprana edad cuando era Alcalde de Calabozo. Un buen dia Monseñor Alvarez me hizo llamar al Palacio Episcopal. Quería presentarme a unos amigos de apellido Mier y Terán que le habían dicho que eran amigos de mi papa. Cuando me fui, Monseñor Alvarez me dijo que le dijera a los Padres del Seminario que el quería que yo fuera su monaguillo, y asi fue. En el Seminario, además de las materias que estudiábamos en el Colegio San Vicente, teníamos que estudiar griego y mucho latín. Además estudiábamos música, me refiero a solfeo y lectura de música. Si mal no recuerdo, fue para la Semana Santa de 1940, Antonio Estevez, ya un músico consagrado, le ofreció a Monseñor Alvarez que, si el no tenía problema, para que en esa Semana Santa se pudiese interpretar, en la Catedral de Calabozo,el " Popule Meus" de José Angel Lamas. Por supuesto que Monseñor le dijo que si. Antonio, armo un coro con alumnos de los Colegios San Vicente y Las Mercedes. Algunos no sabían nada de música otros ya teníamos alguna idea . A mi me selecciono para formar parte del Coro. Lo cierto fue que se interpreto el "Popule Meus" de José Angel Lamas, y yo cante, llevando la batuta ANTONIO ESTEVEZ. Caracas, 2 de marzo de 2013. Hector Corro I. Serie : RECUERDOS Enviado desde mi iPad

