domingo, 18 de diciembre de 2016

La importancia del juicio.....Trino Márquez

LA IMPORTANCIA DEL JUICIO POLÍTICO

Trino Márquez


El gobierno de Nicolás Maduro es enemigo del bienestar económico, del diálogo, el entendimiento y la paz. Actúa como provocador permanente que abusa del poder con el fin de desquiciar la tranquilidad e irritar la paciencia de los venezolanos. 

En plena fecha navideña, cuando los billetes de cien bolívares  -que en cantidades industriales el gobierno mandó imprimir para pagar aguinaldos y utilidades- giran por todo el territorio nacional, ordena su retiro Las justificaciones, todas absurdas, no logran ocultar la agresión contra la gente más humilde, aterrorizada ante la posibilidad de perder el escaso efectivo en sus manos. ¿Había necesidad de semejante atropello? Desde luego que no. Solamente a un personaje que no puede seguir el ritmo del país, ni de la salsa,  podía ocurrírsele semejante disparate. La salida de circulación de esos billetes no desbarata las mafias que se pretende combatir, y mucho menos reduce la inflación galopante desatada durante los últimos meses. Los únicos perjudicados por esta medida atrabiliaria han sido los venezolanos. El abuso  está pagándolo caro. Su popularidad perforó el subsuelo. Es el mandatario más rechazado en la historia patria.

El diálogo fracasó por la tozudez de Maduro. No cumplió con ninguno de los compromisos contraídos en la Mesa de Negociación. Los presos políticos siguen encarcelados, las medicinas no han llegado porque el gobierno se niega a autorizar su ingreso y la Asamblea Nacional sigue siendo ignorada y agredida. El diálogo, en el cual mucha gente vio un mecanismo para resolver, o al menos atenuar, los graves conflictos existentes, fue dinamitado por Maduro y su gente. Si en el país se desencadena un estallido social de enormes proporciones, el único responsable será el gobernante. En sus manos estuvo la posibilidad de atenuar el conflicto y lograr un entendimiento con la MUD que permitiera resolver en paz las tensiones. El clima de inestabilidad se mantendrá. De nuevo en Venezuela fracasó el socialismo, la máquina más eficiente de generación de miseria y destrucción de la libertad. Maduro y sus adláteres no muestran ningún signo de cambio. Todo indica que persistirán en acentuar el modelo. La confrontación resultará inevitable. 

Las fricciones entre el Ejecutivo y la Asamblea entraron en  la zona de colisión. El bufete de Maduro, el TSJ, se convirtió en el ariete para demoler las paredes del Parlamento. Fue una provocación irresponsable ratificar a Socorro Hernández y a Tania Damelio en el CNE, luego que la AN había cumplido con todos los trámites legales para el nombramiento de los nuevos rectores y que esta designación formaba parte de los acuerdos iniciales de la Mesa. 

Se trata, desde luego, de la respuesta del régimen frente a la decisión de la bancada opositora de reiniciar el juicio político contra Nicolás Maduro. La validez del juicio resulta incuestionable. La iniciativa se congeló al iniciarse el diálogo. Al este interrumpirse por la impudicia del régimen, lo más lógico era que el proceso se reiniciase. Maduro es el primer y principal funcionario público del país y es susceptible de que se le aplique lo establecido en el Artículo 222 de la Constitución. Su responsabilidad política en el caos que impera en la nación y en la miseria que vive la mayoría de los venezolanos resulta inocultable e intransferible. En él recae la culpa principal de lo que sucede. Tiene que ser enjuiciado por el órgano que representa la soberanía popular y posee la legitimidad para hacerlo. La AN está comprometida a reafirmar su autoridad ante un mandatario que la acorrala y atropella de forma continua. No hacerlo sería incumplir con sus obligaciones. El pueblo votó por los diputados opositores para que controlaran, balancearan, el inmenso poder acumulado por el Presidente. Esa fue su forma de expresar el descontento frente al régimen. Si se hubiese sentido complacido con el desempeño del Ejecutivo, habría sufragado por sus candidatos, quienes, de paso, recibieron todo el apoyo de los organismos oficiales. 

