Rectificar es posible
MIGUEL SANMARTÍN | EL UNIVERSAL
sábado 8 de noviembre de 2014 12:00 AM
Nada, camarita, es permanente en el tiempo. Por lo tanto, ninguna decisión humana puede considerarse eterna y menos inmodificable. Así de contundente es la cosa. Ni pretensiones ni mandatos ni proclamas, sin importar de quien procedan, detentan esa propiedad.
Tanto así que "algo" tan sacrosanto, invocado, sublimado y ponderado como el legado del Comandante Eterno también es susceptible de cambios. De hecho, tiene rato siendo sometido a revisión y algunas reformas se le han practicado ya... Pero faltan y urgen otras enmiendas ante la crisis múltiple que acogota al país.
En días recientes el albacea del legado dejado en este mundo de mortales por el omnipresente-ausente envió una señal "renovadora". En efecto, pidió al séquito revisar ¡Oh Dios! el huso horario vigente en el país, adoptado por orden del Supremo. ¿Recuerdan? Expertos en la materia alegaron en su momento que no era conveniente retrasar media hora los relojes. Igual se hizo. Entonces nadie se atrevía a contradecir aquellos dictados imperiales.
Todavía intimida a la sucesión alterar el legado del genio inspirador. Se muestran reticentes a alterar la carta de navegación que él dejó aunque muchos de ellos -bajo cuerda, murmurando- admiten que la ruta trazada lleva derechito al precipicio. Algunos retoques -leves- se le han hecho al plan de vuelo hacia el socialismo del siglo XXI. Entre otros la revisión de precios rezagados, la simplificación de trámites aduaneros y la reducción de requisitos para ciertas gestiones ante organismos oficiales. Variaciones insignificantes comparadas con el viraje indispensable -por ejemplo, renunciar a repetir el Dakazo- para impedir el colapso que pronostican los expertos.
El regreso al horario "antiguo" no es la única rectificación exigible a quienes hoy ejercen el poder de modo excluyente e intolerante. En medio de las dificultades -de todo orden- que aquejan a los venezolanos y prometen agravarse debido a la contracción económica, la retracción del aparato productivo y la caída indetenible del precio del petróleo ($72 el barril), mucho es lo que debe ser revisado. También cambiado. Con la urgencia del caso porque la crisis agobia a los ciudadanos.
La rectificación pasa por reestructurar el Estado, fortalecer las instituciones, restablecer el Estado de Derecho y respetar las libertades ciudadanas. También cambiar el modelo socialista tanto en lo político, económico como en lo social. Ese esquema autoritario, estatista e injerencista de planificación centralizada fracasó. Aquí, en Rusia, en China, en Vietnam en Cuba y en los demás países donde se impuso. El régimen cubano -valga acotar- está buscando inversión extranjera para pasar del esquema rentista que causó la pobreza que los agobia a uno productivo que lleve progreso y bienestar a la isla. Como debe hacerse en Venezuela.
La crisis in crescendo marca la hora de los racionales en el Gobierno. Su criterio debe alumbrar para que se adopten las medidas correctas y necesarias, aplicadas oportunamente, para evitar el desplome definitivo. Creando más brigadas obreras, batallones de patriotas cooperantes, piquetes de pueblo organizado y ejércitos de milicianos para perseguir empresarios, industriales, comerciantes y buhoneros no se van a resolver los problemas de escasez e inflación. Estos aparecieron y profundizaron por acciones populistas y demagógicas del gobierno revolucionario. Además producto de políticas equivocadas y arbitrarias (como los controles de cambio y precios, las expropiaciones, las regulaciones, las importaciones indiscriminadas en detrimento del sector productivo nacional y la promulgación de leyes como la de Precios Justos, entre otras). Además por la impericia, ineficiencia y falta de probidad de funcionarios designados para dirigir fábricas (socialistas) creadas por el Gobierno para competir en forma ventajista con el sector privado o manejar empresas particulares arrebatadas a sus legítimos propietarios. La mayoría de estos "ensayos" terminó en fracasos descomunales como Agropatria.