domingo, 22 de febrero de 2015

La tormenta perfecta Sergio. Ramirez

La tormenta perfecta 39 Enviar por mail Imprimir Rectificar SERGIO RAMÍREZ 22 DE FEBRERO 2015 - 12:01 AM Hace años, a comienzos de los 2000, en un hotel de Maracaibo donde debía presentar mi libro Adiós muchachos, me tocó ver el ir y venir de los participantes a un entusiasta cónclave de partidarios del comandante Hugo Chávez, recién llegado entonces a la presidencia, que se celebraba en otra sala vecina, todos de boinas y camisas rojas, broches en las boinas e insignias en las camisas, y todos con rostros sonrientes y entusiastas, como si acabaran de atrapar el futuro y no estuvieran dispuestos a soltarlo. Para entonces yo ya venía de vuelta de mi propia revolución en Nicaragua, y precisamente en aquel libro de memorias contaba mis experiencias, un libro lleno de nostalgias por lo que pudo haber sido y no fue; y para quien quisiera leerlo buscando lecciones, que yo no me proponía dar, también estaba lleno de advertencias acerca de los errores y equivocaciones que una revolución incuba desde el primer día, a lo mejor sin proponérselo, pero que indefectiblemente conducen a la fatalidad. Hay diferencias notables entre ambos procesos históricos, la primera de ellas que nosotros habíamos derrocado una dictadura familiar de larga data, haciendo tabla rasa del antiguo régimen, y en Venezuela el sistema democrático se había agotado, agobiado por la corrupción, lo que había dado paso a que las esperanzas se fijaran en Chávez, cuya figura había venido creciendo tras un fallido golpe de Estado. Pero la parafernalia revolucionaria que él desplegaba era muy parecida, en el discurso y en los símbolos. Y esa vez, mientras escuchaba al otro lado del tabique corear las ardorosas consignas bolivarianas, me invadía un sentimiento confuso en el que se mezclaban mis recuerdos de cuando los diques se rompen, se sueltan las aguas caudalosas y entonces todo parece posible; mi respeto por la devoción con la que aquellos militantes improvisados, de diversas edades, compartían aquel sueño que creían realizable; y la voz que por dentro me decía que esa película yo ya la había visto. Aunque, por supuesto, no iba a cometer la arrogancia de meterme al salón donde sostenían su seminario, o taller, no sé qué cosa sería, a advertirles que sabía cuál era el final, porque yo lo había vivido. Para entonces ya sabía que lo mejor de una revolución que alza su vuelo mesiánico ocurre el primer día, cuando se puede ver el mundo desde la altura, tan pequeño que se piensa que la empresa de transformarlo no tendrá mayores obstáculos, y que lo peor empieza al mismo día siguiente, cuando se decide que los sueños necesitan un reglamento. Y los sueños reglamentados, se vuelven siempre pesadillas. Es cuando el socialismo redentor empieza por acaparar la verdad absoluta, y para entrar en el reino de los justos se necesita del carnet, una estrecha vía de acceso exclusiva para quienes piensan de la misma manera, o fingen que piensan de la misma manera, que es la manera en que piensa el caudillo. Es cuando el romanticismo revolucionario se convierte en un método, y los sueños de cambio entran en un rígido orden burocrático. Cuando toda voz o pensamiento distinto se castiga primero como disidencia, y luego como traición. Cuando todos los errores que se cometen por estulticia burocrática, o por estrechez de miras, se achacan al infaltable imperialismo. Ya había aprendido para entonces en mi propia experiencia algo que una vez escuché decir a Lula da Silva en Managua, cuando nosotros ya habíamos perdido la revolución y él seguía aún intentando ser presidente de Brasil: y es que el gran error de la izquierda, un error estratégico, era pensar que la democracia se dividía en democracia burguesa y democracia proletaria, cuando lo que existía era una sola clase de democracia, sin apellidos. Aquellas palabras desafiaban el dictum de exclusión que sigue caracterizando a la izquierda populista de América Latina en el siglo XXI, y que solo revela un sentimiento primitivo profundo, que es el de sentirse dueño exclusivo de la verdad: el dictum que divide al mundo entre feligreses y traidores. Para pertenecer a la fila de los buenos, hay que ponerse la camisa roja. Bajo esta concepción simplista, todos los que no rezan el credo que el caudillo y su camarilla dictan están destinados a ser silenciados, o a pasar el resto de sus días en las prisiones políticas que el Estado redentor establece en beneficio de la sanidad ideológica, y de la permanencia sin fin de los mismos en el poder, ellos, sus esposas o sus hijos. Cuando alguien se considera dueño exclusivo de la verdad, y tiene en el puño las llaves del paraíso donde los justos con carnet deben vivir hacinados, todo lo malo que ocurra dentro de las fronteras cerradas de ese paraíso será culpa de quienes se niegan a ponerse la librea ideológica. Porque para quienes dictan la regla no es posible advertir que esa regla está fundamentalmente equivocada. Mientras la regla excluya el consenso, mientras el sistema que todo lo quiere monopolizar niegue espacios de convivencia, mientras la democracia siga teniendo apellidos, mientras desde las tribunas oficiales se siga predicando el discurso obsoleto de que el pueblo está formado solo por los partidarios del régimen, y todos los demás, cualquiera que sea su condición económica, aun los más pobres, son la derecha aliada del imperialismo, la tormenta seguirá acumulando nubes oscuras hasta convertirse en la tormenta perfecta. Y el ogro burocrático, frente a la imposibilidad de lograr que la sociedad funcione con la normalidad pacífica que se necesita para la vida diaria, alimentos, medicinas, servicios básicos, lo único que puede hacer es ponerle más cercos a la libertad. Dictar más leyes y más reglamentos de control, más medidas de represión, confiscar más supermercados y farmacias, buscar más culpables, cuando la culpa está en el sistema mismo, que agotó hace tiempo sus sueños, y solo conserva y multiplica sus pesadillas. Los sueños mesiánicos comienzan siempre con grandes discursos y terminan en grandes colas. www.sergioramirez.com www.facebook.com/escritorsergioramirez http://twitter.com/sergioramirezm TE PUEDE INTERESAR Una celebración polémica en el fútbol Una celebración polémica en el fútbol Brownfield: Hay pruebas de funcionarios en narcotráfico Brownfield: Hay pruebas de funcionarios en narcotráfico Dirigentes se suman a acuerdo de transición Dirigentes se suman a acuerdo de transición Strauss-Kahn: "Tengo una sexualidad más ruda que el promedio" Strauss-Kahn: "Tengo una sexualidad más ruda que el promedio" Trabajo 3.0: qué es, cómo funciona y cómo iniciarte Patrocinado Trabajo 3.0: qué es, cómo funciona y cómo iniciarte (NubeloBlog) La transformación de Maite Delgado con el paso de los años La transformación de Maite Delgado con el paso de los años recomendado por

sábado, 21 de febrero de 2015

El león melenudo Héctor Corro i.