Maduro y su gobierno son enemigos jurados de Venezuela. Para enfrentarlos y vencerlos la MUD debe realizar los ajustes que permitan corregir los entuertos. 2017 será un año difícil. Hay que conseguir una victoria electoral categórica. La próxima meta será triunfar en las elecciones para gobernadores o adelantar las elecciones presidenciales. Para alcanzar cualquiera de las dos metas se requiere la unidad plena. Sólo con ella se vence a los enemigos poderosos.

@trinomarquezc

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Un camino para Venezuela Rafael Pinto


Un camino para Venezuela

Rafael Pinto
16 Diciembre, 2016
Venezuela se encuentra atrapada entre dos “tableros”, uno, el régimen, que ha venido secuestrando su dignidad en procura de su sometimiento y el otro, el liderazgo opositor, quien aspira ser la llave que resuelva las penurias. Sin embargo, mientras el régimen aprieta la mano asfixiando las libertades y bienestar ciudadano, la oposición no muestra salidas creíbles, este es el problema.
Todo el liderazgo opositor tiene un objetivo común, salir del régimen por la vía electoral. El trauma se centra en cómo llegar a ella, y ahí está la diferencia. Mientras un sector se muestra acorde con usar la vía del diálogo y en medio de la puja poner al régimen en la situación que se vea forzado a aceptar las elecciones; el otro defiende la tesis de la presión de calle hasta ponerlo contra la pared, para una vez ahí se vea forzado a facilitar la salida electoral.
Como se aprecia, ambos sectores se inclinan por la vía electoral la cual descansa en las manos del CNE, institución sometida al régimen, quien sabe que de llegar a elecciones las perdería, lo cual obliga a salir del poder y con ello entregar privilegios y la protección que ese poder les ha venido dando. Vale decir que públicamente se han hecho señalamientos de corrupción (entre muchos el caso pudreval) y de narcotráfico (como lo es el caso del cartel de los soles) los cuales merecen investigación a objeto de determinar su veracidad y responsabilidades. En todo caso su ocultamiento y el evitar averiguaciones genera la tesis de que algo no se quiere afrontar, por lo que la pérdida del poder, el cual cubre estos y otros señalamientos lleva a concluir que confirmada la hipótesis, esa pérdida del poder expondría a juicios a unos cuantos, tanto del mundo civil como el militar, lo que podría significar pasar de la realidad VIP a una celda, y ello lo van a evitar por todos los medios.
De ser así, la lucha opositora es estéril, por cuanto la vía electoral descansa en la voluntad del régimen quien, en virtud de los que tiene en juego, no está dispuesto a concederla ni siquiera en condiciones desfavorables extremas. En este sentido el régimen tiene ventajas naturales, la oposición obra para evitar un estallido social, algo totalmente razonable, por lo que es de esperar que al estar cerca el país de una realidad como esa, sus líderes se desdoblarán por frustrarlo, lo cual limita su capacidad de maniobra, entonces al llegar al punto del aguante social parará, lo que beneficia el objetivo del régimen. La oposición se encuentra entrampada en su realidad y luce desorientada.
Mientras la mayoría del país sufre una realidad miserable, el régimen toma medidas para empeorar la situación, y ello ha puesto contra la pared al liderazgo opositor que no atina en mostrar una ruta de solución. La ruta electoral está obstruida por las manos de los únicos que tienen la posibilidad de destrabarla y no lo van a hacer, el país gritando a la MUD que muestre estrategias creíbles para superar la crisis, y la pasividad hace que se erosione la confianza que una vez se depositó en ella.
Venezuela necesita una salida pacífica y electoral, que no se dará con el actual CNE. Por eso la oposición tiene que darla al margen del parecer de las instituciones oficiales. Por eso hay que poner la decisión en manos del pueblo, saltando por sobre los candados que le han puesto. De ahí que en esta columna, de la pasada semana, se propuso una que consistía en hacer que la Asamblea Nacional elija los cincos rectores del CNE, que constituirán un órgano electoral no paralelo y si adaptado a la norma constitucional. Es de hacer notar que todos los rectores actuales fueron designados por un órgano no facultado para ello, por lo que su situación es ilegítima o a lo menos accidental, con la designación por parte de la AN recupera el CNE su correcta condición jurídica. Luego ese CNE, disponiendo de recursos que extraordinariamente el ciudadano ponga en sus manos, llame a elecciones. Claro la institucionalidad oficial las desconocerá e identificará como ilegítima mientras que la oposición las señalará como correcta. Entonces que sea el país quien califique.
Ante este escenario, si la población se suma al llamado electoral y participa en él, lo legitima, si por el contrario el país le da la espalda, queda todo en manos de lo que el régimen establezca. Mas que sea el pueblo quien determine.
Ante esta acción la oposición nada pierde, por cuanto ya poco falta al régimen para disolver la actual AN y volver a apoderarse de todo el control. Entonces, dar el paso hoy es sensato. Y si tiene mucho que ganar, por cuanto, como están las cosas, el apoyo popular será masivo, a lo que se podría sumar el escenario internacional al ofrecerle la ruta electoral como la salida.
Este es un camino para Venezuela.