La rectificación es posible y necesaria.
msanmartin@eluniversal.com
Tanto así que "algo" tan sacrosanto, invocado, sublimado y ponderado como el legado del Comandante Eterno también es susceptible de cambios. De hecho, tiene rato siendo sometido a revisión y algunas reformas se le han practicado ya... Pero faltan y urgen otras enmiendas ante la crisis múltiple que acogota al país.
En días recientes el albacea del legado dejado en este mundo de mortales por el omnipresente-ausente envió una señal "renovadora". En efecto, pidió al séquito revisar ¡Oh Dios! el huso horario vigente en el país, adoptado por orden del Supremo. ¿Recuerdan? Expertos en la materia alegaron en su momento que no era conveniente retrasar media hora los relojes. Igual se hizo. Entonces nadie se atrevía a contradecir aquellos dictados imperiales.
Todavía intimida a la sucesión alterar el legado del genio inspirador. Se muestran reticentes a alterar la carta de navegación que él dejó aunque muchos de ellos -bajo cuerda, murmurando- admiten que la ruta trazada lleva derechito al precipicio. Algunos retoques -leves- se le han hecho al plan de vuelo hacia el socialismo del siglo XXI. Entre otros la revisión de precios rezagados, la simplificación de trámites aduaneros y la reducción de requisitos para ciertas gestiones ante organismos oficiales. Variaciones insignificantes comparadas con el viraje indispensable -por ejemplo, renunciar a repetir el Dakazo- para impedir el colapso que pronostican los expertos.
El regreso al horario "antiguo" no es la única rectificación exigible a quienes hoy ejercen el poder de modo excluyente e intolerante. En medio de las dificultades -de todo orden- que aquejan a los venezolanos y prometen agravarse debido a la contracción económica, la retracción del aparato productivo y la caída indetenible del precio del petróleo ($72 el barril), mucho es lo que debe ser revisado. También cambiado. Con la urgencia del caso porque la crisis agobia a los ciudadanos.
La rectificación pasa por reestructurar el Estado, fortalecer las instituciones, restablecer el Estado de Derecho y respetar las libertades ciudadanas. También cambiar el modelo socialista tanto en lo político, económico como en lo social. Ese esquema autoritario, estatista e injerencista de planificación centralizada fracasó. Aquí, en Rusia, en China, en Vietnam en Cuba y en los demás países donde se impuso. El régimen cubano -valga acotar- está buscando inversión extranjera para pasar del esquema rentista que causó la pobreza que los agobia a uno productivo que lleve progreso y bienestar a la isla. Como debe hacerse en Venezuela.
La crisis in crescendo marca la hora de los racionales en el Gobierno. Su criterio debe alumbrar para que se adopten las medidas correctas y necesarias, aplicadas oportunamente, para evitar el desplome definitivo. Creando más brigadas obreras, batallones de patriotas cooperantes, piquetes de pueblo organizado y ejércitos de milicianos para perseguir empresarios, industriales, comerciantes y buhoneros no se van a resolver los problemas de escasez e inflación. Estos aparecieron y profundizaron por acciones populistas y demagógicas del gobierno revolucionario. Además producto de políticas equivocadas y arbitrarias (como los controles de cambio y precios, las expropiaciones, las regulaciones, las importaciones indiscriminadas en detrimento del sector productivo nacional y la promulgación de leyes como la de Precios Justos, entre otras). Además por la impericia, ineficiencia y falta de probidad de funcionarios designados para dirigir fábricas (socialistas) creadas por el Gobierno para competir en forma ventajista con el sector privado o manejar empresas particulares arrebatadas a sus legítimos propietarios. La mayoría de estos "ensayos" terminó en fracasos descomunales como Agropatria.
La rectificación es posible y necesaria.
msanmartin@eluniversal.com
No hay comentarios.:
Publicar un comentario