12- EL LEON MELENUDO Muy tempranito me mando mi mama para Terron. Mis hermanos, Manuel y Armando ya se habían ido para Los Cañitos, donde habían limpiado una ""plaza "" para sembrar caraotas. A Terrón, la casa de habitación de mi tío Andres, yo iba a buscar azucar que se habia acabado. Me eche mi morralito al hombro y salí raudo para Terron. Tenía, entonces, como nueve años. Conseguí el azucar y me devolví rapido. Mi mama me habia dicho que no perdiera tiempo porque no habia azucar para endulzar el cafe. Al salir de Terron se andaban como dos kilometros por lo plano. Al cruzar la quebrada del Marianero se comenzaba a subir. Es de hacer notar, que La Trampa, mi casa, estaba situada en la falda norte del picacho del Helechal, uno de los cerros más altos de la cadena del interior. Pasada la quebrada del Marianero habia otros tres pasos de quebrada. Yo, esta vez , andaba a pie. Asi que pase el segundo pase de quebrada, el de la Moralera y seguí subiendo. Del paso del Marianero a la Trampa hay como diez kilometros. Cuando ya me acercaba a la quebrada de El Guayabo venia cansado. Me sente un ratico a descansar y me quede dormido. Debió ser que soñé con un León que estaría en el paso de laquebrada. Lo cierto es que cuando pase la quebrada iba con mucho miedo. Al pasar la quebrada, vi sentado sobre una piedra un enorme leon melenudo. Me acerque al paso de la quebrada con mucha cautela. Aproveche que el León no me habia visto y pase corriendo. De allí hasta la casa de Juana Alvarado, que vivía casi llegando a la Trampa, subí corriendo. Debía estar mas colorado que un tomate y con cara de extremado asombro. Juana me pregunto que me habia pasado y le conté lo del León. Da la coincidencia que en ese lugar habían visto un León barreteado, que es un León pequeño, cómo del tamaño de un perro y que ya se habia comido dos becerritos. Primitivo y Julio Alvarado, hijos de Juana, que estaban en su casa, tomaron sus escopetas y se fueron rumbo a la quebrada del Guayabo. Duraron un buen rato y no consiguieron nada. Me dijeron que habían andado un rato quebrada arriba y quebrada abajo, que habían revisado bien los alrededores de la piedra grande que estaba en medio de la quebrada y no habían encontrado huellas de animal alguno. Pensaron y me dijeron que yo les habia mentido. Me sentí muy mal porque yo era travieso, pero nunca mentiroso. ¿Que paso entonces? Aun no lo se. ¿Alucinación? ¿ Sueño? ........ No lo se. Lo que si se es que aunque han pasado muchos años, sigo con la duda........En ese momento tenia la convicción de haber visto un León melenudo sentado sobre la piedra del medio de laquebrada del Guayabo. Caracas, 24 de marzo de 2014 Héctor Corro I. Serie : RECUERDOS Enviado desde mi iPad