viernes, 16 de diciembre de 2016

El sepelio prematuro....Jean Maninat

EL SEPELIO PREMATURO DE LA MUD



                JEAN MANINAT

Las corrientes adversas a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), han hecho su agosto en diciembre: diagnosticaron -una vez más- la caducidad de la plataforma unitaria, han exigido sepultarla de acuerdo al culto que cada quien profesa, incinerarla aun si respira y se mueve. Primero aniquilamos a la MUD, luego vemos qué hacemos con el gobierno, parece ser su leitmotiv.
(Sea dicho de paso, quien tenga críticas fundadas a la mesa por su comportamiento reciente y las haya hecho públicas, como es su derecho, no se sienta concernido, no es con usted. Nos referimos a los “Mudrricidas”, a quienes dedican parte sustancial de su quehacer opositor a infamar, enlodar, minar, a la organización opositora que más logros ha tenido en la lucha por la recuperación democrática en los últimos años).
Estos días deberían ser propicios -a pesar de lo estrepitoso que se anuncian- para que la MUD realice un ejercicio de contrición, o de reflexión, laicamente dicho; una pausa para retomar el pulso político y la iniciativa que se tuvo hasta llegar triunfante al 6D de 2015. Ya no basta con hacer votos unitarios, hay que concretarlos con obras, que son amores; fijar reglas de juego claras y acorralar un discurso común que vuelva a entusiasmar a la gente, en medio de muchas  discrepancias, algunas de peso, pero no irreconciliables.
Es evidente que en la oposición, que se reconoce en el esfuerzo unitario, hay una contienda por el liderazgo. No podría ser de otra manera, y es pueril intentar negarlo. Es consustancial a su condición democrática y es una diferencia que la debería distinguir de la opacidad represiva del neochavismo gobernante. Los nombres trotan, se vocean públicamente, las encuestas reflejan los centímetros que cada uno ha ganado en el esfuerzo; cada quien carga su preferencia en el monedero junto al último billete de a cien; o en la cartera, entre llaves, bolígrafos, la foto de los muchachos y la estampa de la Virgen que los guarda de todo mal. No hay que negarlo, menos hurtarse tras el rimbombante: “mi prioridad es el país, no quiero mando, sólo un puesto de lucha”.
Buena parte de los últimos desencuentros entre la oposición democrática tienen que ver con esa falta de claridad, de esa ausencia de ánimo para adelantar lo que es una aspiración natural, para propiciar un proceso que necesita de una voz que congregue, de un programa común que aglutine, de un envión unitario en el que se reconozca el país inconforme.
La MUD ha sido un esfuerzo, en medio de circunstancias extremadamente adversas, que merece nuestro apoyo. Sus falencias, no abruman sus méritos. Encontrará de nuevo su tempo, será exigida por las circunstancias, se equivocará y acertará  como le suele pasar a toda organización regida por humanos. Como sucede con los equipos deportivos, en los éxitos todos saldrán a retratarse en la tarima, en los tropiezos, los aprovechados de siempre se pondrán otra camiseta para abuchearla desde la acera de enfrente. Eso sí, siempre a nombre de la Unidad.
Ya veremos cómo regresa del desazonado asueto que se anuncia. Será un enero diferente al que dio inició a este año, qué duda cabe, pero encajadas las lecciones, lamidas la heridas, y elaborados los sinsabores, quienes dirigen a la oposición unitaria están obligados a regresar con una política común, seriamente asumida, que aglutine a la diversidad y le ofrezca al país mayoritariamente descontento una opción de nuevo triunfadora. No tienen escapatoria.
De ser así, los sepultureros de la MUD, de lado y lado, se quedarán con el velorio hecho.
(Gracias por la lectura y la paciencia. Todo lo mejor y nos reencontramos en enero).
@jeanmaninat