viernes, 20 de febrero de 2015

Es la economía ¡Estupido! Pedro B, Celis

Es la economía ¡Estúpido! PEDRO BERNARDO CELIS | EL UNIVERSAL viernes 20 de febrero de 2015 12:00 AM El problema del régimen castro comunista que hoy dirige los destinos de Venezuela, es que nunca le ha dado relevancia a los temas económicos. Para el régimen, la economía venezolana se reduce al petróleo como única e inagotable fuente de recursos para avanzar en los temas políticos, legales, culturales o ideológicos. Los cinco motores de la revolución bolivariana, tan cacareados hace ya más de 8 años, son muy representativos del discurso ideológico en estos 16 años de régimen castro comunista. El 1er motor fue la Ley Habilitante, ya con varias ediciones. Esta ley era la panacea en el ámbito legal. La que eliminaría todos los males de la nación. Se nos vendía su éxito seguro, porque descansaba en la supuesta infalibilidad del líder de turno. Además, evadía la cierta incompetencia del Poder Legislativo. El 2do motor, también en el ámbito legal, fue la reforma constitucional. Este motor nunca arrancó por la vía constitucional establecida. El motor constitucional terminó siendo inconstitucional, pero igual lo pusieron en marcha auxiliado con los cables del petróleo. El 3er motor era moral y luces. Pero el foco no fue ni en luces ni en moral, sino en ideología. El fin ideológico nunca debería tener reparos en detalles moralistas. Es así que la moral y las luces brillan por su ausencia en esta patria de Bolívar. El 4to motor se llamó la nueva geometría del poder. Se refiere a la modificación del balance de poder dentro del territorio. Se trataba de redistribuir el poder político. Más poder político para militares. Menos poder político para medios de comunicación. El 5to motor, también en el ámbito ideológico, buscaba desarrollar el poder comunal. Una nueva forma de control del individuo a nivel de los hogares, nunca antes vista en Venezuela. Cinco motores. Dos en el ámbito legal. Dos en el ámbito ideológico. Uno en el ámbito político. Ninguno en el ámbito económico. Todos con el fin único de perpetuar una nueva casta en el poder. Plan maquiavélicamente exitoso, siempre que el petróleo aguantara la mecha del despilfarro. La frase "It's the economy, stupid" se atribuye normalmente al presidente de Estados Unidos de América, Bill Clinton, quien hizo uso de ella en su campaña electoral para la presidencia en 1992. La misma se traduce al español como: es la economía ¡estúpido! James Carville, quien fuera el estratega demócrata para Bill Clinton en esa campaña electoral, escribió la frase en letras grandes en la cartelera principal de la sala situacional de Clinton en Arkansas. Su idea era que nadie perdiera foco en lo que él consideraba que sería el tema más importante de la campaña presidencial. Para ese entonces, Estados Unidos se encontraba en mitad de una guerra con Iraq, por la liberación de Kuwait. Al entonces presidente George Bush padre le faltaba la magia de Ronald Reagan en el manejo de la economía. Bajo la presidencia de Bill Clinton, con guerra y todo, Estados Unidos disfrutó de una economía de pleno empleo. Según Wikipedia, al terminar su presidencia, Bill Clinton dejó a Estados Unidos con un superávit de 536.000 millones de dólares en caja. También dejó el cargo con una aprobación de su presidencia en 76%, la más alta que ningún otro presidente de esa nación hubiere logrado. Su éxito se derivó, en gran parte, por su foco en el aspecto económico de su gestión. Lo relevante es que con una robusta plataforma económica, construida por él mismo, Bill Clinton tuvo el apoyo necesario para influenciar libremente los ámbitos políticos, culturales e ideológicos en su país. Las dos experiencias son contrastantes. Los 5 motores de la revolución consumen recursos sin descanso, y sin producir nada a cambio. Mientras que un cuidadoso foco en economía garantiza los recursos que permitirían trabajar incansablemente por la inclusión y por el progreso. En el marco del pensamiento sistémico, los sistemas sociales deben ser vividos de forma polifacética. Hay un componente ideológico sin duda. Pero no puede ser el único componente. Es necesario el componente político y el componente legal también. Pero también el componente educativo y cultural. Sin embargo, el único y verdadero motor de cualquier sistema social viene dado por el componente económico. Cualquier política, cualquier ideología se derrumba por sí sola si no cuenta con una economía tangible y sustentable en el tiempo. Supeditar la economía a la política e ideología no es algo nuevo en Venezuela. Es un comportamiento que se deriva de nuestra históricamente alta dependencia del petróleo, y probablemente es un comportamiento que tiene 100 años entre nosotros. En Venezuela, la economía siempre se ha manejado a través del tinte político, sin respetar las leyes propias de la economía. Es lo que nos ha llevado a la situación país en la que vivimos, donde las decisiones políticas han destruido el verdadero y único motor de nuestra sociedad. @ProfPBCelis – pbcelis@usb.ve – pbcelis.tumblr.com Más artículos de esta firma