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Una buena noticia Eduardo Fernandezez


Una Buena Noticia
En medio de tanta oscuridad y de tanta confusión, hoy tenemos una magnífica noticia, una luz en medio de las tinieblas, el niño Dios nacerá dentro de nueve días.


 Eduardo Fernandez



Para algunos es un cuento, para otros, una historia. En caso de ser un cuento, tenemos que reconocer que se trata del más formidable que pueda haberse imaginado. Ni William Shakespeare, que según Harold Bloom inventó lo humano; ni Miguel de Cervantes, que con El Quijote y Sancho describió la naturaleza de nuestra especie; ni Jorge Luis Borges, el más fantástico narrador del siglo XX, ni Gabriel García Márquez, máxima expresión del realismo mágico, pudieron inventar algo tan maravilloso como la historia de un Dios que se hace hombre en un humilde pesebre, hijo de una madre campesina y adoptado por un padre carpintero.

Para quienes pensamos que no es cuento sino historia, se trata de una historia maravillosa. Dios ha querido encarnarse en un niño, y ese niño representa todo aquello que nosotros, cada uno de nosotros y el conjunto de nosotros, necesita para ser feliz.

La buena noticia es que podemos ser felices. El nacimiento del niño Dios nos da la oportunidad de ser felices. Dios es amor y si en lugar del odio practicamos el amor, seremos felices. El mensaje de ese niño que está por nacer, es un mensaje que representa todos los valores que los venezolanos de este tiempo requerimos para ser felices: amor, paz, alegría, esperanza, justicia, solidaridad, fraternidad, tolerancia, misericordia, bondad y verdad.

Que distinto sería el mundo y que distinta sería Venezuela, si en lugar del odio prevaleciera el amor: Si en lugar del conflicto, la paz. Si en lugar de la tristeza, la alegría. Si en lugar de la desesperanza, la esperanza. Si en lugar de la injusticia, la justicia. Si en lugar de la explotación, la solidaridad. Si en lugar de la rivalidad, la fraternidad. Si en lugar de la intolerancia, la tolerancia. Si en lugar de la crueldad, la misericordia. Si en lugar de la maldad, la bondad. Si en lugar de la mentira, la verdad.

“Yo soy el camino, la verdad y la vida”, nos dice el maestro.

Las noticias que le llegan a Juan sobre Jesús están relacionadas con la vida y la misericordia, nada de venganza y de revancha: Por eso, la pregunta de los emisarios de Juan: “Eres tú al que ha de venir o tenemos que esperar a otro”. Y la respuesta de Jesús no puede ser más elocuente y más convincente: “Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el evangelio. Dichoso aquel que no se sienta defraudado por mí”.

Nos llega una buena noticia, una magnífica noticia: Está por nacer, dentro de nueve días, el niño Jesús, “ven, señor, y sálvanos”.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Elecciones en Venezuela Félix Seijas

ELECCIONES EN VENEZUELA: A UN AÑO DE TU SIEMBRA
FELIX SEIJAS R.

EL NACIONAL

El 6 de diciembre se cumplió un año de las elecciones parlamentarias cuyo resultado sorprendió a la nación. El asombro no fue en sí el triunfo de la oposición; eso lo presentía la mayoría. La verdadera sorpresa radicó en la magnitud de la victoria. Esas elecciones demostraron dos cosas: la existencia de una oposición mayoritaria y motivada electoralmente y el desánimo del voto oficialista que prefirió quedarse en sus casas. Ahora bien, algo que hoy sabemos es que el desenlace de aquel día sepultó cualquier posibilidad de que el gobierno accediera de nuevo a realizar algún tipo de comicios en el país -al menos no este año, y con toda seguridad jamás, si las circunstancias se lo permiten.
Y aquí estamos entonces, pensando en cuál es el balance de los 365 días transcurridos desde aquel 6-D. Para algunos el análisis resulta devastador para la causa opositora. Para ellos, durante este año, el gobierno hizo lo que quiso con la AN, acabó de manera contundente con las aspiraciones de un RR en 2016, y sentó a la MUD en una mesa de diálogo donde lo único que ha hecho es burlarse de ellos. En fin, el resultado del balance para quienes piensan de esta manera es un gobierno fortalecido y una oposición disminuida al punto de estar a nada de desaparecer.
Sin embargo, la historia tiene una lectura alternativa. Pensemos en qué le conviene a un gobierno de corte hegemónico. ¿No quisiera estar al mando sin ningún tipo de fastidio que incomode su accionar? ¿No es deseable para aquel que con alma autoritaria poder mostrar al mundo una fachada democrática que lo blinde contra cualquier crítica o molestia internacional? ¿No es conveniente ganar elecciones sistemáticamente, bien sea por las dádivas que arriman hacia ti el voto popular, o por las fallas o incompetencias de tu rival?
Toda autocracia evita en lo posible dar pasos que develen su verdadero carácter. El gobierno, poco más de un año atrás, venía de ganar elecciones presidenciales y controlaba la AN con el voto popular; en realidad, los obstáculos en su camino no eran muchos. Pues en cuestión de meses la oposición le armó una campaña que logró capitalizar en las urnas de votación la molestia de la gente por la situación económica -resultando en una victoria aplastante, de magnitudes que fueron más allá de lo jamás logrado por uno de los más grandes fenómenos electorales de nuestra historia: Hugo Chávez-. Luego, desde la AN, lo llenó de leyes obligándolo a tomar acciones al margen de la Constitución, al mismo tiempo que le lanzaba una cruzada por el RR llevándolo a transgredir una delicadísima línea: negar un mecanismo electoral contemplado en la carta magna. Finalmente, las circunstancias forzaron al gobierno a sentarse en una mesa en la cual, tarde o temprano, tendrá que incumplirle a la comunidad internacional y al Vaticano. Estas no son cosas menores.
Es cierto que las grandes expectativas que se generaron a partir del resultado del 6-D, y muchas otras que sobredimensionaban las posibilidades opositoras -al dibujar escenarios simplistas e irreales donde tienen cabida soluciones mágicas-, unidas a otras decisiones cuestionables de la coalición opositora, propiciaron un clima de desconcierto que impacta de manera negativa la confianza del electorado y, que a su vez, le baja el costo político al gobierno al desviar la atención del verdadero meollo del asunto. Aspectos como el abandonar la presión de calle y las inconsistencias comunicacionales de la Unidad -reflejo de los problemas en la dinámica interna de la MUD- han pesado sin duda en la distorsión del balance que muchos hacen sobre el tema político durante el último año. 
La eficiencia en las acciones es algo que siempre les será exigido a quienes lideran la oposición. La urgencia de una población que sufre merece seriedad de parte de sus líderes, y esto es algo que no consiguen del lado de quienes gobiernan. Esperemos entonces que la alternativa democrática no les falle.

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